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7 DICIEMBRE 2016
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Islam modelo Noruega

Mario Mauro

Otro factor muy preocupante de cara a las relaciones futuras entre el mundo occidental y Oriente Medio es la absoluta falta de reciprocidad por parte de los gobiernos mediorientales. Se multiplican las peticiones y las quejas contra los gobiernos occidentales por la libertad religiosa, pero si metiéramos las narices en su casa nos daríamos cuenta de que allí la libertad religiosa es un concepto totalmente inexistente, incompatible además con la estructura constitucional de muchos de estos Estados.

En este sentido, es paradójico lo que sucedió a primeros de noviembre entre Arabia Saudí y Noruega. El Gobierno saudí solicitó al noruego que destinara una financiación de varios millones de euros a la construcción de una gran mezquita en la capital. La gestión de la mezquita estaría a cargo del centro islámico Tawfiiq. Visto así, la petición no parecía escandalosa, siendo Noruega un país democrático en el que la inmigración islámica no deja de crecer, como sucede en el resto de Europa.

Pero nos invade un profundo sentido de injusticia cuando analizamos la situación en Arabia Saudí, donde está prohibida cualquier manifestación y práctica religiosa, incluso privada. Un cristiano no puede ni siquiera poner el pie físicamente en la ciudad santa de La Meca.

Como informó el periódico Avvenire el pasado 3 de noviembre, "según la constitución saudí, de hecho el islam es la religión del Estado y no está permitido ningún otro culto, ni siquiera por parte de los millones de inmigrantes (cristianos, pero también hindúes) que llegan procedentes de Asia buscando trabajo en el sector petrolífero. En el año 2005 causó estupor el caso del cristiano indio Brian Savio O'Connor, detenido, encarcelado y torturado porque fue sorprendido en posesión de biblias y libros cristianos". Entonces, la respuesta del Gobierno escandinavo, "ninguna mezquita ‘saudí' en Noruega sin libertad religiosa en Arabia Saudí", puede ser realmente un punto de partida razonable para afrontar el problema.

El concepto de reciprocidad puede ser un argumento válido para llegar finalmente a abrir una brecha en el corazón de quienes pisotean por ley la libertad religiosa de sus propios ciudadanos. No renunciar nunca a la apertura en la relación con otros pueblos y culturas, sino adoptar una actitud de respeto recíproco es la base para un diálogo que verdaderamente pueda llevar a una convivencia pacífica. El auténtico diálogo se funda en la verdad, no en la astucia ni en la mentira. La respuesta noruega, junto a la actitud de otros gobiernos occidentales con el apoyo de la Unión Europea, quiere hacer caer en la cuenta a los gobiernos de Oriente Medio de la conveniencia de un diálogo intercultural verdadero y profundo, que tenga como punto de partida la comprensión recíproca y la promoción de los valores buenos en los que se funda nuestra civilización. Si todo esto se llevara a cabo, se daría un paso fundamental para la victoria de la libertad religiosa en el mundo.

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