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3 DICIEMBRE 2016
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El descontrol del narcotráfico

Óscar Ortiz Antelo*

A pesar de los esfuerzos del Gobierno del presidente Evo Morales por disminuir la importancia de este caso y de procurar minimizar las funciones que cumplía el general Sanabria en el momento de su detención, la realidad es que éste es un caso muy grave que muestra una vez más el fracaso de la política gubernamental antidroga y la cada vez mayor penetración de peligrosos grupos internacionales no sólo en el país sino en las principales instituciones del Estado encargadas de combatir este delito.

El hecho de que este caso fuera descubierto por la DEA, sus principales protagonistas detenidos en Panamá y posteriormente trasladados a Miami, deja al Gobierno en una muy difícil situación, pues las principales investigaciones del caso y los detenidos más importantes no están bajo su control sino de la agencia estadounidense y de los jueces de ese país, con lo que el control del caso y la información que genere la tienen ellos y no las autoridades bolivianas.

No es la primera vez que efectivos y oficiales de la Policía Nacional aparecen involucrados en actividades directamente relacionadas con el narcotráfico. Peor aún, en los últimos meses han surgido evidencias de que oficiales de la institución han actuado por cuenta de capos que los han contratado para ajusticiar rivales. Sin embargo, este caso es el que ha involucrado a oficiales del más alto rango. Paradójicamente, los detenidos en Panamá y posteriormente en Bolivia eran los encargados de infiltrar a las mafias, para las que habrían terminado trabajando.

Extensos reportajes publicados por el periódico La Nación de Argentina (27-28 febrero 2011) muestran la estrecha relación existente entre el caso conocido en dicho país como el narcojet y redes delictivas que habrían provisto la droga detenida en Barcelona, desde Bolivia.

Cada vez con mayor intensidad los bolivianos asistimos a una escalada de la ola de violencia que desatan entre sí los cárteles internacionales que comienzan a operar en nuestro país. Por ahora, el común de los ciudadanos vemos estos horrendos crímenes como algo relativamente lejano que no afecta a la población local, con excepción de aquellos que se involucren directamente.

Hasta cuándo. No por mucho tiempo. Como podemos ver en las realidades de otros países latinoamericanos el poder corruptor del narcotráfico es ilimitado y su capacidad de sembrar violencia en la sociedad también. El Gobierno del presidente Morales no puede seguir tratando de tapar el sol con un dedo. El Estado boliviano está perdiendo el control sobre el país frente a estos grupos delictivos y el Gobierno es el responsable de evitar que esto ocurra.

*Ex presidente del Senado Nacional de Bolivia

**Publicado en El Deber el 2 de marzo de 2011

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