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26 OCTUBRE 2014
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¿Humanismo cristiano? Sí, pero mejor políticos, (hombres) cristianos

M. Medina

La enmienda dice que "es absolutamente improcedente proponer como base ideológica de una formación política la correspondiente a una convicción religiosa". En cualquier caso, podría sustituirse "cristiano" por "occidental o europeo". Cifuentes se caracteriza por una irresistible inclinación al protagonismo. Pero la operación contra el humanismo cristiano no puede entenderse en clave personal, es una operación bendecida y apoyada por Esperanza Aguirre. Ni Cifuentes ni Gutiérrez moverían un dedo sin el apoyo de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Esperanza Aguirre es una ferviente cristiana, pero en su entorno hay quien teoriza que un verdadero liberal tiene que ser anticlerical. Parece pues que cierta parte de la derecha y la mayoría de la izquierda española siguen planteando la cuestión de la laicidad en términos muy decimonónicos. Confunden la presencia de lo cristiano en política con un confesionalismo que ya nadie busca. El PP es ciertamente un partido laico y a estas alturas nadie pretende otra cosa.

En el PP de Aznar, por la experiencia del que entonces era su líder y por cuestiones generacionales, lo católico tenía cierto peso. Ese peso ha desaparecido a pasos agigantados en el partido de Rajoy. Hoy el PP es una organización que refleja la situación sociológica de España: muchos de sus líderes más jóvenes forman parte de una generación neo-pagana. Los más calculadores, en un país que sigue siendo muy anticlerical, piensan que estar cerca de los católicos puede perjudicar a su formación. Los más avisados saben que ser anticatólicos no les conviene porque es una forma de perder votos. La cláusula "humanismo cristiano", a pesar de todo lo que significó en la postguerra europea y en los años posteriores, ya tiene poco valor en el PP. Sobre todo, porque no hay un sujeto político que la sustente. Es conveniente mantener la expresión porque puede sufrir un último recurso en un caso extremo frente a la secularización galopante de la derecha española.

Pero lo que de verdad cuenta no es el término humanismo cristiano que en realidad todo el mundo entiende, de forma restrictiva, como una referencia al humanismo occidental. Lo que cuenta es que haya hombres cristianos, políticos cristianos y políticas que les den a los cristianos libertad para construir y expresarse. Los valores del humanismo cristiano son conceptos que se puede llevar con facilidad el viento, los hombres que tienen una experiencia cristiana y hacen política son otra cosa. Los hay en el PP pero son pocos. Porque no han estado unidos, porque el PP no les ha dado facilidades, pero sobre todo porque en el catolicismo español faltan vocaciones a la política.

Un cierto cristianismo abstracto, fuera de la historia e intimista ha provocado el desprecio de la vocación política. Ahora que tantas cosas han cambiado es un buen momento para que también cambie esta. Mientras tanto lo importante es que se hagan políticas que no pongan obstáculos a la capacidad que tiene la fe de construir obras. Un buen ejemplo de esas políticas es la reforma del sistema de zonificación de los colegios que ha puesto en marcha el Gobierno de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid.

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¿Humanismo cristiano? Sí, pero mejor políticos, (hombres) cristianos

Pablo Berenguer

Querido Director:

Me refiero al artículo de M. Borghesi "La Iglesia no necesita un partido de zelotes", título bajo el cual se califica y critica la opción de quienes no estamos de acuerdo con que los católicos españoles deban identificar su presencia en política con el Partido Popular.

Es un hecho que he observado a menudo el que coincidan (en el caso de M. Borghesi –por lo que he podido seguir en este periódico- de manera particularmente explícita) dos posturas que, sin embargo, me parecen contradictorias:

(1) En el plano formal, una defensa a ultranza de la libertad religiosa y la laicidad, en su interpretación más moderna, subrayando con carácter universal la conveniencia y autenticidad de un estado de cosas en que la propuesta cristiana no pueda identificarse nunca, en ningún lugar y de ningún modo con el poder político, ofreciéndose esa propuesta a todos desde la más estricta igualdad con las demás. Desde este planteamiento se juzgan severamente diversas opciones y situaciones de la Iglesia en su historia.

(2) En el plano de la realidad política presente, una correlación entre el bien de la Iglesia y de su misión con el apoyo (no público, no jurídico, no formal, sino en el plano de los hechos "reales", la trastienda donde se jugaría la partida) de un partido político poderoso, con capacidad de otorgar y retirar beneficios, favores y castigos y defenderla de sus enemigos.

El modo en que, quizá, esta contradicción se trataría de resolver consistiría en desplazar el foco de los valores al sujeto. Para la Iglesia no sería importante que el poder político al que se apoya y del que se recibe apoyo defienda o no (o incluso ataque frontalmente) los valores que la Iglesia más aprecia (particularmente los "principios innegociables" enunciados por Benedicto XVI, considerados superados por algunos). Lo decisivo en política sería que el sujeto Iglesia sea protegida por al menos una facción del poder para poder así realizar su misión en la sociedad con las mayores ayudas y menores trabas posibles. Ese amparo o apoyo, naturalmente, sólo puede ser recíproco (y así se observa en ciertas opciones editoriales partidistas de medios de comunicación católicos o en los pronunciamientos y manifestaciones de católicos frente a los gobiernos en función de qué partido gobierne).

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