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11 DICIEMBRE 2016
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Elecciones a la Complutense: ¿Iturmendi por qué no?

M. Medina

El sesgo ideológico del rector es decisivo para la vida universitaria y decidir el voto por razones simplemente corporativas o "técnicas" supone falta de realismo. Para aquellos que tienen la vocación de construir una presencia social, más aún católica -es decir, capaz de favorecer la libertad de todos- en un espacio como la Complutense, la posición global de cada uno de los candidatos es decisiva. Al examinar a los seis aspirantes bajo este criterio, no utópico o individualista, sino de quien ya está construyendo una universidad plural, aparecen rápidamente algunas luces claras.

Carlos Andradas, catedrático de Álgebra, vicerrector de profesorado, mano derecha de Berzosa, es uno de los candidatos que tiene más posibilidades. Se quiere presentar como alguien limpio de polvo y paja pero es corresponsable de los errores del último rector, que son muchos. Su equipo se ha caracterizado por una gestión altamente ideologizada con consecuencias económicas nefastas. El período Berzosa-Andradas ha dejado la Complutense con una deuda de 150 millones, ha habido meses en los que nóminas han peligrado, los proveedores cobran con meses de retraso y es manifiesta la falta de material. Los fines de semana el campus se ha convertido en el lugar en el que se han celebrado con más impunidad botellones en Madrid. Entre 2003 y 2008 los gastos para la contratación de personal del equipo Berzosa-Andradas superaron en 192 millones lo acordado con la Comunidad de Madrid. Le reclamaron dinero en los tribunales pero los jueces no le han dado la razón. Por si fuera poco, el Tribunal de Cuentas ha detectado problemas en la gestión de la Fundación de la Complutense.

José Carrillo, hijo de Santiago Carrillo y catedrático de matemáticas, tampoco llega con pasado. Fue vicerrector con Berzosa pero abandonó el barco, según él confiesa "porque no se afrontaban las cosas desde una perspectiva progresista". O sea, Carrillo está más a la izquierda que Berzosa. Carrillo estuvo en el acto político celebrado por los sindicatos en la Facultad de Medicina en apoyo de Garzón en el que se dijo eso de que los jueces que juzgan al magistrado de la Audiencia Nacional eran cómplices de torturas.

Francisco Aldecoa, le gusta que le llamen Paxti, ex decano de la Facultad de Ciencias Políticas, es otro hombre de izquierdas. Critica a Berzosa por apoyarse en los antisistema. Y es sincero al afirmar que es socialista pero añade que "el hecho de tener una ideología no importa, el problema está en que hay que saber administrarla". Se presenta como un candidato de consenso y transversal. Una neutralidad que seguramente sólo es una buena intención.

Luis Perdices, el decano de Económicas, también se presenta como una alternativa a-ideológica y tecnocrática. "No soy ni de izquierdas ni de derechas. Las decisiones de un rectorado son técnicas", asegura. Una de sus banderas es obtener patrocinio privado. Pero detrás del tecnicismo de Perdices se esconde también una posición de izquierda, aunque algo críptica. El pasado 2 de febrero en una entrevista en el diario El País le preguntaron qué habría hecho si le hubiesen pedido espacio en la Universidad para el mencionado acto de apoyo a Garzón en el que se hizo escarnio de las instituciones democráticas y responde: "a lo mejor lo permitiría porque estoy a favor de la libertad y de que haya debate en la universidad, pero no asistiría. Prefiero no jugar a posicionarme políticamente". Eso es lo que Perdices entiende por no significarse políticamente, permitir un acto en el que se acuse a los magistrados del Tribunal Supremo de complicidad con la tortura.

Jesús Sánchez Lobato, catedrático de Lengua Española, se presenta como un regeneracionista. Acusa a Berzosa de haber dejado a la Complutense ideologizada pero tiene un perfil indefinido.

El sexto en litigio es José Iturmendi, decano casi eterno de la Facultad de Derecho. Iturmendi ha sido siempre un verso suelto, un católico tradicionalista que se ha caracterizado por mantener los viejos planes de estudio de los años 50, a pesar de todos los cambios. Es el único candidato claramente separado de la izquierda. Para los que desean un verdadero cambio en la Complutense, que no sea meramente tecnocrático y que no sea "criptosocialista", parece la opción más razonable. Sólo habría un motivo para dejarlo de lado y es que la falta de apoyos hiciera de él una opción marginal. Pero el respaldo de algunos sindicatos como CSIF y el terreno que ha ido ganando en las últimas semanas han eliminado ese riesgo. Así que ¿Iturmendi por qué no?

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