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9 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Samir Khalil Samir

'Los derechos humanos tienen sitio en el Corán'

Federico Ferraù

Padre Samir, ¿por qué el Papa no puede pedir protección para los cristianos sin que le acusen de injerencia, puesto que el propio imán afirma que "los cristianos son un componente esencial de la sociedad a la que pertenecen"?

Continuamente escuchamos decir a los musulmanes que los coptos son auténticos ciudadanos de la sociedad egipcia y que la Constitución no hace distinción alguna entre ellos y los musulmanes. Pero en realidad esto no es cierto en absoluto. Es verdad que en Egipto no hay persecuciones, pero sí discriminación. Aunque los musulmanes no sean conscientes de ello.

¿Cómo es posible?

Siempre cuento algo que entendí durante una clase de filosofía árabe en la Universidad de El Cairo. Estábamos estudiando un texto del siglo IX sobre el tema de la igualdad dentro y fuera del islam. Pero, ¿cómo?, me preguntaron, ¿usted comparte la tesis de que el islam discrimina? Sí, respondí, y puse una serie de ejemplos de la vida cotidiana. Ni siquiera pestañearon y al final, uno dijo: es verdad, profesor, no me había dado cuenta. Éramos 16 personas en clase y ninguno era un estudiante común, sino que todos éramos licenciados o incluso profesores.

De modo que es algo que forma parte del patrimonio cultural.

Sí. Es una forma mentis de la cual el musulmán ni siquiera se da cuenta, porque el Corán distingue claramente entre tres categorías de personas: los musulmanes, que pertenecen a la Umma; los judíos y cristianos, llamados dhimmi en términos jurídicos; y los infieles, llamados kuffâr. Estos últimos no tienen ningún derecho a vivir como los musulmanes: o se convierten o tienen que ser asesinados. O bien, claro está, se van. Los dhimmi, aun siendo creyentes y habiendo recibido las Escrituras, tienen derecho a vivir con los musulmanes siempre y cuando paguen el tributo al que están sometidos, mejor dicho, la palabra sâghirûn quiere decir humillados. Si todo esto lo situamos en el contexto sociocultural y político del siglo VII no resulta tan sorprendente, porque los cristianos vivieron sometidos al imperio político islámico, y como súbditos debían pagar el correspondiente tributo. El problema es que los musulmanes todavía no han entendido que desde el siglo XIX, y particularmente desde la caída del imperio otomano en 1923 y desde la abolición del califato el 3 de marzo de 1924, ha tenido lugar una transformación que ha traído consigo nuevas categorías, una de las cuales es la de ciudadano, que implica una igualdad total.

¿En la sharía hay espacio para una apertura real a la libertad religiosa?

Tal como se entiende hoy, no. Libertad religiosa significa libertad para que un musulmán se haga cristiano, y para que un cristiano se haga musulmán, o ateo, o viceversa. En la práctica significa que cada uno es libre de decidir según su conciencia. Ahora bien, el Corán condena a quien abandona el islam, pero no dice que se le tenga que castigar. Sin embargo, la sharía dice: debe morir.

¿También en un estado moderno como el egipcio?

Es una ley que se aplica en Arabia Saudí, en Irán, en Pakistán, en Sudán... En Egipto no está previsto por la Constitución laica de 1923, pero en la sociedad está vigente: es la propia familia la que le mata. Igual que sucede en Italia o en Alemania, en casos que sobrecogen a la opinión pública. Cuando un pakistaní mata a su hija porque se quiere casar con un italiano, para una mentalidad que aplica la sharía al pie de la letra es algo perfectamente lógico. Si la mujer se casa con un italiano, que se supone que es cristiano porque estamos en Occidente, eso significa que ella se ha preparado para seguir a su marido y, por tanto, hacerse cristiana.

Así que, aun no siendo una ley, sigue vigente la tradición.

Sí. El concepto de libertad religiosa está lejos de ser aceptado, incluso en un país laico como Turquía. También Túnez, por ejemplo, es laico, pero es algo que tolera con mucha dificultad.

"Dios creó a la gente diferente para que se pudieran encontrar", dice Wael Farouq. "Nos hizo así porque la diferencia es el rostro del conocimiento. Yo no podría vivir igual si no hubiera cristianos en Egipto: como musulmanes, estamos orgullosos de ellos y del papel de la Iglesia en la historia de nuestro país".

Conozco bien a Wael, somos amigos y puedo decir que es un musulmán excepcional. Ha tenido un camino personal complicado, ha pasado de ser un fanático secuaz de los Hermanos Musulmanes a ser un musulmán abierto. Ojalá todos fueran como él, pero por desgracia no es así.

La suya es una afirmación práctica del principio de laicidad, ¿pero por qué es tan difícil establecer una formulación teórica?

Existe una posibilidad, mediante la interpretación de algunos versículos del Corán, de deducir la libertad religiosa. El Corán afirma que no se puede obligar a una persona a creer. Si Alá hubiera querido, todos habríamos sido hechos iguales, pero no ha sido así.

Por tanto, el gran desafío es la interpretación del Corán.

Así es. Y eso es lo que algunos están intentando hacer, pero es un trabajo muy difícil porque toda la tradición va en contra. El término técnico es igtihâd, es decir, el esfuerzo de la interpretación. Es una tarea enorme porque desde el siglo XII los musulmanes están diciendo que la puerta de la interpretación está cerrada. Pero lo que nadie sabe explicar es por qué y quién ha tenido derecho a cerrarla.

