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26 MARZO 2019
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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Michele Brignone

Tras la caída del régimen de Ben Ali, también el régimen de Mubarak se ha derrumbado. En su opinión, ¿es posible que la situación se desarrolle de una manera análoga a lo sucedido en Túnez o hay factores internos que pueden hacer pensar en una transición diferente?

Las manifestaciones egipcias se han parecido de manera sorprendente a las que se han producido en Túnez. Se trata de peticiones profundamente políticas: un cambio radical de régimen político que haga pasar a los egipcios de súbditos del Estado a ciudadanos. Los egipcios quieren pasar de un régimen autoritario y corrupto a un gobierno responsable ante los ciudadanos y transparente. Al igual que en Túnez los problemas económicos están en el horizonte de estas peticiones. Por tanto, es muy posible que la situación se desarrolle de manera análoga a la de Túnez, pero todo dependerá de la estrategia y el comportamiento del ejército. El régimen egipcio es un régimen militar, a diferencia del tunecino. En Egipto, por tanto, son los militares los que tienen las riendas y decidirán quién operará la transición. Además, Egipto ocupa un puesto crucial en el equilibrio de las fuerzas internacionales de la región. Si los Estados Unidos declaran no querer tomar una posición, acabarán ciertamente por pesar en los juegos, dirigir al país hacia una transición sin caos y preservando la alianza entre los Estados Unidos, Egipto e Israel.

Los acontecimientos tunecinos eran más bien inesperados, tanto por parte de los medios de comunicación como por las diplomacias internacionales. ¿El régimen tunecino era verdaderamente tan estable como se pensaba?

La estabilidad del régimen se apoyaba en tres grandes pilares: ante todo la policía, que aseguraba el orden, y, por encima de la policía, la policía política, que a través del Ministerio del Interior garantizaba la subyugación de la sociedad civil a través de la represión violenta de toda oposición. El segundo pilar del régimen era el RCD (Grupo Constitucional democrático), heredero del PSD (Partido Socialista del Destour de Habib Bourguiba). El RCD, con sus células integradas en todas las instituciones del país, tenía un papel de control y de gobierno de las poblaciones para movilizarse en favor del régimen de Ben Ali. El tercer pilar era el apoyo externo de los Estados Unidos, de la Unión Europea y particularmente Francia. Los tres pilares se han tambaleado ante el poder de la revolución de masas que ha unido contra el régimen a todos los tunecinos de todos los tipos sociales y sin distinción de ningún tipo, y gracias al ejército que se negó a jugar un papel represivo (al contrario de lo que había sucedido en Irán en 2010). El pilar más difícil de vaciar es el partido, que está a la cabeza del Estado desde su independencia. En algunos momentos la policía continúa además interviniendo mediante la repetición de las prácticas del régimen de Ben Ali. Por lo tanto, permanece abierta la pregunta sobre el futuro de estos dos pilares, pues aunque Túnez efectivamente ha puesto en marcha una verdadera revolución entre diciembre el 17 de diciembre de 2010 -la fecha de inmolación de Mohamed Bouaziz- y el 27 de enero de 2011 -fecha de la erección de un gobierno de transición privado bajo la presión de calle, la mayor parte de los hombres del antiguo régimen- todavía no sabemos si se trata de un verdadero cambio de régimen político.

Los medios de comunicación presentan inicialmente los disturbios que llevaron a cabo la fuga de Ben Ali como el resultado de una crisis generacional (la desesperación de los jóvenes) y socio-económica (aumento de los precios). En su opinión, ¿esta interpretación es suficiente para explicar la situación o se puede hablar de un sobresalto de la sociedad civil y de una instancia de democratización del Estado por parte de la población tunecina?

La crisis económica ha puesto de manifiesto una profunda crisis social y política, a la cual el régimen no ha prestado atención. Europa es el primer mercado al cual está vinculada la economía tunecina, golpeada plenamente por la crisis económica de 2008. El crecimiento en Túnez se ha incrementado aproximadamente un 5% de la primera década del 2000 al 3% de estos últimos dos años. El desempleo entre los jóvenes licenciados se ha agravado. Desde el 2008, la región de la zona minera de fosfatos en torno a Gafsa -en el sur de Sidi Bouzid y Kasserine, dos ciudades cuyas poblaciones han jugado un papel destacado en la revolución- ha sido el escenario de distintas protestas de carácter económico y social. Dicho esto, el tema económico estaba estrechamente vinculado con una cuestión política, la de la corrupción y sus efectos. La apertura de Túnez a la globalización económica ha ido acompañada por prácticas de corrupción: el ex presidente Ben Ali y su comitiva familiar se han apropiado ilegalmente de numerosas empresas privatizadas, y la corrupción existente a todos los niveles del estado se ha convertido en una fuente de descontento.

