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2 DICIEMBRE 2016
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>Noveno aniversario 11-S

¿Qué está pasando en los Estados Unidos de Obama?

Marco Bardazzi

Para buscar a tientas una hipótesis, debemos regresar a ese terrible martes de 2001. Yo estaba en Nueva York como corresponsal de ANSA y tengo recuerdos claros de ese día, casi minuto a minuto. Algunas imágenes tienen prioridad sobre las demás. El silencio derrotado en el Bajo Manhattan tras el colapso de las Torres. Mi llegada a la Zona Cero poco después de la caída de las torres... un infierno donde te golpeaban, sobre todo, los detalles en lugar de la enormidad de lo sucedido. El polvo que me llegaba por debajo de las rodillas, por ejemplo. Y el papel. Miles de documentos, contratos, correos electrónicos, documentos personales, tarjetas postales que poco antes estaban sobre las mesas de las oficinas de 100 plantas y que ahora cubrían las calles hasta el Puente de Brooklyn. Recuerdo la agitación aterrorizada (¿era sólo mi impresión?) de las ardillas en el parque de City Hall. El Ayuntamiento, a tiro de piedra del World Trade Center, estaba cubierto de un polvo mezclado con quién sabe qué (probablemente también de personas), del que no se podía escapar.

Es necesario recomenzar desde las fotos de ese día y recordar un hecho esencial para cualquier análisis histórico. Estados Unidos en ese momento y en los días siguientes se asustó como nunca antes se había asustado. Y nadie (y subrayo "nadie") podía pensar que el ataque fue un episodio aislado. Podía haber más. La convicción de todos, desde la Casa Blanca al hombre de la calle, era que si Al Qaeda era capaz de hacer lo que había hecho podría hacer algo mucho peor. Se temían los ataques con armas químicas, biológicas e incluso armas nucleares. ¿Quién podría excluirlos dada la escasez de información del Gobierno de los EE.UU sobre un enemigo que lo había encontrado imperdonablemente falto de preparación? Las decisiones de George W. Bush, tan discutidas en los años posteriores, pueden requerir otra generación antes de ser evaluadas objetivamente. ¿Pero qué habría hecho Gore?

En primer lugar, en mi opinión, no habríamos asistido a un ataque directo sobre el Afganistán de los talibanes. Un país que había quedado a la deriva culpablemente en años anteriores, los años en los que en la Casa Blanca estuvieron Bill Clinton y el mismo Gore. Se habría tratado de atacar con aviones no tripulados y misiles de crucero las bases de Osama Bin Laden, como Clinton ya había intentado (sin éxito) un año antes. Se habría movilizado a la comunidad internacional y a Naciones Unidas para adoptar un duro régimen de sanciones contra Kabul, probablemente con los mismos pobres resultados obtenidos en años anteriores en el Iraq de Saddam Hussein.

En el plano interno, difícilmente se hubieran tomado medidas drásticas sobre las libertades personales, tales como las que quiso Bush. Es casi seguro que no se habría cometido el gran error de crear una prisión en Guantánamo, y tal vez la violación de los derechos humanos y la privacidad no habría alcanzado la dimensión que ha alcanzado.

Es plausible pensar que la Administración de Gore no habría desmantelado en pocas semanas toda la estrategia geopolítica y militar que los EE.UU habían construido en las décadas anteriores, a partir de la Guerra Fría y de la contención de otras potencias mundiales para inventar desde cero una nueva doctrina que se llamó la "guerra contra el terrorismo" y que, desde entonces, caracteriza y condiciona la política exterior estadounidense.

No hay duda de que no habría habido una guerra contra Iraq. Es de suponer -pero eso es otra historia- que nunca se habría materializado una presidencia "anómala" como la Barack Obama, nacida en gran parte como respuesta a los errores en la administración republicana.

Una pregunta que nunca tendrá una respuesta definitiva es la de si no habría habido otro ataque contra Estados Unidos o Europa, quizá no con 3.000 muertes, sino con 30.000 ó 300.000. Hay algunos hechos ciertos e indudables que han marcado estos años. Al-Qaeda se redimensionó, no ha habido una explosión de fundamentalismo islámico que muchos temían, no se han hundido los regímenes musulmanes moderados de Egipto y Jordania, no saltó por los aires la dinastía saudí (y con ella el suministro mundial de petróleo). No han nacido regímenes totalitarios islámicos e incontrolables como los de los talibanes. Se han producido, en efecto, las tragedias de Madrid y Londres, pero el mundo hasta ahora, gracias a Dios, no ha tenido que vivir un nuevo 11 de septiembre.

Hay un último aspecto más difícil de evaluar. Es un terreno peligroso. Quienes vivían en los EE.UU los días y semanas siguientes al 11 de septiembre estaban impresionados de que no estallara inmediatamente una cacería de musulmanes. Imaginemos una tragedia de esta magnitud en Europa, 3.000 muertes en una ciudad europea en el nombre de Alá. ¿Qué hubiera pasado en nuestras calles, donde sólo el plan de construir una mezquita inflama los ánimos?

Quien estudie en el futuro el perfil de Bush, su fuerte identidad religiosa, se dará cuenta de que este rasgo suyo le hizo percibir lo importante que era hacer entender que la inmediata reacción de los EE.UU no era una guerra contra el islam sino contra el uso distorsionado de la religión para justificar el terrorismo. Una de las primeras medidas adoptadas por el presidente después del 11-S fue, no por casualidad, la visita a una mezquita con los líderes musulmanes.

¿Al Gore hubiera sido capaz de enviar un mensaje similar? La pregunta es oportuna porque podemos hacer una analogía con Barack Obama, que culturalmente está más cerca de Gore que de Bush. Es actual porque no deja de sorprender cómo el odio anti-islámico, que no se materializó hace nueve años, está surgiendo ahora. El de este año ha sido un aniversario marcado por la controversia sobre la propuesta de construcción de una mezquita en la Zona Cero y por la locura del pastor de la Florida que nos ha tenido en un suspiro por su amenaza de quemar del Corán. ¿Qué está pasando en los Estados Unidos de Obama?

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