El cardenal Scola ha dicho que Occidente tiene el deber de demostrar "el bien práctico que es estar juntos". Si eso sucediera en Europa, podría convertirse en paradigma para otros, ¿cree usted que es posible?

Se trata de un trabajo largo, de generaciones. El mejor camino es la educación de los jóvenes, pero eso exige una revolución, tomando como punto de partida los derechos humanos, entendidos como el fundamento que permite a todos los seres humanos reencontrarse sobre una base de principios comunes: la dignidad trascendente de la persona, su apertura al Misterio -usando palabras de Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz-. Y la libertad religiosa, que está en el origen de la libertad moral. O la igualdad de las personas independientemente de su sexo, raza o religión.

¿Para eso es necesario volver a abrir esa "puerta de la interpretación" que usted dice que se ha cerrado?

Sí, pero, ¿por qué no se abre, a pesar de que son muchos los que son conscientes de esta necesidad? Porque los derechos humanos en algunos puntos entran en conflicto con la sharía, tal como ésta suele ser interpretada. La igualdad entre hombre y mujer va en contra de algunos versículos del Corán, en los que se afirma que Dios creó al hombre y a la mujer, pero que entre ellos hay un "paso" que los diferencia (Corán 2,228), igual que hay un paso entre los que no combaten y los mugiâhidûn, que combaten (Corán 4,95; 9,20; 57,10). Sobre este "paso" (daragia) se ha construido un muro. Si leyéramos el versículo en su contexto histórico, entenderíamos que el hombre debe su primacía al hecho de mantener a la familia, pero ésta era la realidad en la Arabia del siglo VII. En algunos puntos, el Corán anuncia los derechos humanos, pero eso no se dice porque la libertad religiosa es contraria a la sharía. Y lo que prevalece es la sharía.

Entonces, ¿por dónde se puede empezar?

Los musulmanes, cristianos y judíos que son creyentes pero no tienen prejuicios hostiles frente a la modernidad deben unirse para buscar todo aquello que, en sus respectivas tradiciones y Escrituras, confirme la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo que está en juego es demostrar que los derechos humanos no son una invención occidental, aunque fuera Occidente quien los puso negro sobre blanco en la Declaración del 10 de diciembre de 1948.

¿No se podría esperar en el islam la misma secularización que se ha dado en Occidente y que podría suavizar esos principios absolutos?

No, porque la secularización tendría como único resultado el de favorecer el fundamentalismo. En cuanto los musulmanes oyen las palabras secularización y laicidad se rebelan, porque para ellos laicidad es sinónimo de ateísmo. La laicidad les evoca lo que ellos ven de Europa, es decir, la ausencia de religión o, peor aún, la lucha contra ella, como ha sucedido en las rebeliones modernas contra la religión y la Iglesia. Esto no es laicidad, sino laicismo; de hecho el término equivalente a laicidad es almâniyyah, pero no se usa.

¿Los fundamentalistas pueden "enseñar" algo a Occidente?

La prioridad de Dios y de una ley que nos supera. Al decir esto es como si dijera que existen cosas absolutas, que no todo es relativo, como si proclamara la salvaguarda de algo que es intocable. Su error lo podemos considerar como diametralmente opuesto al de cierta parte de Occidente: si Occidente lo relativiza todo, ellos lo absolutizan todo y la vida se convierte en una variable que depende de la doctrina. El mundo islámico no puede llegar a absolutizar la religión o la sharía, sino a distinguir lo que es realmente "intocable", más allá de las diferencia culturales.

Youssef Boutros-Ghali ha intervenido estos días con motivo de los ataques a la iglesia de Alejandría, y ha dicho que el atentado quería desatar una guerra entre cristianos y musulmanes pero ha conseguido el efecto contrario: un acercamiento entre ambas confesiones religiosas. ¿Qué opina usted?

Tiene parte de razón. He oído que hay muchos casos de musulmanes en Egipto que han acudido casi a proteger las iglesias de los cristianos. Sólo podemos desear que este movimiento tome fuerza y que favorezca que los musulmanes tomen conciencia de que somos un solo pueblo.

La cadena de atentados contra los cristianos "parece cada vez más un plan particularmente maléfico de limpieza en Oriente Medio, limpieza religiosa", según palabras del presidente francés Sarkozy en su discurso de año nuevo a los líderes religiosos de su país. ¿Está usted de acuerdo?

Ése es el objetivo que reivindica la Al Qaeda iraquí, que quiere un califato islámico, pero no conozco ninguna otra situación donde se pueda hablar de limpieza religiosa. Ciertamente, no es el caso de Egipto.

¿Y un proyecto unitario que trata de consolidar la Umma eliminando los cuerpos extraños, es decir, a los cristianos, como ha afirmado Vittorio Messori en el Corriere?

Existe, pero no es generalizado. Son los extremistas de los extremistas los que miran hacia este proyecto, pero mi experiencia me dice que la gran mayoría de los musulmanes quiere convivr con los cristianos. Se lo hemos oído decir estos días a Muhammad al-Sammâk, portavoz suní en el Líbano. Y en Jordania, por ejemplo, es evidente la conciencia de que la sociedad islámica necesita de los cristianos como factor de apertura a la modernidad.

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