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23 DICIEMBRE 2014
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>Después de la huelga

Más allá de la ideología

P.D.

Los datos de consumo eléctrico y el descenso de actividad apuntan a que el paro tuvo un seguimiento muy similar al que se convocó en septiembre de 2010. El consumo de kilowatios descendió en el entorno del 20 por ciento. Los sindicatos mantienen el músculo, tienen incidencia en el sector industrial y crean en las calles un cierto temor que retrae a muchos. Han demostrado que pueden salvar la cara. Pero la jornada de ayer fue diferente en las calles.

Ayer los sindicatos defendían su posición social y se apuntaron un tanto. Había más tensión que en 2010, había más presión de los "piquetes informativos", había más presión de las fuerzas policiales. Las manifestaciones de la tarde fueron bastante más masivas. Y los incidentes en Barcelona, y lo sucedido en Madrid, reflejan que al frente antigobierno se han sumado algunos de los antisistema que alborotaron el 15-M.

En uno de los momentos más delicados de nuestra historia desde hace tres décadas no es posible encontrar un terreno de entendimiento no ideológico que es lo que más necesitaríamos. El crédito de confianza exterior del Gobierno de Rajoy se está agotando a marchas forzadas. Porque a pesar de las reformas emprendidas y de la celeridad con la que se ha actuado -sólo lleva 100 días en el Ejecutivo- la prima de riesgo vuelve a dispararse. Los rumores sobre la necesidad de acudir al Fondo de Rescate no son nada inocentes.

Europa vuelve a sospechar de España. Tras entrar en recesión técnica, un recorte excesivo del gasto puede ser la tumba pero Bruselas no está dispuesta a ceder. La devaluación de la moneda, que tanto podría solucionar, es imposible y esa devaluación se acabará produciendo a través de los salarios. Si la posición sindical y del PSOE fuera menos ideológica quizás se pudiera intentar un cierto acercamiento. Pero está claro que el Gobierno estará solo. Además no puede seguir pensando que cuenta con el mismo respaldo social que en las elecciones generales. Lo que ha sucedido en Andalucía es un aviso claro. Le conviene explicar hasta la saciedad, cosa que no hace, el momento en el que estamos.

En cualquier caso está polarización política, que se inició en 1993, es un auténtico cáncer. Hay una sociedad civil que entiende el reto difícil que tenemos por delante y que está a la altura. Prueba de ello son los acuerdos a los que se han llegado en muchas empresas para adaptarse a las nuevas condiciones. Esa sociedad civil es la energía del cambio, la que puede alzar la voz.

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Más allá de la ideología

Pablo Berenguer

Querido Director:

Me refiero al artículo de M. Borghesi "La Iglesia no necesita un partido de zelotes", título bajo el cual se califica y critica la opción de quienes no estamos de acuerdo con que los católicos españoles deban identificar su presencia en política con el Partido Popular.

Es un hecho que he observado a menudo el que coincidan (en el caso de M. Borghesi –por lo que he podido seguir en este periódico- de manera particularmente explícita) dos posturas que, sin embargo, me parecen contradictorias:

(1) En el plano formal, una defensa a ultranza de la libertad religiosa y la laicidad, en su interpretación más moderna, subrayando con carácter universal la conveniencia y autenticidad de un estado de cosas en que la propuesta cristiana no pueda identificarse nunca, en ningún lugar y de ningún modo con el poder político, ofreciéndose esa propuesta a todos desde la más estricta igualdad con las demás. Desde este planteamiento se juzgan severamente diversas opciones y situaciones de la Iglesia en su historia.

(2) En el plano de la realidad política presente, una correlación entre el bien de la Iglesia y de su misión con el apoyo (no público, no jurídico, no formal, sino en el plano de los hechos "reales", la trastienda donde se jugaría la partida) de un partido político poderoso, con capacidad de otorgar y retirar beneficios, favores y castigos y defenderla de sus enemigos.

El modo en que, quizá, esta contradicción se trataría de resolver consistiría en desplazar el foco de los valores al sujeto. Para la Iglesia no sería importante que el poder político al que se apoya y del que se recibe apoyo defienda o no (o incluso ataque frontalmente) los valores que la Iglesia más aprecia (particularmente los "principios innegociables" enunciados por Benedicto XVI, considerados superados por algunos). Lo decisivo en política sería que el sujeto Iglesia sea protegida por al menos una facción del poder para poder así realizar su misión en la sociedad con las mayores ayudas y menores trabas posibles. Ese amparo o apoyo, naturalmente, sólo puede ser recíproco (y así se observa en ciertas opciones editoriales partidistas de medios de comunicación católicos o en los pronunciamientos y manifestaciones de católicos frente a los gobiernos en función de qué partido gobierne).

En respuesta a Borghesi

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