Se ha verificado una verdadera ruptura entre el Estado y los tunecinos. Por otro lado, se puede ver que las manifestaciones a menudo se han organizado ante los palacios que representan al estado y al RCD, y que algunos de ellos han sido destruidos u ocupados por los manifestantes. Más allá de la crisis económica y de los problemas de corrupción, hay un deseo de ciudadanía por parte de los tunecinos, es decir una aspiración a ser verdaderamente representados en el plano político y tener gobernantes responsables ante el pueblo. La revolución tunecina se ha jugado en los temas de un nuevo proyecto nacional, de la ciudadanía y de la libertad. Ahora estamos mucho más allá de un nacionalismo que se definía en relación a otra cosa (el colonizador y Occidente) o a través de ciertas ideologías. Se trata de un proyecto de renovación política interna que se refiere a valores universales, como lo demuestra un lema que a menudo se ha oído durante las manifestaciones, «shughl, hurriyya, karâma wataniyya», es decir, «trabajo, libertad, dignidad nacional».

Cuando se habla de los países de Oriente Medio suele pensarse que la única oposición real a los regímenes en el poder está constituida por los islamistas. Los hechos tunecinos parecen desmentir esta convicción. Una situación similar, ¿podría repetirse en otros países de Medio Oriente? ¿Es posible reconducir lo que está sucediendo en Egipto al ejemplo tunecino?

En Túnez, el movimiento islamista Al-Nahda ha sido una fuerza de oposición muy potente. Ha sido reprimido muy severamente bajo Bourguiba y después bajo Ben Ali, en particular después de haber obtenido el 17% de los escaños en las elecciones de 1989, cuando sus miembros se presentaron como candidatos independientes. El régimen tunecino ha recurrido a la amenaza del "escenario argelino" para justificar la brutal represión de los islamistas. He aquí por qué el movimiento islamista ahora es mucho más débil. No ha participado en cuanto movimiento político en las manifestaciones. Es posible que haya ejercido cierta cautela estratégica, no queriendo ser utilizado por el gobierno de transición como nuevo pretexto para no pasar al pluralismo. El gobierno formado el 27 de enero de 2011, sin embargo, ha abierto su participación en el proceso político. Por otra parte, Rashid al-Ghannouchi, el líder histórico de Al-Nahda, que volvió a Túnez el 30 de enero de 2011, ha declarado que no quiere modificar el Código del estatuto personal que garantiza los derechos de la mujer tunecina, y que su propósito no es establecer la sharía en Túnez. Ha comparado explícitamente su movimiento al de los islamistas del AKP en Turquía y se ha declarado a favor de una transición democrática. El panorama político tunecino sigue siendo incierto, pero parece que estará constituido por partidos de oposición de izquierda, progresistas, democráticos y nuevos partidos que piden ser autorizados.

Los islamistas, por lo tanto, no son ciertamente los únicos ni los más importantes opositores políticos, y seguramente tendrán que adaptar su programa político a la situación actual, en particular proponiendo soluciones a los grandes problemas económicos y sociales. Sin embargo, no debe ignorarse el componente islámico en el juego político, pero no hace falta exagerar su importancia, como hacen en cambio numerosos observadores en Europa y en Estados Unidos, que incluyen una dicotomía a menudo utilizada por los que apoyaron el régimen de Ben Ali: o la dictadura o los islamistas. Pero me parece en cambio que el paradigma ha cambiado radicalmente y que esta dicotomía ya no tiene razón de ser ante las demandas de un cambio radical en el tipo de gobierno proveniente del pueblo tunecino. En Egipto, los Hermanos Musulmanes están más enraizados y han tenido siempre, a pesar de la represión, márgenes de maniobra más importantes respecto a los concedidos al movimiento islamista en Túnez, pero tampoco ellos fueron los únicos opositores al régimen de Mubarak. Además, recientemente han moderado su propio discurso, pero no en el mismo sentido de los islamistas tunecinos. Es posible e incluso probable que el mismo cambio de paradigma esté en curso en Egipto.

