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9 DICIEMBRE 2016
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>Manifiesto CL elecciones autonómicas y municipales

No pidamos a los políticos esperanza, construyamos la casa

Teresa López López, vicepresidenta de Acción Familiar

Pero no podemos olvidar que "toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acto (...). Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas o económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve entonces abocada a quedar sin esperanza" (Spe Salve).

No pidamos a los políticos que nos den un verdadero motivo para la verdadera esperanza, ellos no pueden hacerlo. Pidamos que nos respeten y permitan vivir conforme a nuestras creencias y valores más profundos y desarrollen políticas públicas que favorezcan una sociedad más humana, en la que la persona sea el centro de sus decisiones. Políticas que creen empleo y que permitan a las familias manejar su propio futuro sin tener que depender de las ayudas públicas, políticas públicas que protejan a los más desfavorecidos y sean solidarias con los más débiles -mayores, dependientes, enfermos, etc- y políticas que, como dice el manifiesto, permitan recuperar el protagonismo de la sociedad civil.

Para ello parece evidente que es necesario apoyar a aquellas formaciones políticas que respeten la vida y favorezcan a la familia, que permitan ejercer la libertad de educar, que creen empleo y que tutelen la libertad religiosa. Sólo una sociedad cohesionada y comprometida con aquello en lo que cree será capaz de prosperar. Esto exige formación, espíritu crítico y valores, y quizá estos tres elementos cada vez están menos presentes en algunos de nuestros jóvenes. Para que la sociedad civil recupere protagonismo es necesaria más y mejor educación. Los mejores políticos son aquellos que creen que la primera responsable de la educación es la familia y trabajan para ayudarla a desempeñar su función educativa de la manera más eficiente posible, atendiendo de manera subsidiaria aquellas facetas que ellas no desempeñen correctamente.

Igualmente el protagonismo de la sociedad civil exige que todos nos sintamos parte de ella, nos identifiquemos con sus principios y valores e igualmente nos sintamos respetados en todas las facetas de nuestra vida. Y aquí el respeto a las creencias es fundamental, parece pues imprescindible, especialmente en este momento, el respeto y la protección del derecho a la libertad religiosa. No es verdad -lo que algunos quieren hacernos creer- que la fe es un asunto estrictamente privado que tengamos que ejercer sólo dentro de nuestros hogares. La fe forma parte de la integridad de la persona y no podemos ser creyentes sólo cuando estamos en la intimidad. Lo somos en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida y por tanto, cuando esta fe no sólo no daña a otros sino que los respeta y acepta en su naturaleza de personas, debe poder ejercerse en libertad.

La realidad nos muestra que muchas personas han "tirado la toalla", están desesperadas porque la realidad que les está tocando vivir es difícil y les resulta casi imposible salir de ella. Necesitan nuestra ayuda, la de otros ciudadanos de esa ciudad común. Tenemos delante la oportunidad de trabajar para renovar nuestra esperanza y la de otros para confirmar que ésta siempre es posible, por muy malos que sean nuestros políticos. Podremos perder la esperanza en algunos de ellos pero nunca debemos perderla en las personas y en un futuro mejor que debemos construir entre todos. Esto pasa por elegir a los mejores, no nos debe valer cualquier político.

Para construir bien hacen falta personas que crean necesario construir la casa. Sólo aquellos que creen en lo que hacen son capaces de construir. Necesitamos políticos que crean en esa ciudad común, lo que exige creer en la persona; políticos que planifiquen bien para construir con buenos materiales que puedan soportar posibles terremotos; políticos que cuenten en su cuadrilla con buenos albañiles que no se lleven los materiales; y en definitiva políticos que crean de verdad que todos y cada uno de los que formamos esa ciudad común tenemos el valor que nos imprime el hecho de ser personas.

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