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9 DICIEMBRE 2016
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Asís merece la pena

José Luis Restán

Resulta curioso que quienes siempre apelaban a la seguridad doctrinal de Joseph Ratzinger le reclamen ahora prudencia y le adviertan con tonos severos sobre las consecuencias de una iniciativa que ha tomado como Sucesor de Pedro, con plena conciencia y libertad. Los firmantes del llamamiento al Papa consideran que el evento de Asís que ahora se pretende recordar fue nefasto, ya que habría promovido el sincretismo religioso y la perversa idea de que las diversas religiones son equivalentes e intercambiables, algo que habría corroído la fibra del catolicismo y bloqueado su pasión misionera. Y advierten de que ahora se produciría el mismo efecto.

Repasemos la historia. En su libro Fe, verdad, tolerancia, dedicado en buena medida al campo del diálogo de la fe cristiana con las religiones de la tierra, el teólogo y todavía Prefecto de la Fe reconocía que un gesto de tal naturaleza (la oración interreligiosa) conlleva peligros innegables, pero a renglón seguido negaba que se pudiera rechazar en bloque e incondicionalmente esa iniciativa. Con su habitual precisión, Ratzinger explicaba que esa plegaria interreligiosa era "un signo en situaciones extraordinarias, en las que se levanta un grito común de angustia que debería resonar en los corazones de los hombres y al mismo tiempo en el corazón de Dios". Nos preguntamos: a la vista de las amenazas brutales de integrismo y de la hostilidad creciente del laicismo, ¿no estamos en un momento así? Benedicto XVI piensa que sí.

Por otra parte hay que contar la historia completa. En 2002, tras los atentados de las Torres Gemelas, Juan Pablo II repitió su histórica convocatoria y esta vez se hizo acompañar de manera bien visible por el cardenal Ratzinger. Conservo la foto en que ambos, sonrientes y complacidos, se estrechan la mano mientras comparten asientos contiguos en el tren que les trasladaba desde Roma hasta Asís. En esa ocasión Ratzinger escribió una preciosa meditación en la que decía: "No se ha tratado de afirmar una igualdad entre las religiones que no existe; Asís ha sido la expresión de un camino, de una búsqueda, de la peregrinación por la paz, que sólo es tal si va unida a la justicia".

El Papa que ha levantado su voz, con tonos quizá únicos en la historia, para defender a sus hijos más vulnerables piensa que un gesto de oración común por la paz, que tenga presente las exigencias de la verdad y de la justicia, puede ser un signo importante en este momento histórico, para deslegitimar la abominable justificación de la violencia por parte del integrismo y para mostrar al mundo secularizado de Occidente la capacidad de las religiones de generar convivencia. Yo me quedo con la sabiduría de Pedro.

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