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9 DICIEMBRE 2016
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"La insistencia del Papa en vincular verdad y libertad tiene mucha importancia en España"

¿Qué destacaría de la visita del Papa?

Me ha gustado su capacidad para el asombro, la admiración y el agradecimiento. La variedad de expresiones que hemos descubierto dentro de la catedral de Santiago, en la admiración de la Sagrada Familia o las sonrisas que compartió con los niños son una lección no escrita de la que deberíamos tomar nota. Además de que las palabras de Benedicto XVI son importantes, en este viaje nos ha recordado que con independencia de nuestra edad o capacidades intelectuales es importante nuestra disposición para la admiración, el acontecimiento y, quizá también, por sorprendente y misteriosa que sea, para la gracia.

En su intervención en la catedral de Santiago el Papa dijo que peregrinar "es salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde se manifiesta". ¿Qué implica una concepción del hombre en movimiento hacia donde Dios se manifiesta?

Implica muchas cosas. Ante todo recuperar el imaginario del camino para aplicárselo a la vida. Aunque aquí es obligada la referencia al camino de Santiago y el peregrinaje a Compostela, sería importante entender la vida humana en términos de peregrinaje, lo que significa esfuerzo, sacrificio, alegrías inesperadas, disponibilidad para lo sorprendente, y sobre todo, reconocer que no sólo vivimos pendientes de unas metas sino pendientes de la fragilidad de las ampollas, los esguinces, los cansancios y los cuerpos. Es importante no descuidarse de sí. El peregrino sabe que, además de la ilusión de la meta que le anima, debe conocerse bien, descubrir la vulnerabilidad de su cuerpo, no forzar en demasía la jornada y ejercitarse en el cuidado tanto de sí como de todo lo que le rodea. Cuando tomamos conciencia de nuestro peregrinaje y sabemos que Dios nos ha puesto en movimiento, que nos ha dejado en el camino, es muy importante saber el tipo de mochila, maleta o equipaje que llevamos. Desde Ulises hasta Machado, toda nuestra cultura está fecundada por la idea del camino, cuando la leemos en clave teológica sabemos lo importante que es Ítaca, ir ligeros de equipaje o reconocerse acompañados en la soledad sonora de alguien que nos dice "adelante", "buen camino", sigue la flecha.

En esa intervención el Papa habla de la Iglesia como "abrazo de Dios" ¿Qué le sugiere esa concepción de la Iglesia?

Es una metáfora bonita porque dar un abrazo es algo más que dar un saludo, dar la mano o dar un beso. Quien abraza está dispuesto a romper las distancias que le separan del otro, está dispuesto a identificarse con el otro de tal manera que quiere soportarle si lo ve caer, compartir su vuelo si lo ve contento, o incluso ser sus muletas si lo ve frágil. Aplicada a la Iglesia, la experiencia del abrazo es un recuerdo teológico inteligente para mostrar una experiencia antropológica fundamental. Dios no se ha limitado a saludarnos, darnos la mano o simplemente darnos un beso de compromiso, ha decidido abrazarnos a través de la Iglesia y por eso no sólo nos sentimos acogidos y soportados, sino reanimados y reconfortados.

Benedicto XVI ha querido insistir en la relación estrecha entre verdad y libertad, ¿qué importancia tiene para nuestro país esa insistencia?

Tiene mucha importancia por el contexto cultural de nuestro país y sólo apunto dos razones. Primero porque culturalmente están cundiendo el pragmatismo, el escepticismo y el emotivismo, es decir, tradiciones de pensamiento que relegan la verdad al segundo plano de los intereses sociales, vitales o emocionales. Sería bueno que recuperásemos la pasión por la verdad en el horizonte que Julián Marías llamaba la perspectiva cristiana. Nuestra perspectiva no es la única y nos gustaría contrastarla con otras perspectivas, con otros horizontes de verdad. Al enraizarse en una perspectiva y convertirse en un horizonte se vincula a un espacio de experiencias (historia de la iglesia y nuestras comunidades) que se cruza ante un determinado horizonte de expectativas (esperanza cristiana).

En segundo lugar porque nos recuerda las condiciones de libertad y, en concreto, una  perversa forma de entender la tolerancia cívica de las manifestaciones religiosas. Ante las agresiones o ataques que se producen a quienes se manifiestan explícitamente católicos o expresan de alguna forma su fe en espacios públicos de deliberación, muchas administraciones públicas y una gran mayoría de ciudadanos se muestra indiferente, como si eso sólo afectase a un grupo determinado y no fuera un problema estructural de la vida democrática. Hay quienes legitiman esos ataques y su silencio sin caer en la cuenta de que contribuyen a una peligrosa espiral de silencio que empobrece la vida democrática. La tolerancia civil no puede identificarse con la indiferencia o complicidad de los poderes públicos ante agresiones explícitas, manifiestas y arbitrarias a instituciones, prácticas y personajes de una determinada confesión religiosa.

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