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8 DICIEMBRE 2016
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Tom Jones: reinventarse a los 70

Quique Chuvieco

El tigre de Gales en su versión más friki y "macho man" anterior o sir Thomas Jones Woodward, para asistir actualmente a las recepciones de Backimgham Palace, conserva la voz que Dios le dio, con la que ha vendido más de 150 millones de discos en sus 50 años de carrera musical, pero al mismo tiempo la ha perfeccionado para transitar con paso firme y con la delicadeza debida por los caminos sinuosos, polvorientos y estrechos -las más de las veces- del gospel, country, R&B y rock and roll, imbuidos de todo el dolor, pasión, alegría, fragilidad, duda, acierto e incoherencia del alma humana.

Este lamento comienza en Lord help con un continuado punteo que se repite a lo largo del tema y con la garganta de tenor de Jones arrastrándose suplicante y tozudamente en petición de ayuda a lo Alto. Por el contrario, los lentos fraseos iniciales van desgranando la historia de Did Trouble Me, que compusiera hace décadas Susan Werner, que va tomando aire al compás del punteo del banjo.

Vuelve el punteo poderoso de guitarra eléctrica -la producción de todo el álbum es magnífica-, esta vez empastado, para abanderar Burning Hell, en la que Jones vuelve al infierno como ya lo hicieran anteriormente su propio autor, John Lee Hooker, y éste acompañado por Ben Harper, o R.E.M., en otra versión de este clásico del blues.

Los ritmos se hacen todavía más familiares en el vozarrón sutil, en ocasiones, y emocionada, en otras, del ex minero galés, por la cantidad de versiones realizadas de los temas tradicionales como Nobody's Fault But Mine, que interpretaran desde Nina Simone a Led Zeppelin, o en Ain't no grave, que han versionado también Crooked Still o Johnny Cash, y por lo que hubiéramos suplicado al Creador para que no se llevara a Cash antes de que éste y Jones se pusieran en dueto delante de un micrófono.

Mucho y bueno es este Praise & Blame  que me ha llegado a emocionar y por el que me he congraciado con un artista al que sentía extraño, comercial y hortera, que me impedía reconocer sus enormes dotes vocales y artísticas. Gracias Sir Thomas Jones Woodward, gracias señor Jones.

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