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7 DICIEMBRE 2016
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"Como dice el manifiesto de CL, el paradigma del Papa es la belleza de la santidad"

¿Qué le ha parecido el manifiesto?

En su visita pastoral a España, nuestro Papa nos ha aconsejado paternalmente sobre el modelo de pastoral, lo que el manifiesto "Una oportunidad histórica" llama "el método". Ese método parte de la primacía de "la propuesta" que ya nos señaló en las Jornadas Mundiales de la Familia en Valencia y lo despliega a intuiciones como la Iglesia que acompaña en el camino, la Iglesia que abraza, que proclama una verdad que no hiere, que transparenta a Cristo...

El manifiesto pone énfasis en que una pieza central de ese paradigma pastoral es la visibilidad pública e interpersonal de la belleza de la santidad y, en efecto, el Papa lo ha destacado de un modo importante no sólo en esta visita sino muy recientemente en la beatificación del Cardenal Newman en Reino Unido. Y sí, la belleza es el modo de sentir y necesitamos hablar, como también decía el Papa, "Cor ad Cor", "de corazón a corazón".

¿Qué le parece la afirmación "La belleza es la gran necesidad del hombre"?

Benedicto XVI comenzó su viaje apostólico diciendo a Inglaterra: vengo aquí a hablarte de corazón a corazón... Este sabio padre de Europa, Benedicto XVI, nos dice que nos aproximemos a la persona, a su corazón y hablemos con calidez y sinceridad, primando la acogida del corazón. La estética es la dimensión del sentir y es crucial en un mundo perdido en la ideología de las sensaciones y que, experto como se cree en la sensibilidad, tanto traiciona sus sentimientos más profundos.

La belleza tal como la plantea Su Santidad permite también referirnos a aquellos lenguajes que hablan saltando las ideologías, que hablan saltando los estereotipos y que van directamente a comunicar desde los más íntimos sentimientos del hombre. Nos invitan a la interioridad y a compartir desde la interioridad. Nuestro mundo está dividido porque cada uno vive dividido en su interior: tenemos nuestros interiores atravesados por vallas electrificadas por el miedo, por la necesidad de prevalecer, por el egoísmo... Y la interioridad de nuestras sociedades -la mística del pueblo- también está dividida. La belleza es una invitación a sanar las heridas de nuestra interioridad colectiva y a enriquecerla con la contemplación de la Verdad y el Bien.

En el manifiesto se asegura que el diálogo entre "fe y laicidad" se puede llevar a cabo "ante obras bellas que obligan al hombre a interrogarse". "Una posición ideológica deja indiferentes a todos, menos a los del propio grupo". ¿Qué le parece esta afirmación?

El arte es un puente entre los hombres cuando todas las palabras y discursos se han vuelto papel mojado. Lo que no logran decir nuestras voces lo gritan las bellas obras de justicia y misericordia. Al final, necesitamos lo que el Papa llamó "un ecumenismo de la santidad" en su carta a la comunidad de Taizé con motivo del aniversario del asesinato del hermano Roger.

El laicismo hace que casi todas nuestras palabras se mojen en cuanto salen de nuestra boca, aunque sean dichas con la mejor de las intenciones. No hay más que ver la manipulación a que han sido sometidas por algunos medios de comunicación las palabras del Papa, que estaban llenas de intención reconciliadora y amabilidad. Por eso necesitamos llegar al corazón con el lenguaje de los hechos. Cuando las palabras no llegan, "hasta las piedras querrían cantar"...

El manifiesto subraya las palabras del Papa cuando puso como ejemplo a Gaudí, "capaz de superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana". ¿Cómo de importante es superar esta escisión?

Es crucial porque uno de los grandes desafíos de la comunidad eclesial en España es la profundidad cultural de nuestras propuestas, el alcance en las fronteras del sentido del hombre ordinario. No somos suficientemente cultos como para hablar los distintos "idiomas existenciales" de los hombres de hoy. No somos suficientemente cultos como para hacer planteamientos de alcance que lleguen al corazón. Decir cosas sencillas a las personas sencillas necesita de una maduración compleja y profunda en el interior de cada uno.

Sin duda Gaudí nos habla a todos. Creyentes y no creyentes entendemos su mensaje y lo admiramos. Nos hace callarnos y contemplar. La santidad es asombro.

El texto subraya que el Papa parte de "el hombre real, el que ama la razón y la libertad, el que desea la felicidad y anhela la belleza". Y que Benedicto XVI nos invita a "participar en el anhelo profundo del ser humano" que no es una etapa de la experiencia cristiana. ¿Qué importancia cree que tiene ese método?

El desafío es la Razón de la fe y la Fe como razón: el apostolado cultural e intelectual debe volver a cobrar prioridad en nuestros planes pastorales. Pero no una cultura de cátedras sino aquella cultura capaz de comprender la complejidad y expresarla en palabras sabias para la gente de hoy. Sin duda, el Papa nos invita a una revolución sapiencial: a poner en valor la sabiduría cristiana comunicándola con tanta osadía como amabilidad, con tanta confianza como respeto.

También se indica como método de diálogo con la modernidad el desarrollo de "obras bellas que obligan al hombre a interrogarse, "que son sigo visible del Dios invisible". ¿Cómo valora esta indicación?

El Papa ha unido de una forma sabia belleza y caridad: la creación cultural y la promoción de la justicia, el diálogo de sentido y el empoderamiento de los excluidos sociales. Ha dicho que las obras de promoción de la justicia son templos y que los templos son cultura para la justicia. En realidad, debemos rematar de una vez esa insana división (de herencia marxista): la superación de la exclusión social tiene su clave en las luchas culturales por la justicia. Es urgente la creación de cultura, de símbolos para nuestra época. Pero sobre todo de "obras de misericordia". El asombro del amor en nuestro mundo: la presencia de amor es la belleza que más nos invita al asombro.

Pero también es bella la contemplación, la oración, el silencio, aquellos símbolos que nos abren la interioridad de la sociedad. Una interioridad que pone la reconciliación de todos, la inclusión de todos, la comunión, en el centro de su paz.

Abramos la interioridad del pueblo, unamos lo dividido, convivamos mano a mano y hablemos el lenguaje del corazón: sin duda la belleza es el principal cauce del nuevo paradigma pastoral de evangelización. Hay que profundizar en esta línea y, tal como van las cosas, vamos a necesitar mucho más acompañamiento que el de la intuición.

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