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10 DICIEMBRE 2016
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Lecciones de una derrota en la Universidad Complutense

M. Medina

Ya fue sorprendente que Iturmendi pasara de la primera vuelta. El Gobierno de la Comunidad de Madrid no ha querido implicarse en las elecciones de la Complutense. En una actitud difícil de entender, el PP madrileño prefería que ganase la izquierda para "aumentar las contradicciones internas" de una Universidad que está fuertemente endeudada y que ha tenido dificultades para pagar las nóminas. Después de una gestión desastrosa del anterior rector, Carlos Berzosa, el PP regional prefería que los cascotes del derribo cayeran sobre la izquierda. Es una posición que se explica porque el Gobierno regional está convencido de que las universidades públicas no tienen futuro y prefieren impulsar algunas iniciativas privadas que permitan alcanzar con más facilidad de forma rápida altos niveles de excelencia. Eso ha provocado que el equipo de Esperanza Aguirre no haya apoyado ni a Iturmendi ni a otros candidatos con más posibilidades, más centrados. Es paradójica la falta de interés de la Comunidad de Madrid por unas elecciones de alto contenido político no sólo para la Complutense.

El cambio de rector en esta institución siempre se ha considerado como un síntoma de cambio de ciclo político en toda España. Con esta falta de apoyo se lanzaba Iturmendi al ruedo. No era el mejor candidato posible del centro-derecha y ha competido con una mano atada a la espalda. El tercer candidato más votado, Carlos Andradas, siguió en el equipo rectoral hasta el último momento con todas las ventajas que eso implica. Que Iturmendi haya obtenido los resultados que ha conseguido en estas circunstancias significa que algo ha cambiado. Se ha abierto un espacio en un entorno dominado por una izquierda muy sectaria y en el que muchos profesores pensaban hasta hace poco que "el color" del rector les resultaba indiferente porque el criterio del voto debía de estar determinado por las ventajas corporativas que se podrían obtener. Hasta estas elecciones no parecía relevante la falta de un auténtico pluralismo en la Complutense. Muchos estaban dispuestos a votar a los enemigos de ese pluralismo siempre que se les garantizaran algunos recursos.

La campaña, que ha sido muy dura, ha introducido un interesante debate. En la vida universitaria el criterio último no puede ser que se garantice cierto status quo de profesores y personal no docente. La libertad real cuenta. Los cambios tardan en llegar. Pero es evidente que Iturmendi, al que muchos han votado sin sentir por él ninguna simpatía -más bien rechazo-, ha recogido un respaldo muy transversal: el de los que creen en la universidad pública y quieren superar el conformismo. Esas energías que se han movilizado pueden convertirse en un intenso movimiento asociativo que mantenga activo la lucha por algo diferente. Mejor así, desde abajo. Sin tutelas.

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