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7 DICIEMBRE 2016
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Estudio sobre la revolución antropológica en España

Pier Paolo Pasolini

Ha sido el propio país -merced al desarrollo de la producción de bienes superfluos, la imposición del afán de consumo, la moda, la información (sobre todo, de un modo imponente, la televisión) el que ha creado estos valores, tirando cínicamente a la basura los valores tradicionales y a la propia Iglesia, que era su símbolo. La España campesina y paleoindustrial se ha desmoronado, se ha deshecho, ya no existe, y en su lugar hay un vacío que probablemente espera ser colmado por un completo aburguesamiento del tipo antes mencionado (modernizante, falsamente tolerante, americanizante, etc).

España nunca ha sido capaz de expresar una gran derecha. Esto, probablemente, es el hecho determinante de toda su historia reciente. Pero no se trata de una causa sino de un efecto. España no ha tenido una gran derecha porque ha carecido de una cultura capaz de expresarla. El desarrollo, promovido pragmáticamente por el Poder, se ha instaurado históricamente en una especie de enojé, que ha transformado radicalmente, en pocos años, el mundo español. Este salto cualitativo concierne tanto a los "zapateristas" como a los "antizapateristas" pues se trata del paso de una cultura formada por una organización cultural arcaica a la organización moderna de la cultura de masas.

El asunto, en realidad, es de enorme importancia: es un fenómeno de mutación antropológica. La cultura de masas no puede ser una cultura eclesiástica, moralistas y patriótica, ya que está vinculada directamente al consumo, que tiene leyes internas y una autosuficiencia ideológica capaces de crear automáticamente un Poder que ya no sabe qué hacer con la Iglesia, la Patria y la Familia. La homologación cultural consiguiente concierne a todos, pueblo y burguesía, obreros y subproletarios. La situación social ha cambiado en el sentido de que ha unificado extraordinariamente. La matriz que engendra a todos los españoles ya es la misma. En España ya no hay diferencia apreciable -más allá de la opción política como esquema muerto que se rellena gesticulando- entre un ciudadano cualquiera pro-Zapatero y un ciudadano cualquiera anti-Zapatero. Ambos son cultural, psicológica y, lo que es más impresionante, físicamente intercambiables. En el comportamiento diario, mímico, somático, no hay nada que distinga a un zapaterista de un antizapaterista.

P.D. Este artículo es una ficción. Pasolini murió el 2 de noviembre de 1975, 30 años de que gobernara Zapatero. Pero el texto que hemos publicado es prácticamente el mismo que el publicado por el director de cine en Il Corriere della Sera el 10 de junio de 1974. Para construir esta ficción se ha resumido el texto original, y sólo se han cambiado tres palabras por España, zapateristas y antizapateristas.

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