Desde la época de Bourguiba, el Estado de Túnez ha puesto fin a su relación con el islam subordinando este último a un control muy estricto. Aunque sea probablemente demasiado pronto para un análisis profundo sobre este tema, ¿es posible que el cambio de régimen induzca a cambios en la relación entre el Estado y el islam?

Efectivamente, el Estado de Túnez ha subordinado al islam a su propio control tanto a nivel institucional como a nivel de las interpretaciones del islam que ha podido producir. La Constitución tunecina afirma que el islam es la religión del estado. En los últimos años, el control del islam se ha hecho todavía más rígido, lo que ha producido numerosas tensiones entre la población tunecina devota, que quiere practicar libremente el islam y que está influenciada por el islam de los canales de satélite del Golfo. El régimen de Ben Ali ha tratado en vano recuperar en provecho propio la componente religiosa mediante la creación de una emisora de radio islámica. La cuestión de la libertad religiosa y del papel del Estado respecto a las religiones volverá a emerger sin duda en los debates constitucionales o en otros contextos, si es que se dan. Nos podemos preguntar si una reforma constitucional considerará la cuestión. El escenario más probable es que el islam permanecerá siendo la religión del estado, pero que la cuestión del lugar del islam en la sociedad tunecina será objeto de debates y de desacuerdos. Lo cierto es que la interpretación liberal y modernista del islam hecha por Bourguiba ha dejado una huella indeleble en la sociedad tunecina y en los mismos islamistas. Por esta razón no creo que se pueda verificar en Túnez una presión islamista comparable a la que caracteriza a otros países de la región.

En cambio, ¿es posible que a largo plazo los islamistas egipcios busquen asumir la guía de la transición cultivando ambiciones hegemónicas? ¿Qué papel podrá tener en este aspecto la mezquita-universidad de Al-Azhar que, hasta hoy, ha ofrecido una interpretación "oficial" del islam?

Los Hermanos Musulmanes egipcios representan una parte importante de la oposición, pero no son los únicos en el ajedrez político. También la izquierda y los liberales forman grupos importantes. Por el momento los Hermanos Musulmanes mantienen un perfil bajo, estrategia que permite no ahuyentar a los posibles oponentes. Sin embargo, no se trata sólo de una buena posición estratégica. No todos los Hermanos Musulmanes buscan necesariamente un poder hegemónico, y muchos de ellos han moderado fuertemente su discurso. También dentro de los Hermanos Musulmanes existen oposiciones y ellos no representan necesariamente un grupo homogéneo. En el conjunto quieren participar políticamente, es decir, gobernar. Tienen por tanto necesidad de un sistema político que asegure la alternancia y no un nuevo autoritarismo que podría dañarles una vez más. El ejemplo del AKP turco puede proporcionarles un modelo. En cualquier caso, hoy éste es el modelo del líder histórico de los islamistas tunecinos, Rashed al-Ghannushi.

Al-Azhar, institución oficial del islam egipcio, ha sido siempre fiel al Estado y responde en general a sus demandas. Los grandes Ulemas del islam suní egipcio se adaptan a las eventuales presiones del Estado y saben dejar aparecer sutilmente su desacuerdo con las políticas oficiales. Si los Hermanos Musulmanes llegasen a gobernar, al-Azhar se mostraría fiel a esta línea oficial, que también puede depender en gran medida de la personalidad de su Gran Imán. Si se produjese una verdadera transición hacia la democracia -pero estamos lejos de ello por el momento- al-Azhar podría convertirse en una verdadera caja de resonancia de las diferentes corrientes religiosas en la vida de Egipto y expresar públicamente su propia diversidad religiosa e intelectual, lo que hasta ahora no siempre le ha sido permitido.

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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Fernando de Haro

CESAL es una de las ONG españolas más consolidadas en España de las que se dedican a la cooperación internacional. paginasdigital.es conversa con Pablo Llano, su director general, sobre el valor de su experiencia para la construcción de una sociedad en la que sea cada vez más frecuente un diálogo real, sobre la relación más adecuada entre Estado y sociedad civil. Abordamos también el reto de la migración y le pedimos que nos defina el mejor Gobierno para su labor.

