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9 DICIEMBRE 2016
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Contra la precariedad

Mario Mauro

La media europea, de hecho, ha alcanzado el 28,6% en el mes de marzo. Esta preocupante tendencia nos hace esperar un cambio de marcha que no puede limitarse, como en el caso de las instituciones europeas, a incentivos y medidas genéricas orientadas a contrarrestar el desempleo. Para dar una respuesta real y concreta a los reclamos de la juventud española, "queremos que los políticos se preocupen de nuestra vida", es necesario resolver las posibles distorsiones y equívocos de tipo ideológico. Sobre todo, es un profundo error dar por descontado que la flexibilidad genere empleo precario. Si fuera así, sobre la flexibilidad y la competitividad se habría tomado una actitud equivocada cuya única consecuencia sería la transformación de una generación esperanzada en una generación de esclavos.

"La naturaleza única de la sociedad es común a los de arriba y a los de abajo. Los proletarios, sin duda alguna, son por naturaleza tan ciudadanos como los ricos, es decir, partes verdaderas y vivientes que, a través de la familia, integran el cuerpo de la nación, sin añadir que en toda nación son inmensa mayoría. Por consiguiente, siendo absurdo en grado sumo atender a una parte de los ciudadanos y abandonar a la otra, se sigue que los desvelos públicos han de prestar los debidos cuidados a la salvación y al bienestar de la clase proletaria; y si tal no hace, violará la justicia, que manda dar a cada uno lo que es suyo. Sobre lo cual escribe sabiamente Santo Tomás: «Así como la parte y el todo son, en cierto modo, la misma cosa, así lo que es del todo, en cierto modo, lo es de la parte». De ahí que entre los deberes, ni pocos ni leves, de los gobernantes que velan por el bien del pueblo, se destaca entre los primeros el de defender por igual a todas las clases sociales, observando inviolablemente la justicia llamada distributiva". Este pasaje de la Rerum Novarum de León XIII suena como una advertencia que seguimos sin escuchar 120 años después.

Hace falta una mentalidad nueva, en la que todos, instituciones, empresas y trabajadores, se puedan reconocer plenamente. No son sólo augurios basados en simples suposiciones teóricas, sino algo que podemos encontrar en algunos países europeos, sobre todo Alemania. Mientras que en toda Europa aumenta el desempleo, en Alemania disminuye, no por una razón específica, sino por asociar a ese círculo virtuoso a emprendedores en virtud de la responsabilidad de todos los actores en juego. 

Transformar la flexibilidad en el mundo laboral, que debería ser la ocasión, desde el punto de vista cultural, para unir las razones del trabajo con las razones de la competitividad, se está convirtiendo casi genéticamente en una actitud de deslealtad en la colaboración entre empresas e instituciones en busca del bien común. Esto da lugar a una hipoteca de los deseos de una generación que termina viviendo dividida respecto al fruto de su propio trabajo y al propio proyecto de vida, una generación incapaz de tener esperanza. La alternativa no es tanto la mentalidad del trabajo fijo sino la capacidad de las empresas e instituciones para generar confianza en personas que, después de ser puestas razonablemente a prueba, pasan a ser consideradas a todos los efectos socios de la actividad empresarial y protagonistas apasionados de la convivencia civil.

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