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5 DICIEMBRE 2016
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Mi semana con Marilyn

Juan Orellana

Un festival de homenaje al cine clásico, pero que esconde la tragedia de Marilyn Monroe, una joven de treinta años, frágil, insegura, llena de complejos y carencias afectivas, y sin ningún punto de referencia, norte ni criterio por el que conducirse en la vida. Sin embargo, la interpretación de Michelle Williams es tan brillante que el personaje inspira ternura, simpatía y piedad en el espectador. No mejor parado salen Laurence Olivier y Arthur Miller, que a pesar de su fuerza y fama, también acaban mostrando su lado más frágil, y también más mezquino. La perversidad del rostro oscuro del cine llega a su culmen con el protagonista, ingenuo, fácil de deslumbrar y aún más fácil de seducir. El personaje más humano, inteligente y sabio lo encarna la actriz Dame Sybil Thorndike, que interpreta maravillosamente Judi Dench.

A pesar de su caída de ritmo en la segunda parte, estamos ante una película atractiva, magnética, que atrapa al espectador como si la protagonizara la mismísima Marilyn. Su gran mérito es que, a pesar de lo escabroso y corrupto del mundo que pinta, la cinta es elegante, sutil, discreta y nada complaciente. El respeto y casi amor que el director tiene hacia sus personajes, se expresa plano a plano, consiguiendo que el espectador un juzgue a nadie, sino que comprenda a todos. Un homenaje a una de las actrices más desdichadas del séptimo arte, que acabó malogrando su vida.

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