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10 DICIEMBRE 2016
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La comprometida traducción del caso Berlusconi

M. Medina

Salvo Ana Romero en El Mundo en un artículo titulado "Entiendo al imbécil italiano" (elmundo.orbyt.es/2011/02/10/orbyt_en_elmundo/1297357302.html), la mayoría de los opinadores, analistas y parleros de los medios de comunicación hispánicos se dejan llevar por una pronta y rápida descalificación moral del primer ministro italiano y una desconsideración genérica del país, recursos que garantizan el éxito para quien no quiere realizar el esfuerzo de enterarse de lo que sucede. Romero, que no justifica en ningún momento el escandaloso comportamiento de Berlusconi -cosa que sí hace su compañero de periódico Salvador Sostres con su pose cínica- recuerda que hay muchos italianos que están convencidos de que una izquierda incapaz de ganar en las urnas recurre los jueces para destronar al primer ministro. Ese amplio sector de la opinión pública está sorprendido de que la justicia italiana, tan lenta en casi todo, vaya a juzgar en pocas semanas al premier por abuso de poder y prostitución de menores el próximo 6 de abril con motivo del caso Ruby.

La mayoría de la opinión pública italiana, según un reciente sondeo de Arnaldo Ferrari Nasi (www.ilsussidiario.net/articolo.aspx?articolo=144704), cree que los jueces actúan por motivos partidistas. El 54 por ciento de los italianos tienen poca confianza en la justicia y el 56 por ciento creen que está politizada. La Fiscalía de Milán se ha movido con una rapidez inusitada para el juicio del 6 de abril. Prácticamente todas las pruebas son las conversaciones telefónicas interceptadas y en unas se dice que Ruby era menor y en otras no. Y las grandes cuestiones no son las orgías del primer ministro, más que conocidas. A corto plazo se trata de saber si es posible una mayoría que evite las elecciones y a largo, cuál va a ser la formación y el líder que ocupen el centro-derecha. Tras la retirada del apoyo de Fini, el pasado mes de noviembre, la mayoría que sustenta a Berlusconi es débil. El presidente de la Lombardia, Roberto Formigoni, ha hecho un ofrecimiento al primer ministro para rehacer un centro-derecha inspiradao en la sensibilidad del Partido Popular Europeo, que cuente con el apoyo de la UDC. En este contexto es en el que se inscribe el caso Ruby.

Podemos intentar traducirlo al español pero con un poco más de seriedad que los "spagheti anuncios" de la radio. Berlusconi es un depravado. Un personaje de conducta sexual anómala. Concedido. ¿Pero cuál es el criterio para valorar la gestión política? Sin duda hay una relación directa entre la virtud privada y la virtud pública. Pero para dar una solución realista al problema hay que descartar cierta mentalidad moralista y algo abstracta que juzga la vida política no por el bien del pueblo sino por una ética de máximos. El criterio es que el político otorgue protagonismo a la sociedad, aumente la libertad, contribuya al bien común. Esa traducción que estamos haciendo de lo que sucede en Italia a lo que sucede en España nos obliga a elegir. ¿Qué preferimos, un presidente del Gobierno felizmente casado, con una vida familiar ordenada que ha enfrentado a los españoles con los viejos fantasmas del pasado y que ha forzado la vida social para someterla a un proyecto ideológico, o un viejo pervertido que ni sofoca las libertades ni se inventa nuevos derechos? ¿No es menos dañino para el bien común un depravado que un ideólogo?

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