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9 DICIEMBRE 2016
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Delacroix en Madrid (1798-1863)

Elena Simón

Una visión completa de la obra del pintor, recorriendo las diferentes etapas de su producción, inmejorable ocasión para ver obras emblemáticas como las famosas Mujeres de Urgel -que tanto inspiraron a Picasso- con todos los grandes lienzos orientalistas realizados por el artista tras su viaje a Marruecos, o  Grecia expirando sobre las ruinas de Missolonghi, obra destinada a una gran exposición en beneficio de los revolucionarios griegos -recordemos que Delacroix tomó partido, siguiendo a Byron, a favor de la independencia de Grecia en su lucha contra los otomanos-. Y también el boceto al óleo de la Muerte de Sardanápalo aparte de creaciones más desconocidas como su producción gráfica.

Dos conocidos autorretratos nos dan la bienvenida a las salas,  y nos adentran en el desconocido género retratístico de Delacroix. Un viaje a Inglaterra le permitió admirar a pintores de vanguardia como Constable y al retratista Lawrence, en cuyo taller trabajará. Allí aprenderá la técnica de la acuarela y hará una relectura del retrato inglés integrando la figura en el espacio circundante con ropas muy elegantes que destacan sobre el resto de la composición.

Con mucha frecuencia nuestro artista se inspirará en literatos clásicos como Dante o Shakespeare, pero también en escritores contemporáneos, lo que no estaba bien visto en la época, tales como W. Scott, Byron, Châteaubriend.  Buen conversador y melómano, se  movió en  círculos cultos con Baudelaire, Victor Hugo, Chopin o George Sand. Fue también muy amigo de Merimée y del polémico pintor Gericault (La Balsa de la Medusa).

Eugène Delacroix se había iniciado en las rígidas normas dibujísticas de la Academia neoclásica a la moda, en sus desnudos y copias clásicas. Sin embargo, sus auténticos maestros fueron el barroco del XVII y Rubens, con la mancha de color intensa y atractiva en movimiento, en todas las  sinuosas manifestaciones diagonales o helicoidales. También reconoció su pasión por Goya al que pudo contemplar en su viaje a Marruecos al paso por España "todo Goya palpitaba a mi alrededor".

Delacroix nos revelará en su célebre Diario, en el que  recoge  dieciocho años salteados de su vida, el  verdadero y vanguardista pensamiento estético que le mueve: rechaza el tema como principal preocupación de su arte y da prioridad a la materia, la luz y el color que son su motor artístico, en los que el espectador percibe lo máximo, la belleza que le atrae. El tema, según él, pasaba por el prisma de la fantasía, extraída de la naturaleza,  inspirada en obras maestras de otros artistas, o por textos literarias. Ésta era su decisión y por ello desechaba tanto el ideal neoclásico como el realismo.

Grandes óleos mitológicos y religiosos, dibujos, acuarelas, grabados, en fin, una exposición irrepetible que no podemos dejar pasar.

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