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17 OCTUBRE 2017
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>Desde el escaño

Son las ideas, estúpido

Eugenio Nasarre

Pero es el momento de empezar a mirar al largo plazo. Y lo que atisbo en ese horizonte, mientras atravesamos el duro desierto de la crisis, es una formidable batalla ideológica a través de la cual se va a diseñar el tipo de sociedad en la que viviremos en las próximas décadas. Sabemos ya que el escenario de la crisis es de larga duración y que muy pocas cosas serán como antes. Todos hemos visto en las excelentes películas históricas del cine británico cómo cambió la sociedad antes y después de la primera guerra mundial. Sin el carácter cruento de aquélla, también esta crisis está socavando elementos básicos del modelo social con que el vivió Europa tras la reconstrucción de las democracias después de la segunda guerra mundial. La crisis no es sólo económica y financiera sensu strictu. Afecta a la concepción del trabajo, a la familia, a las relaciones en la empresa, al papel y tamaño de los poderes públicos, a la naturaleza del "Estado de bienestar", al modelo de democracia... y, por todo ello, al conjunto de nuestras libertades. Quien no vea una batalla cultural de fondo sobre todas estas cuestiones vitales es que se ha instalado en la política del avestruz.

El partido socialista vive una profunda hemorragia por la huida de más de cuatro millones de sus electores y por la pérdida de poder institucional. La victoria de la "opción Rubalcaba" tiene dos componentes: el miedo al aventurerismo inconsistente de la "alternativa Chacón" y el intento de conservación de la "identidad socialdemócrata". Pero su debilidad le incapacita a ser un colaborador activo y constructivo en la resolución de la crisis. Dedicará todo su esfuerzo a detener la hemorragia, reforzando sus "señas de identidad". Todo hace presagiar un giro a la izquierda en todos los órdenes. El acento en el laicismo es el primer síntoma. Las tentaciones a la demagogia se le presentarán a la vuelta de la esquina. No sabemos todavía cuál, pero se irá fraguando un "rearme ideológico", con el que pretenderá recuperar el poder.

En esta situación el PP asume una enorme responsabilidad. No creo que vaya a poder compartir con nadie (el auxilio de los nacionalismos acaba convirtiéndose en una pesada hipoteca) la gestión de la salida de la crisis. Tiene la ventaja del gran poder institucional que posee y su holgada mayoría parlamentaria. Pero se equivocaría gravemente si creyera que su papel exclusivo debiera ser el de mero gestor de la crisis económica y financiera, como si todo lo demás viniera por añadidura. Le toca desempeñar ese papel, sin duda. Pero en el subsuelo de nuestra sociedad están cambiando demasiadas cosas y hay muchos valores e ideas en juego. También el centro-derecha tiene la necesidad de un "rearme cultural", al que debe dedicar toda su inteligencia. Es, pues, una doble tarea, una doble carga que asume sobre sus hombros y que no puede escindirse.

Sí, es verdad, ésta es la hora de las ideas, estúpido.

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