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9 DICIEMBRE 2016
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>Meeting de El Cairo

Ha nacido una esperanza para los que ya no esperan nada

Pietro Vernizzi

Por un lado, la profunda esperanza suscitada en los que han participado en un evento único; por otro, la conciencia de las dificultades que siguen obstaculizando un cambio real en el país más poblado del Mediterráneo. En primer lugar, la falta de separación entre la religión y la política. Todo esto es lo que surge en la conversación con Tarek Ibrahim Farag, católico, residente en Alejandría (Egipto), que ha participado en el Meeting de El Cairo después de trabajar como voluntario en el de Rímini.

¿Qué esperaban los 200 jóvenes que han participado en el Meeting de El Cairo como voluntarios?

Cada uno de ellos se movía por la esperanza de hacer a la sociedad egipcia más libre. Pero, me disgusta tener que decirlo, no esperan nada en especial, al menos no en esta vida, hoy por hoy.

¿Qué quiere decir?

Este Meeting da esperanza porque nos ofrece la posibilidad de conocer gente nueva y volverlo a organizar el año que viene, aquí o en otra parte. Pero las personas que han participado en el Meeting de El Cairo son sólo una pequeña parte de los 77 millones de egipcios, y con este evento termina de alguna manera también su objetivo.

¿Qué dificultades encuentra para generar un cambio en la vida cotidiana?

Las diferencias entre Italia y Egipto son bien conocidas. Aquí, en Egipto, la religión constituye el mayor problema para el cambio porque la religión en nuestro país entra en todos los aspectos de la vida, imponiendo a las personas lo que tienen que hacer o no, una serie de cosas.

Pero si la situación es la que describe, ¿por qué tantos jóvenes se han movilizado por el Meeting?

Cuando digo que los egipcios no esperamos cambios rápidos, estoy afirmando la verdad, y lo hago porque conozco la situación y la historia de mi país. No es algo que digamos normalmente a los que vienen de fuera, y obviamente mientras preparábamos el Meeting de El Cairo intentábamos no pensarlo, pero la verdad sigue siendo ésta. Lo cual no elimina el hecho de que por otro lado nosotros consideremos que el Meeting es un punto de partida. Si no tuviéramos ninguna esperanza, ninguno de nosotros habría empezado a hacer algo como esto, y sin embargo hemos decidido dedicarle tiempo y energías. Tal vez no esperamos transformaciones inmediatas, pero sí puede cambiar algo.

¿De dónde nace la esperanza de que esto suceda?

Puede ser suficiente con que empiece por una sola persona. Si yo empiezo a perdonar y a ponerme al servicio de los demás, el que me vea tendrá la ocasión de repetir estos gestos y comunicárselo a otros.

El hecho de que el Meeting se haya celebrado en El Cairo y no en otro lugar, ¿quiere decir que Egipto es el más tolerante de los países musulmanes?

En realidad, en todos los países árabes podemos encontrar tanto personas de mente abierta como todo lo contrario. Evidentemente, en Egipto las personas de mente más abierta tienen las posibilidades de hacer algo como el Meeting de El Cairo, y han aprovechado esta oportunidad. Pero esto no quiere decir que no existan personas de buena voluntad en otros países árabes.

En su intervención, usted habló de la experiencia de la gratuidad. ¿Cree que es algo que un musulmán puede entender, aunque el Corán no hable de ello?

Sí, y prueba de ello es el hecho de que la organización del Meeting de El Cairo ha salido adelante gracias a personas de fe islámica. Precisamente porque han comprendido el valor de la gratuidad, algunos musulmanes han puesto en pie un evento como éste. Por tanto, sólo puedo responder que sí, hay musulmanes que tienen esta experiencia, y están aquí, en Egipto. Entre los diversos motivos que pueden explicarlo, está el hecho de que en mi país muchos musulmanes van a escuelas católicas, y por tanto crecen desde pequeños con esta idea de gratuidad y perdón.

¿Usted tiene amigos musulmanes?

Sí, pero nunca hablamos de religión.

¿Qué es lo que más le impresionó del Meeting de Rimini?

Llevaba años deseando ver Europa personalmente, no sólo por televisión. Tenía la idea de que en Europa todo estaba permitido y que las personas vivían para divertirse. Estaba seguro de que los voluntarios del Meeting de Rimini estaban bien pagados. Por el contrario, me encontré con jóvenes que trabajaban con gran armonía, hombro a hombro, sin ningún complejo. Era una máquina que funcionaba hasta en los detalles más pequeños. Así que aprendí muchas más cosas de las que habría aprendido en un viaje turístico.

¿Qué aprendió?

Siempre tenemos la idea del trabajo como algo pesado y fatigoso. En Rímini entendí sin embargo lo que significa realmente prestar un servicio verdaderamente profesional y hacerlo sin ninguna compensación a cambio. Aprendí también que hay personas que me pueden ayudar y otras a las que debo ayudar yo. Por no hablar de la importancia de la puntualidad, y del hecho de que el trabajo que hago debe ser apreciado por todas las personas que me rodean.

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