CESAL es una ONG que desde hace más de 30 años viene trabajando en el campo de la cooperación internacional y de la intervención social. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La historia de CESAL se ha ido construyendo a través de personas apasionadas por la realidad del hombre y por el mundo. Desde la humildad de saber que no tenemos respuestas para todo pero con la certeza de tener una hipótesis que poner en juego y a través de la cual podemos afrontar el desafío de responder juntos a las necesidades y aspiraciones de tantas personas que no cuentan con oportunidades ni nadie que los acompañe en el camino.

De esta forma, nos hemos ido encontrando con personas, con iniciativas, con experiencias que nos han ayudado a conocer y a adentrarnos más en el corazón del desarrollo. Y también hemos ido tejiendo una red de relaciones que nos han mostrado la posibilidad de construir con cualquiera, siempre que se esté dispuesto a un diálogo abierto y sincero que no parta de prejuicios sino de un mismo deseo de aprender, de construir, de generar respuestas que responden a problemas reales de las personas. De esta forma, se han dado relaciones y alianzas inimaginables con personas e instituciones que desde orígenes y presupuestos diferentes comparten una misma pasión y un mismo interés

De esta experiencia, ¿qué puede tener valor como método y como contenido para el conjunto de la sociedad española?

En primer lugar, el diálogo sobre problemas reales que afectan a personas con un rostro identificable. No porque renunciemos a incidir en políticas públicas, al contrario, pero si el diálogo no parte de la realidad es fácil abstraer y reducir el diálogo a un debate ideológico.

En segundo lugar, hay un aspecto de método muy arraigado en la forma de trabajar de CESAL que considero que sería un bien en los debates sociales y políticos y es el “partir de lo positivo”. Existe un valor y una riqueza muy grande de la que partir, hay múltiples iniciativas que ya tratan de responder con creatividad y entusiasmo a los problemas que nos afectan. Y, en última instancia, la propia persona encierra un potencial muy grande que hay que ayudar a desvelar y desarrollar.

Si en lugar de amenazas viéramos oportunidades, provocaciones que nos ayudan a crecer y ser mejores, se generaría una cultura del encuentro más creativa y constructiva.

'Un Gobierno abierto a la sociedad civil, no ideológico y con sensibilidad social'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

P.D.

Entrevista a Juan Sánchez Corzo, presidente de la Compañía de las Obras, una asociación que engloba a iniciativas empresariales y sin ánimo de lucro en toda España.

La CdO es una realidad que agrupa desde hace ya algunos años a empresas y entidades no lucrativas. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La CdO es un lugar de encuentro entre personas y realidades de muy distintos ámbitos. Es un lugar en el que las distintas realidades se acompañan entre sí, se hace networking, se comparten experiencias, se producen encuentros, se imparte formación, nos ayudamos mutuamente... se amplían los horizontes, se recupera la ilusión por los quehaceres cotidianos. Uno de sus elementos originales, en efecto, es que entidades con y sin ánimo de lucro comparten el mismo patio, un mismo lugar común.

Son las obras asociadas las que sostienen en primer lugar esa tarea de construcción social, ya sea generando empleo y riqueza o ayudando a los menos desfavorecidos. En la CdO nos ocupamos de las obras asociadas o de quienes las promueven. ¿Cómo? Te pongo un ejemplo. Uno de los grandes déficits de la pyme española es la gestión, motivada en gran medida por la falta de experiencia y de conocimientos del pequeño y mediano empresario. Pues bien, desde hace algún tiempo venimos teniendo sesiones periódicas en las que un grupo de empresarios –en este caso del sector servicios–, compartiendo experiencias y necesidades y poniéndolas delante de un consultor de empresas, tratan de mejorar determinados aspectos de la gestión de la empresa (recursos humanos, tecnología, marketing, proyectos, internacionalización...). En el ámbito de las obras sociales, se encuentran con una cierta periodicidad para trabajar aspectos de su vida cotidiana, tales como, por ejemplo, el trabajo con voluntarios o la financiación de proyectos.

De esta experiencia, ¿qué crees que tiene un valor para el conjunto de la sociedad española?

Siempre que tenemos oportunidad, compartimos experiencias, incluso negativas, enriquece muchísimo y genera confianza. ¡Qué pocas veces nos ponemos realmente en juego con los demás y qué formalistas solemos ser! 

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

'Hace falta una nueva ciudadanía en el norte de África'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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