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3 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Enrique García-Máiquez

'Chesterton aporta lo que más necesitamos: un optimismo de mínimos'

P.D.

El pábilo vacilante recoge entradas de tu blog. ¿Por qué este título?

Es el título de una entrada que hace una referencia anecdótica a Isaías 42, 3. Al elegirla como título pretendo elevarla a categoría. O a categorías. Para empezar, me gusta el guiño bíblico, naturalmente. Luego, me apunto a la poética explícita de la cita: la de no gritar ni vocear por las calles, una defensa, pues, del tono conversacional. También me apasiona esa postura ética de salvaguardar siempre lo bueno de todo, aun del pábilo vacilante y de la caña cascada. A propósito, y siendo un libro tan autobiográfico, no habría que descartar que tenga mucho de autorretrato. Más verbalmente, es muy plástico: "Pábilo" ya es una palabra vacilante, con su acentuación variable: pábilo o pabilo, aunque he preferido la esdrújula, con perdón, por el oído y por la vista, con esa mechita inclinada sobre la a. "Vacilante" también oscila entre la vacilación y el vacile, que de todo hay en el libro, lo que no es extraño, porque en el fondo suelen ser actitudes muy relacionadas, directamente proporcionales. Y, por último, en el fondo quisiera iluminar el argumento del libro: la entrada que le da título está protagonizada por mi madre, que estaba entonces muy enferma y murió poco después. A los diez meses nació mi hija, y la sensación es que una luz ha pasado de una a otra, que se llaman igual. El libro cubre ese lapso de tiempo, en el que, a pesar de las vacilaciones de la vida, el pábilo o el pálpito no se ha apagado.

Las entradas son muy variadas, se ocupan de tu actividad creadora, de tus lecturas, de tus impresiones. ¿Es el blog un género?

Ese es un tema muy vivo de discusión. Yo defiendo que sí, y precisamente, sobre todo, por esa gran variedad que detectas, que es una marca de género, junto con la brevedad y cierta fragmentariedad. Por supuesto, de ser un género lo es pequeño, como un país humilde que lindase peligrosamente con grandes potencias o viejos imperios, como el dietario, la crónica, la glosa, la reflexión literaria, el apunte poético... El profesor y bloguero Javier de Navascués ha aportado recientemente al debate una idea bien brillante: el blog como género sólo nace tras la selección y recopilación en un libro. Mientras está en la pantalla, en el soporte blog, es todavía un borrador, demasiado heterogéneo y caótico. Una vez depurado, y si el autor logra subrayar el hilo narrativo, sí estaríamos ante un blog auténtico. Creo que acierta.

Has sido traductor de Chesterton. ¿Qué te ha aportado Chesterton? ¿Que crees que puede aportar en la situación actual?

Chesterton es un autor que sigue creciendo, como el personaje Domingo de El hombre que era Jueves. No extraña, porque, aunque pasó por la vida disfrazado de jolly journalist (alegre periodista) y no creyéndose más, fue muchas otras cosas: poeta, novelista, apologeta, filósofo... Quisiera que me haya aportado lo que pienso que debería aportar a la sociedad actual: un optimismo de mínimos que es lo más y esas valentía e inteligencia suyas para defender muy bien sus ideas y creencias sin enfurruñarse con nadie tontamente.

En algún momento te denominaste "poeta menor". Pero ahora prefieres que no se te llame así. ¿Cuál ha sido el motivo del cambio?

No me importa que se me llame así, ni mucho menos, pero yo no volvería a hacerlo. Cuando lo hice, en mi primer libro, incurrí en un exceso de coquetería que ahora me sonroja. Ser un "poeta menor" es una cosa muy seria, al alcance sólo de los muy grandes, como Jorge Luis Borges o Ramón López Velarde o Baldomero Fernández Moreno o, viniéndonos más cerca, José Luis Tejada o, yéndonos más lejos, Gutierre de Cetina, que me trae últimamente entusiasmado.

¿Dostoievski o Tolstoi?

Leí a Tolstoi con pasión, y sigo leyendo a Dostoievski.

¿Cervantes o Shakespeare?

Eso es preguntarme a quién quiero más, si a mamá o a papá. Y creo que la comparación se puede llevar un poco más lejos porque para entender a uno está muy bien partir del otro. Una unión indisoluble la suya.

¿Qué enseña la docencia?

Lo que a Luis Cernuda, que lo que de verdad importa el hombre ha de aprenderlo por sí solo. O sea, a ser humilde y agradecido: la parte más trascendental de tu trabajo te la van a hacer los alumnos por su cuenta y riesgo. Sólo que mientras tanto es esencial que tú te esfuerces por enseñarles lo que importa menos, que es lo que viene en el programa.

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