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5 DICIEMBRE 2016
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¿Qué cambio para Portugal?

Raquel Abecasis y Rosário Lupi (Lisboa)

De ahora en adelante, la tarea es alcanzar las metas del acuerdo firmado con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, con etapas y plazos muy bien definidos. El objetivo es resolver los problemas que motivaron la actual tutela externa, una tarea que ya en dos ocasiones anteriores, en los 70 y en los 80, el país superó con éxito.

La campaña electoral que precedió a estas elecciones culminó en un proceso en el que los portugueses, acostumbrados a dejarse llevar por quien los gobierna, fueron obligados a confrontarse con la realidad, que venía siendo sistemáticamente encubierta por la clase gobernante. Los recursos son limitados, no existen las panaceas, no es posible seguir alimentando un estado que ha crecido desmesuradamente. Durante años se ha vivido por encima de las posibilidades y la única salida es reducir el consumo y trabajar más y mejor.

Ha sido necesario que la población anónima, sometida a crecientes sacrificios económicos, se diera cuenta del profundo efecto nefasto que una política sistemática de mentira y de falta de ética estaba provocando en todos los ámbitos de la sociedad.

Si bien las cifras de la abstención (40%) no permitan demostrarlo empíricamente, la campaña electoral y la crisis política y económica que la antecedieron se convirtieron en una ocasión de la recuperación del interés por la vida política y por la conducción del bien común por parte de la sociedad civil.

De esta manera, parecen haberse abierto caminos que hasta hoy estaban cerrados. Por un lado nace la esperanza de que sea posible realizar un conjunto de reformas económicas y sociales que se vienen retrasando desde hace mucho tiempo; por otro lado, no debemos excluir que en este nuevo ciclo político se introduzca una nueva oportunidad para discutir los temas de vida y de familia, y que se puedan así limitar algunos de los daños infringidos.

Pero el principal reto está en que cada uno, partiendo de su deseo, más o menos confuso, de cambio y de realización personal, pueda ir más hasta el fondo en la capacidad de ser protagonista de su propia historia. La constatación de que no es la política, por sí misma, la que puede asegurar la esperanza de un pueblo es una gran oportunidad de despertar de un modo aburguesado de vivir, estando disponibles para un camino hecho en compañía, en el cual la única condición indispensable es la libertad.

Traducido por Javier Gavilanes

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