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9 DICIEMBRE 2016
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>Carta abierta a la comunidad universitaria

'La carta de Universitas es un ejercicio de ciudadanía frente a la inhibición'

¿Qué valoración le ha merecido la carta abierta de Universitas?

La democracia se hace día a día. A los que aprendimos a vivirla en nuestros primeros años universitarios, haciendo en ella realidad el ejercicio de derechos y la crítica a su negación, nos preocupa el ambiente de atonía dominante entre los que se la han encontrado ya instalada. Quien no se comporta como ciudadano dentro de la Universidad, respetando los derechos ajenos y no tolerando que se atropellen los propios, difícilmente se comportará como ciudadano fuera de ella. La carta me parece una muestra positiva de ese ejercicio de ciudadanía por parte de quienes deben ser conscientes de que están siendo tratados como privilegiados por una sociedad que atraviesa una fuerte crisis.

¿Cree que es cierto que en nuestras universidades hay un pacto de indiferencia? ¿Cómo puede superarse?

Más que pacto hay inhibición. Un pacto implica decisión, que es lo que se echa de menos. Es precisa una inyección de coraje cívico. Quien no valora sus propios derechos siempre tendrá una excusa para aceptar verlos conculcados. No tiene sentido permitir que se degrade la vida universitaria al verse protagonizada por quienes a la hora de argumentar sus posturas consideran que su representante más adecuado es un payaso de importación. Ya puestos, que llamen a Torrente. El fascismo no es tanto una ideología como una catadura moral, traducida en la incapacidad de respetar los derechos ajenos. Lo puede haber tanto a la derecha como a la izquierda; sobre todo si la identidad de esa izquierda consiste en creerse con derecho a insultar a quien etiqueten como derecha.

¿Cómo pueden tutelarse de un modo adecuado los derechos fundamentales en el ámbito universitario?

Para empezar, tomándose en serio sus instituciones. No es casual que en la Complutense se produzcan conductas impensables en otras universidades, ya que se ha permitido el lujo de tener un rector que aparenta no haber leído la Constitución. Ya lo dejó claro cuando, en vez de respetar la opción legal entre prometer o jurar los cargos impuso por sus pistolas que se jurara sin la biblia, inaugurando así un curioso Índice de Libros Prohibidos. Eso de inventar el juramento "sin" es menos propio de un rector que de un manager de la Coca-Cola. A nadie puede extrañar que luego haya venido todo lo demás.

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