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10 DICIEMBRE 2016
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El sonido del cambio

Fernando de Haro

Como sabía que gran parte de su discurso no iba a llegar al gran público, ha lanzado dos mensajes fácilmente digeribles por todos: los días festivos se trasladan al lunes y el bachillerato se amplía a tres años. Se acabaron los puentes, hay que ponerse a trabajar duro. Hay que volver a estudiar en serio. Realismo y más realismo para hacer frente a la crisis. El planeta en el que vivimos no volverá a ser el mismo, "la España que hemos dejado atrás no va a volver, y esta vieja Nación tendrá que rejuvenecer su actitud". Por fortuna, el nuevo Gobierno parece dispuesto a superar el estatalismo. Según Rajoy, el sujeto del cambio es la sociedad: "la tarea del Gobierno no es suplantar a la Nación sino coordinar sus esfuerzos". Lo más positivo de la intervención: el reconocimiento de que "han de ser los españoles, y no el Gobierno, los motores del cambio, los protagonistas de la reforma"; y el apoyo decidido a las Pequeñas y Medianas Empresas, de las que depende el 80 por ciento del empleo. El tipo del 20 por ciento del Impuesto de Sociedades se aplicará a todas las empresas con menos de cinco millones de euros de facturación y se aplaza el pago del IVA hasta que cobren. Esto último va a suponer un alivio para centenares de miles de pequeñas compañías que no consiguen que les paguen y que deben adelantar el dinero a Hacienda. Se bonifica fiscalmente la reinversión de beneficios.

El hombre que estará al frente del Gobierno de España los próximos cuatro años ha sido muy previsible, como le gusta decir, al anunciar qué va a hacer para controlar el déficit, hacer una reforma laboral y sanear el sistema financiero. Se compromete a la estabilidad presupuestaria. A reducir el déficit hasta el 4,4 por ciento en 2012, que es lo que exige la UE. Y ha adelantado que el ajuste será de 16.500 millones de euros. La gran pregunta que no ha respondido es cómo piensa hacerlo. Zapatero para recortar 15.000 millones tuvo que congelar las pensiones, bajar el sueldo a los funcionarios y subir el IVA. Rajoy ha dicho que su intención es no subir el IVA. Pero la no incorporación de más funcionarios y la racionalización del gasto no le servirán para cuadrar las cuentas. Ha dado pistas: "el único compromiso" que va a mantener es el de revalorizar las pensiones. De lo que se deduce que habrá ajustes en muchos servicios públicos. El sector financiero en España no es sano por mucho que se ha dicho lo contrario durante años. La burbuja inmobiliaria ha dejado un agujero negro, difícil de cuantificar, que lastra la fluidez del crédito. Rajoy ha criticado la gestión del Banco de España y se ha comprometido a poner luz en las oscuridades de la banca y de las cajas. Ha apostado por las fusiones. Quiere evitar así la solución del llamado "banco malo" que se quedaría con los "activos tóxicos" y que le costaría dinero al contribuyente. En el frente laboral ha hablado de una reforma a fondo de la negociación colectiva, un lastre del franquismo que dificulta la creación de empleo. Ha sugerido que implantará un contrato único que acabe con los contratos indefinidos. Tienen una indemnización por despido tan alta que nadie quiere usarlos. Modificación que también sería histórica. Y para dar viabilidad al sistema de pensiones, apunta a que se utilizará toda la vida laboral del trabajador para calcularlas. Lo que, en la práctica, supone bajarlas. Pretende acabar con las prejubilaciones, una auténtica sangría de las arcas públicas: la edad media de jubilación es de 62,5 años cuando la legal ya se ha subido a 67.

A lo peor, cuando se compruebe el estado real de las cuentas públicas, Rajoy tiene que subir los impuestos, y recortar seriamente la sanidad y los servicios sociales. Pero al menos España retoma un rumbo concreto. El nuevo Gobierno está dispuesto a eliminar los obstáculos que había levantado la ideología y, sin ponerle nombre, apuesta por la subsidiariedad. Hay un lado negativo, el discurso permite pronosticar que el nuevo Ejecutivo va a estar centrado casi exclusivamente en la economía. Las medidas educativas son importantes: el impulso de la formación profesional en un país sin buenos técnicos es más que necesario y el bachillerato de tres años puede ayudar. Pero la mejora de la calidad de la enseñanza requiere una reforma muy profunda. La oposición, especialmente los maltrechos socialistas, han tendido la mano y han empezado a debatir sobre el mundo real y no sobre las ensoñaciones que llevaron al desastre. De ese modo han hecho que se oyera con más claridad el sonido del cambio.

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