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21 NOVIEMBRE 2017
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Bob Dylan sigue buscando respuestas a los setenta

Enrique Chuvieco

Con sus siete décadas en la mochila, Dylan se sigue zafando de su leyenda para reinventarse, como lo ha hecho repetidamente, y continúa su marcha sin desvelar cuál es su pulsión interior actual. Recluido en su silencio ante el mundo, ha ido viviendo con esa tensión que le ha llevado a apostar por muchos y variados caminos personales y musicales en sus cerca de 50 años de vida artística en los que ha alumbrado alrededor de medio centenar de álbumes de estudio (el último uno de villancicos en 2009), otros en directo, a obtener el reconocimiento en distintos premios, entre ellos el de las letras francesas y el Príncipe de Asturias, y al que han querido nominar para el Nobel de Literatura.

Más allá de su casi gangosa voz nasal y de su estilo discursivo en sus canciones que le han hecho inigualable y, en los primeros años, incomprendido (en 1962 saca su primer disco, Bob Dylan, y vende 5.000 ejemplares. Simon y Garfunkel ironizaron su estilo en un tema), este judío universal ha apostado fuerte por renovar la música popular del siglo XX y dotarla de contenidos vitales y sociales. Ya desde el inicio de su carrera, marcaba su rumbo por expresar musicalmente lo que llevaba dentro y veía a su alrededor: "Lo que pasaba con el rock'n'roll para mí no era suficiente. Había muy buenas frases pegadizas y un ritmo contagioso, pero las canciones no eran serias o no reflejaban la vida de un modo realista. Sabía eso cuando me metí en la música folk, era una cosa más seria. Las canciones estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural, y tenían sentimientos más profundos".

Su apuesta por seguir los pasos de los grandes "folkmen", como Woody Guthrie (del que diría: "Puedes escuchar sus canciones y aprender a vivir"),  Pete Seeger y otros le llevó a vivir comprometido con muchas causas, como los derechos civiles de los negros del Sur, entre otras, al tiempo que conservaba su autonomía de juicio y no sucumbía a posiciones maniqueas porque conocía la amalgama de bien y mal que anida en cada uno de nosotros, como demostró ebria y airadamente durante la entrega en 1963 del premio Tom Paine, del Comité Nacional de Emergencia de las Libertades Civiles, alegando ver algo de sí mismo y de todos los hombres, incluidos los miembros de dicha institución, en el supuesto asesino de Kennedy (el crimen del presidente estadounidense se había producido en fecha reciente).

Dispuesto siempre a ser protagonista, cambió su sonido original de voz, guitarra y armónica incorporando instrumentos eléctricos, con la crítica subsiguiente de los puristas del folk. Dylan había aparecido previamente en el Newport Folk Festival en 1963 y 1964, pero en esta ocasión se topó con una mezcla de vítores y abucheos, y tras interpretar tres canciones abandonó el escenario. De igual modo, en mayo de 1974 salvó la inasistencia popular al homenaje de varios artistas a Salvador Allende anunciando su participación, lo que precipitó que se vendieran todas las entradas.

Conversión al cristianismo

Autodidacta y abierto a todo, Dylan coqueteo con todo tipo de experiencias, incluso con las drogas, compartió su vida con varias mujeres (se casó con dos con las que ha tenido cinco hijos) y rastreó la veracidad de las respuestas al sentido de su vida que le ofrecía el ambiente. Fue educado en el judaísmo y ha mantenido su sentido trascendente -como demuestra la anterior alusión a los mensajes de la música folk- y por su posterior conversión al cristianismo, materializada a finales de los setenta tras confrontar sus objeciones con varios sacerdotes. Ésta no vino por una depresión motivada por un accidente de moto que tuvo, como argumentan algunos detractores que ven en estas vueltas a la religión de algunos artistas signos de debilidad mental y antesalas depresivas: "Lo estaba haciendo todo bien -ha subrayado más tarde-. Estaba contento. Algunos amigos mencionaban cosas sobre Jesús. Mucha gente piensa que Jesús llega a la gente cuando están deprimidos o se sienten miserables. Ésa no fue la forma en que llegó a mí". Lo sucedido lo contó sin arrobos durante un concierto en 1980 del siguiente modo: "Jesús me dio unos golpes en el hombro; me dijo: ‘Bob, ¿por qué te resistes a mí?'. Yo dije: ‘no me estoy resistiendo'. Entonces me preguntó: ‘¿Vas a seguirme?'. Yo dije: ‘Bueno, no lo había pensado'". 

Por esta posición, Dylan sufrió el ataque de muchos, incluso ninguneando sus discos de aquella época, como Slow train coming, Saved y Shot of love, a los que respondería con esa altiva elegancia de quien es libre y le traen al pairo los comentarios: "Años atrás decían que yo era un profeta. Yo decía: ‘No, no soy un profeta', y ellos dicen: ‘sí, lo eres, eres un profeta'. Y yo contestaba: ‘No, no soy yo'. Ellos decían: ‘Seguro que eres un profeta'. Me convencían de que era un profeta. Ahora vengo y os digo que Jesús es la respuesta. Y ellos dicen: ‘Bob Dylan no es un profeta'. Simplemente, no pueden manejarlo".

