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6 DICIEMBRE 2016
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>Libelo contra la secta

La fábula del rey desnudo

Javier Restán

Cuando Tertsch afirma que en España lo que se necesita es "romper el miedo a decir la verdad", y que eso implica ahora mismo perder el miedo a ser calumniado y perseguido, lo dice porque lo sabe en carne propia. De hecho comienza narrando su salida en 2007 del diario El País, donde lo fue casi todo durante 22 años: desde corresponsal en Bonn y para toda Europa central en la época de la caída del comunismo, hasta llegar a ser subdirector de Opinión y, por tanto, responsable de las que fueron durante muchos años las páginas diarias más influyentes en la España democrática. La descripción con pelos y señales de su salida de El País constituyen el síntoma de la España que Zapatero empezaba a modelar a su antojo. Luego nos cuenta agradecido su paso a las páginas de ABC y su azarosa llegada a la dirección del informativo de Telemadrid.

El autor se pone tan en primera persona, que se desgasta a lo largo de estas páginas. De principio a fin estamos ante un hombre que afirma sin miedo lo que ve, asumiendo conscientemente los riesgos que eso le ha supuesto. Hermann Tertsch nunca habla desde prejuicios, y su aparente desmesura nace de una mirada limpia.   

Contienen estas páginas un auténtico arsenal de datos y juicios sobre los años de presidencia de Rodríguez Zapatero, contados con la agudeza y perspicacia de un gran periodista, pero con una proyección histórica y un despliegue de referencias culturales que enganchan con la tradición del mejor periodismo español.

Para Tertsch el presidente Zapatero no es sólo un mal gobernante, sino un "eterno adolescente" que no ha tenido la preocupación de mejorar las condiciones de vida y ampliar la libertad y las posibilidades de los ciudadanos españoles, sino que está pretendiendo cambiar de hecho nuestro sistema político nacido en la Constitución del 78 y, aún más, tiene la pretensión totalitaria de cambiar la mentalidad y la cultura de los españoles desde el poder político.  

Hay capítulos demoledores sobre su no-política económica que nos está llevando al borde del desastre, su vergonzosa política exterior que nos ha echado en brazos de los peores sujetos que se mueven en el panorama internacional, su empeño en dotarnos a todos los españoles de "nuevos derechos" como el de abortar a nuestros hijos y otros cuantos, su intento irresponsable de reescribir nuestro pasado de modo sectario, su negociación con ETA y la humillación de las víctimas... Pero lo más grave que dice Tertsch, a mi juicio, es lo que se refiere a la degradación de la palabra que se ha verificado en el discurso público durante los años del zapaterismo. Una degradación de la palabra descrita en algunos capítulos geniales, con resonancias "orwellianas" y que se sintetiza en la gran consigna de Zapatero: "las palabras deben estar al servicio de la política".

El autor nos demuestra cómo Zapatero considera la Transición democrática española no como nuestra gran conquista nacional (que ha sido ejemplo para los países que salían del comunismo europeo y también para las nacientes democracias latinoamericanas) sino como un pacto impuro, condicionado por el Ejército, la Iglesia y el franquismo saliente. Él quiere abrir una nueva etapa en la historia de España superando los pactos constitucionales y completando así lo que Jaime Mayor Oreja llamó la "segunda transición", en ruptura definitiva con el pasado. Para ello Zapatero quiere entroncar su proyecto con la II República Española, la de sus sueños, no la real, que habría sido una democracia limpia y pura. La estrategia política necesaria para ello, la llama  Tertsch un nuevo "frentepopulismo", que naturalmente excluiría a la mitad de España.  

Este proyecto de reescritura de la historia, este proyecto político, se complementa con un proyecto cultural que el autor define como "radicalismo socialista", bien lejos de las socialdemocracias europeas, cuya seña de identidad más clara es su "aversión al cristianismo".

Este repaso vivísimo y crudo lo realiza el autor acompañándose de grandes pensadores europeos y americanos. Las páginas del Libelo contra la secta están atravesadas por reflexiones, frases y referencias de las obras de Alexander Solzhenitsyn, Raymond Aron, Vaclav Havel, Primo Levi, el periodista checo Ferdinand Peroutka, el poeta inglés W. H. Auden, o el ruso Osip Mandelshtam, Julien Benda, Vassili Grossman, Friedrich Hayek, Tzvetan Todorov... Resulta un lujo atravesar nuestros avatares nacionales con la frescura de una pluma periodística cargada, al mismo tiempo, de un peso y una riqueza cultural tan envidiable. Un horizonte cultural que por supuesto no deja fuera a otros tantos autores españoles, desde Salvador de Madariaga a Vargas Llosa, o sus amigos Albiac, Juaristi o Eugenio Trias. O el poeta Gil de Biedma, a quien trae a colación por aquellos versos que nos recuerdan que, aunque creíamos que no, "la vida va en serio", algo que parece un aviso para esa secta que nos gobierna.

Especialmente interesante es la permanente comparación entre la realidad española y la historia y cultura alemana y centroeuropea, que Tertsch conoce tan bien. Casi todos los capítulos de este libro establecen un paralelismo entre nuestra realidad nacional y los acontecimientos de la Europa central durante el siglo XX, es decir el siglo del nazismo y del comunismo, de la aniquilación de lo humano, de la opresión sistemática y sin precedentes de hombres, países y culturas enteras, pero también del testimonio de hombres que no cedieron a la mentira y lo pagaron con el precio de su libertad o de su propia vida. Y este recurso, aparte de dar un vuelo de gran altura a estas páginas, ofrece unos términos comparativos inquietantes, muy ilustrativos, a veces demoledores.

Como ya he dicho, son muchas las referencias de grandes autores con contenido realmente oportuno para iluminar el momento español. Pero entre ellas una de las más cargadas de afecto es la que dedica al premio nobel ruso Alexander Solzhenitsyn, de quien dice que se convirtió con sus novelas en "el inmortal abogado de la verdad".

Hermann Tertsch, como el escritor ruso, muestra en estas páginas una apertura llena de expectativa respecto de la cuestión religiosa, la más humana y más llena de consecuencias personales e históricas. Y desde sus declaradas dudas personales sobre la fe religiosa, en lo que no duda Tertsch es en reconocer en la Iglesia y concretamente en el Papa actual un factor clave en la gran lucha que se libra hoy en Occidente en defensa de la libertad y la razón: "Ratisbona fue el primer gran favor que Benedicto XVI nos hace desde su pontificado a todos".

Después de despedirnos en la puerta del restaurante la última vez que he tenido el placer de comer con Hermann, para hablar precisamente sobre su libro recién publicado, mi amiga Carmen Giussani y yo nos detuvimos un momento ante el escaparate de una librería cercana para contemplar unos calendarios con preciosas fotografías de faros europeos: puntos de luz frente al mar inmenso, en la soledad de la costa desnuda, desafiando la tempestad, y pensé que Hermann Tertsch es en la sociedad española uno de esos faros de los que no podemos prescindir.  

Concluyendo su Libelo contra la secta Tertsch comenta de forma incomparable el final de la vida de Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano y muerto después de pasar por las cárceles de Mussolini a los 48 años, diciendo que "nunca dio por cerrada la aventura de la búsqueda de la verdad". Y habla de él mismo, sin duda.

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