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6 DICIEMBRE 2016
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>Benedicto XVI en Barcelona

"Me ha cautivado la invitación del Papa a superar la escisión entre la belleza de las cosas y Dios como belleza"

N.M.

El Papa, en Barcelona, refiriéndose a Gaudí, aseguró que supo "superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza". ¿Cómo de importante es superar esta escisión en este comienzo del siglo XXI?

Presté mucha atención a esta frase de Benedicto XVI sobre la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre el orden temporal y la apertura a la trascendencia, entre la belleza natural y la Belleza trascendente. Este fragmento de su homilía en la Sagrada Familia me cautivó. Pablo VI se refirió hace ya muchas décadas al divorcio entre cultura y fe y consideró que este divorcio era uno de los dramas de nuestro presente. Benedicto XVI habla de escisión y, por lo tanto, de ruptura, de corte, de separación. Creo que, como se ha podido escuchar en otras de sus alocuciones, Benedicto XVI se refiere a la necesidad de crear puentes, articular enlaces de comunicación entre ambos mundos. Su voluntad de hallar espacios de intersección entre la conciencia humana y la cristiana se pone de manifiesto en su propuesta de recrear el Atrio de los gentiles en el siglo XXI. Nos llama a descubrir las semillas de cristianismo que hay en la cultura actual, pero, simultáneamente, a articular una presentación de la cosmovisión cristiana que sea inteligible para el ciudadano actual.

Benedicto XVI aseguró "que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza". ¿Una afirmación de este tipo supone una provocación para tanta teología y filosofía demasiado racionalista?

Joseph Ratzinger, mucho antes de llegar a ser Papa, se ha referido a la experiencia de la belleza como itinerario hacia a Dios. Siguiendo los pasos de grandes teólogos como Hans Urs von Balthasar, Benedicto XVI entiende que la experiencia de la belleza puede suscitar la pregunta por Dios y generar la nostalgia del infinito en el corazón humano. Lo expresó hace años en un encuentro en Rimini. No creo que tal afirmación sea una provocación, ni menos aún una crítica al intelectualismo o al racionalismo. El Papa defiende la necesidad de dar razón de la fe, pero, a la vez, de superar el estrecho concepto de racionalidad heredado de la Modernidad filosófica. No aboga por un irracionalismo, menos aún por un fideísmo u emotivismo, pero reconoce que hay experiencias que trascienden los límites de la razón y que suscitan la vivencia de lo Totalmente Otro en el alma. El camino de la belleza es un modo de acceder al misterio más íntimo de la realidad.

En la Sagrada Familia subrayó también "que La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato". ¿Qué transcendencia tiene este mensaje?

Esta idea está expresada ya en Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. La Iglesia no es un fin en sí mismo, sino un instrumento que está al servicio de Cristo. Su finalidad consiste en hacer presente a Cristo en el mundo, en irradiar los valores que emanan del Evangelio, hacer visible el misterio invisible que se hospeda en sus entrañas. En esta frase se subraya el valor diaconal que tiene la comunidad eclesial y su misión: ser transparente al Cristo que es, a la vez, su cimiento.

Y en la residencia del Nen Deu el Papa destacó el valor de la caridad.

En efecto, Benedicto XVI subrayó la tesis de que la caridad es, al fin y al cabo, el signo de credibilidad de la Iglesia. La atención a toda vida humana, la ayuda a los seres más vulnerables, la disposición a servir a los seres más olvidados y marginados de la sociedad está en el corazón del Evangelio, en las enseñanzas de Jesús y en los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia. La presencia del Papa en la obra benéfico social Nen Déu no fue ni oportunismo, ni cosmética. Caridad y belleza son los dos pilares de su discurso de despedida en el aeropuerto del Prat. Los cristianos estamos llamados a amar solícitamente a los más vulnerables y a crear belleza con nuestra presencia en el mundo. La belleza visible es, al fin y al cabo, una expresión de la belleza invisible.

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