Todo un personaje del que desconocemos su fuero interno actual, pero al que imaginamos libre y atento a lo que suscita la realidad y dispuesto a seguir buscando y profundizando las respuestas en el viento; aquellas a las que desgraciadamente no esperó la impaciencia de Salvador y a las que se refirió en 1997 Juan Pablo II cuando glosó su Blowin' in the wind ante cerca de 300.000 personas y antes de escuchar al cantante más influyente del siglo XX en el Vaticano: "Hace poco un representante vuestro ha dicho que la respuesta a las preguntas de vuestra vida ‘está soplando en el viento'. ¡Es verdad! Pero no en el viento que todo dispersa en los remolinos de la nada, sino en el viento que es soplo y voz del Espíritu, voz que llama y dice ‘¡ven!' (cfr Ap 22, 17). Me habéis preguntado: ¿cuántos caminos tiene que recorrer un hombre para poderse reconocerse como hombre? Os contesto: ¡uno! Uno solo es el camino del hombre, y éste es Cristo, que ha dicho ‘Yo soy el camino (Jn 14,6). Él es el camino de la verdad, la calle de la vida". Y el Papa concluyó: "mi augurio es que vosotros también podáis, con Simón Pedro y los otros discípulos, encontrar a Cristo para decirle: ‘Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna' (Jn 6, 67). Sí, Jesús tiene palabras de vida eterna".

Blowin' in the wind

¿Cuántos caminos una persona debe de caminar

antes de que lo llames un hombre? ¿Cuántos mares una paloma blanca debe de avegar

antes de que duerma en la arena?

¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón

antes de que sean prohibidas para siempre?

La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,

la respuesta está soplando en el viento.

 

¿Cuántos años puede existir una montaña

antes de que esté descolorida por el mar?

¿Cuántos años puede la gente existir

antes de que se les sea permitida la libertad?

¿Cuántas veces un hombre puede voltear la cabeza

pretendiendo que no ve?

La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,

la respuesta está soplando en el viento.

 

¿Cuántas veces un hombre debe de alzar la vista

antes de que pueda ver el cielo?

¿Cuántos oídos debe tener un hombre

antes de que pueda escuchar a la gente llorar?

¿Cuántas muertes tendrán que pasar hasta que sepa

que ha muerto mucha gente?

La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,

la respuesta está soplando en el viento.

 

Like a rolling stone (como piedra rodante)

Había una época en la que vestías tan elegante,

arrojabas monedas de diez centavos a los vagabundos,

en la primavera de tu vida, ¿no es así?

La gente te decía: ''ten cuidado muñeca, te vas a caer'',

pensabas que estaban jugando contigo.

Solías reírte de todos los que te rodeaban,

ahora ya no hablas tan alto,

ahora ya no pareces tan orgullosa

de tener que mendigar para tu próxima comida.

 

¿Cómo se siente?

¿Cómo se siente?

Estar sin un hogar

como una completa desconocida,

como una piedra rodante.

 

Has ido a los mejores colegios, de acuerdo, señorita solitaria,

pero sabes que sólo lo usaste para aprovecharte,

y nadie te enseñó nunca cómo vivir en la calle,

y ahora descubres que tendrás que acostumbrarte a hacerlo.

Decías que nunca te comprometerías

con el misterioso vagabundo, pero ahora te das cuenta

que no vende ninguna coartada,

mientras miras fijamente el vacío de sus ojos

y le dices: ¿quieres hacer un trato?

 

¿Cómo se siente?

¿Cómo se siente?

Estar por tu propia cuenta

sin dirección a casa

como una completa desconocida

como una piedra rodante. 

 

Nunca te diste la vuelta para ver los ceños fruncidos de los malabaristas y los payasos

que hacían sus trucos para ti.

Nunca comprendiste que eso no estaba bien, 

no debiste permitir que otros se dieran patadas para divertirte.

Solías montar en el caballo cromado con tu diplomático,

que llevaba sobre su hombro un gato siamés,

¿no fue duro cuando descubriste que desapareció después de robarte todo lo que pudo?

 

¿Cómo se siente?

¿Cómo se siente? 

Estar por tu propia cuenta

sin dirección a casa

como una completa desconocida

como una piedra rodante. 

 

La princesa en la torre y toda la gente bonita bebiendo, pensando que han triunfado.

Intercambiando toda clase de preciosos regalos y cosas.

Pero más vale que tomes ese anillo de diamantes y lo empeñes, nena.

Tú que solías divertirte tanto con el haraposo Napoleón y con el lenguaje que usaba.

Ve con él ahora, te llama, no puedes negarte,

cuando no tienes nada, no tienes nada que perder,

eres invisible ahora,

no tienes secretos que ocultar.

 

¿Cómo se siente?

¿Cómo se siente?

Estar por tu propia cuenta

sin dirección a casa

como una completa desconocida.

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