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2 DICIEMBRE 2016
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El séptimo velo, de Juan Manuel de Prada

Enrique Chuvieco

Julio recorre en coche la distancia que separa Madrid de su ciudad castellana natal para asistir a los últimos momentos de vida de su madre. Llega demasiado tarde y su padre le descubre que no es su hijo, y que es fruto del amor de Lucía y un miembro de la Resistencia francesa. Desde ese punto, Julio intenta reconstruir una vida que se había roto ya meses antes con la muerte de su mujer.

Idas y venidas temporales construyen este relato de algo más de 600 páginas que nos transporta desde la actualidad a la lucha de la Resistencia francesa contra la ocupación alemana en plena Segunda Guerra Mundial, contada por los escasos testigos de aquellos años con los que el protagonista intenta reconstruir la cadena para encontrar a su padre.

Los personajes adquieren consistencia en estos cambios temporales, conforme a una técnica escriturística muy cinematográfica. Saldría una buena película porque De Prada es un apasionado del Séptimo Arte y ha sabido dotar a El séptimo velo de los elementos que enganchan desde el principio: héroes, villanos monstruosos, acción, peleas, erotismo, suspense, descubrimientos sorprendentes...

Factura visual en este texto con mucho contexto histórico, mayormente en las actuaciones del Partido Comunista francés, el carácter del general De Gaulle desde su exilio en Londres, la depuración de los colaboracionistas con el régimen nazi o el compormiso contra Hitler de los perdedores de la Guerra Civil española en Francia.

Entre todas las figuras, destaca Lucía, que vuelve a España tras morir su padre en el exilio. Va a ser madre soltera y opta por dar a su hijo una seguridad compatible con nuestra postguerra y no acompañar el tormentoso trayecto del hombre a quien ama. Escoge un destino dramático y pleno de inteligencia realista, en el que llega a encontrar la felicidad después de un largo camino de afirmaciones y renuncias.

Hay que apuntar algunos excesos de De Prada en el manejo de comparaciones y metáforas, y una traslación demasiado castiza en los diálogos entre los guerrilleros galos que suena extraña. Por lo demás, un libro notable para la biografía de Juan Manuel de Prada. Una amiga me decía que su lectura de más de 600 páginas le había durado una semana; toda una marca.

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