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8 DICIEMBRE 2016
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¿Quién le tiene miedo a la Gran Sociedad en España?

Fernando de Haro

La encuesta de El Mundo publicada este domingo, realizada después de que Rubalcaba se haya convertido en el factotum, refleja que la ventaja del PP sobre el PSOE es de más de 12 puntos. Quizás por todo eso la última ocurrencia de Zapatero haya sido anunciar una nueva agenda social. Nuevos programas sociales para jóvenes y parados de larga duración, más conciliación. Suena a electoralismo fácil cuando la primera cita de la agenda social -la creación de empleo- sigue sin atenderse.

El presupuesto de 2011 no va a cumplir con el objetivo de reducción de déficit, lastrado por los subsidios de desempleo. La sostenibilidad del Estado del Bienestar en servicios públicos, jubilaciones y prestaciones sociales (buen ejemplo es lo que ha sucedido con el sistema para el fomento de la autonomía personal que no se ha podido desarrollar) está más que puesta en entredicho. El sábado Zapatero volvía a la demagogia después de que Sarkozy llevara días enfrentándose al chantaje de unos sindicatos que se oponen a un cambio en el sistema de pensiones absolutamente necesario y después de que Cameron anunciara el lunes el mayor ajuste del Estado del Bienestar desde la II Guerra Mundial.

No son pocos los paralelismos entre la situación del Reino Unido y la de España. Los dos países tuvieron en 2009 un déficit público por encima del 11 por ciento, el segundo y el tercero más abultado de la UE. Nuestra deuda pasó del 39,8 por ciento del PIB al 53,2 por ciento de 2008 a 2009. Las previsiones del propio Gobierno son que superara en 2012 el 74 por ciento. En el Reino Unido es ya del 70 por ciento.

La izquierda española no quiere hablar de una solución como la Big Society. En realidad la fórmula ya la había puesto en marcha Blair pero aquí estamos en las antípodas del Nuevo Laborismo. Lo llamativo es que los puntos más vivos de la derecha tampoco la toman como referencia. La Big Society de Cameron se ha presentado por la prensa de nuestro país como un simple recorte a lo Thatcher. "Cameron mutila el Estado del Bienestar", titulaba El País para explicar la reducción del presupuesto del 19 por ciento como media en todos los ministerios británicos. Quizás por eso se huye de la solución de Cameron.

Pero el líder tory tiene un proyecto que va más allá de los adelgazamientos y privatizaciones propios de los años 80. En julio y en el congreso del mes de octubre dejó claro que Big Society no es Big market. "Hay demasiada gente que piensa que, como ha pagado sus impuestos, el Estado se lo ha de hacer todo. Pero la ciudadanía no es una transacción: tú pagas impuestos y recibes servicios. Es una relación: tú eres parte de algo más grande que tú mismo y es importante lo que tú piensas, sientes y haces", explicaba hace unas semanas el líder conservador. Una buena dirección para hacer la transición del Estado del Bienestar a la Sociedad del Bienestar. Y añadía: "el desbarajuste en que se encuentra este país no es sólo culpa de los laboristas, la situación de nuestra nación no está determinada por lo que hace el Gobierno. Los laboristas minaron el sentido de responsabilidad de la gente; pero no fueron ellos quienes destrozaban el centro de nuestras ciudades los viernes por la noche o se sentaban en el sofá de casa esperando los subsidios del Estado".

Es una llamada a la responsabilidad personal y social muy interesante para nosotros cuando aumenta la sensación de que el único problema es el Gobierno de Zapatero. La llamada a la responsabilidad no es genérica. Cameron quiere protagonismo de la sociedad en la gestión de los servicios públicos. Dicho con otras palabras, apuesta por la subsidiariedad. En España tenemos ya experiencias de lo que eso significa. En algunas Comunidades Autónomas el peso que ha alcanzado el sistema de conciertos y la iniciativa social en el terreno educativo es un buen referente. Lo mismo ocurre con algunas fórmulas de gestión de los servicios sanitarios que no son llevadas a cabo directamente por la Administración. Y aunque esas experiencias ya están en marcha, en ocasiones se prefiere hablar genéricamente de la libertad de elección de los ciudadanos. No se toman como referencia para construir una nueva narración política. ¿Quién le tiene miedo a la Gran Sociedad en España?

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