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11 DICIEMBRE 2016
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Sueños dorados al sol

Héctor Godino (Buenos Aires)

La carrera de Abel Pintos avanza a paso firme. Su primer trabajo, Para cantar he nacido (1997), tuvo una excepcional repercusión que lo llevó al festival de Cosquín en 1998, donde recibió una Mención Especial otorgada por la comisión de folclore y el Cosquín de Oro. Le siguieron Todos los días un poco (1999), Cosas del corazón (2001), Sentidos (2004). En 2005 da un nuevo paso en su carrera con la aparición de Reflejo real (2005), que incluye 11 temas propios tanto en letra como en música. Gana el premio Carlos Gardel como Mejor Álbum Artista de Folclore Nuevas Formas. En 2007 da a conocer La llave, compuesto por 14 nuevas canciones y con el cual gana nuevamente el Carlos Gardel, esta vez como Mejor Álbum de Folclore Alternativo.

El comienzo de su espectáculo suena como una descripción personal de su propio camino: "Somos peregrinos cruzando la inmensidad". La metáfora del peregrino resulta una antigua imagen de la humanidad misma, que de manera recurrente vuelve a presentarse en distintos tiempos y culturas, desde el antiguo homo viator de los caminos romanos, pasando por Dante, viajero de infiernos y paraísos, hasta nuestro entrañable y porteño Adán Buenosaires. En todos ellos se descubren nuevas perspectivas de un sentido único y profundo: partir de la propia tierra, de ese territorio conocido, resulta la condición necesaria para acoger una novedad para que la vida se vuelva más vida. ¿La razón? Simple, en palabra de Abel, porque "nuestro sueño busca el sol".

Pero el camino, que es la vida misma, tiene una sustancia propia: el amor. Sabemos que el amor es cosa complicada y Abel Pintos parece interesado en explorar todos sus matices.

Amor que se añora y es buscado en los rastros dejados, un sentimiento que sólo encuentra consuelo en esa presencia (Aventura); amor que se hace despedida (No me olvides); amor que despierta coraje, su "aliado" (Incomparable); amor que hace incomparable al amado (Incomparable); amor que con su ausencia despierta soledad (Solo), o se vuelve el motivo único de la vida entera (Una flor y una cruz).

Ese misterio que a veces se adelanta abriendo horizontes, y otras llega con retraso, cuando todo se torna recuerdo. Ése que por momentos nos envuelve por completo haciéndonos respirar, y otras se torna asfixiante, tanto como para ahogarnos en él. El mismo que a veces se presenta como la plenitud de la vida, pero otras se convierte en la amargura de la ingratitud, el "puñal" de la traición o el "hielo" del olvido.

Sin embargo, siguiendo el recorrido de sus canciones, rápidamente se advierten ciertos deslizamientos denotados por la dimensión que el amor evoca. Si en verdad se puede reconocer la estatura humana de una persona por las imágenes y los adjetivos que utiliza, nos encontramos frente a un gran artista. Habla de horizontes y de eterna unión, de desierto y de cielo eterno, de inmensidad y de abismo, todas ellas metáforas de un espacio infinito. Es que únicamente ese infinito puede corresponder al umbral abierto por esos sueños, esos deseos, que nos constituyen y que "buscan el sol".

Son desplazamientos que, siguiendo el nivel del deseo, superan las posibilidades de la persona amada y nos hacen preguntarnos a quién le canta realmente Abel Pintos. Basta recorrer su canción Sueños dorados del sol para darse cuenta de lo que hablamos.

¿Quién puede acariciar el viento y calmarlo, al mar y callarlo, sonreír al sol y hacerlo aparecer, mirar la luna y dormirla, suspirar para tener una flor, con todo su aroma y todo su color? ¿Quién puede ser camino para nuestros pasos, cuna de oro para nuestros sueños, rosa para nuestro olvido y sublime forma que da vida? ¿De quién es ese grito que suena hasta en los ojos,  esa fuerza que aplasta, esa vida en el pecho, esa sombra que cuida nuestras noches y días?

Abel Pintos no contesta estas preguntas, aunque deja algunas pistas para orientarnos. Así en su tema La llave nos habla de alguien que llega, que "rodeada de inmensa luz", se declara "dueña de sus sueños". Una presencia por la que clama el "corazón", simplemente por la falta que le hace...

También algo de esto habla otro de sus canciones, Halleluja. Si nuestros deseos son análogos al "hambre", esa presencia añorada resulta ser "el pan", o con imágenes llenas de luz, si ella es "el sol", nosotros mismos somos aquella "luna sola" que la refleja. En definitiva, algo que tiene la dignidad de convertirse en "razón la de mi vida", de nuestra vida.

Muchas preguntas y metáforas que muestran, tanto como ocultan la respuesta, pero que de ninguna manera dejan indemne a quien las profiere. Por esto no suena extraño cuando en el tema que le da nombre al último álbum habla de "misión". Pareciera que para Abel Pintos, eso de cantar y componer no se trata únicamente de una buena forma de ganarse la vida sino mucho más, se trataría en realidad del reconocimiento de algo dado, donado, regalado, para que esa vida se realice haciéndose plena en un camino muy concreto. "Cada cual en su misión, vos haciendo tu camino, yo cantando esta canción".

También para nosotros hacer esta nota responde a un compromiso: surge como respuesta a la sorpresa de descubrir un gran artista que se entrega al público de manera generosa en cada espectáculo, con una humanidad vibrante que le permite ir más allá de una posición estética, involucrándolo en una búsqueda de proporciones. Es que no estamos lejos de él, no nos sentimos extraños a su camino. Sabemos que el auténtico problema de la vida es afectivo, se juega en una relación entre dos con todo un mundo de por medio, entre mi persona y ese destino bueno para el que soy hecho. Esto es lo que hace de la vida una aventura a la que somos lanzados diariamente, sin tregua, sin paradas, que nos convierte en buscadores y nos vuelve a todos semejantes, ya que, en definitiva, "todos salen a buscar...su amor"(Revolución).

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