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8 DICIEMBRE 2016
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Cristiada. La película

Jorge E. Traslosheros

La película se ubica en el momento más dramático -épico diría Jean Meyer- de la persecución religiosa en México (1914-1938), como fue el levantamiento armado de campesinos y rancheros llamados "cristeros" (1926-1929). Largos años de sacrificios por defender algo que apenas entonces se empezaba a comprender y que ahora definimos como libertad religiosa, cimiento firme de un Estado realmente laico y de una democracia sustantiva.

El cine es un arte narrativo que requiere de cuatro elementos básicos: historia, guión, fotografía y actuación. En este caso, el equilibrio entre sus partes logra una película de excelencia, con gran ritmo, sin baches, falsas pretensiones o estridencias. La armonía alcanzada conforma una narrativa capaz de penetrar en la mirada, rostro y corazón de personajes representados brillantemente por Andy García, Peter O´Toole, Santiago Cabrera, Rubén Blades, el niño Mauricio Kuri, Eva Longoria y Karyme Lozano. No estamos ante una película de guerra, si bien éste es su contexto, sino ante una historia de gran humanidad, entrañable.

Como buen cine de pretexto y subtexto histórico logra respetar, de manera sobresaliente, la verdad de los personajes en los cuales descansa la narración, al tiempo de mostrarnos su profundidad arquetípica, sin traicionar el contexto espacial y temporal que le da sentido. Se trata de una combinación difícil de alcanzar, sin la cual el drama degenera en simple documental. Como historiador me lleno de gratitud.

Estamos ante una película que logra mostrar la grandeza del drama humano en personajes que, muy lejos de la edulcorada santurronería, se muestran como gente de carne y hueso, llenos de dudas y esperanzas. No existen estados morales puros, sino dramas de seres que, lejos de ser juguetes de los caprichos de las fuerzas del bien y del mal, se debaten entre la gracia que se les ofrece y el pecado que los limita, sin más ropaje que sus conciencias y sin más arma que su cruda libertad. Seres capaces de asumir sus decisiones hasta las últimas consecuencias y apurar el cáliz de la heroicidad o del martirio, que no siempre coinciden, o malamente renegar para beber la repugnante pócima de la mediocridad.

En el momento culminante de la película se nos revela un cuestionamiento provocador. Es claro que un hombre puede empuñar las armas para defender su derecho y hacerlo con justicia; pero con esas mismas armas, ¿será capaz de salvar la fe que con arrojo defiende? ¿O bien serán los más frágiles, machacados por los engranajes del poder, quienes salven al hombre que ha empuñado las armas con tanta justicia? Las preguntas nos contemplan desde el Gólgota y se cuelan entre las páginas de Cervantes, Shakespeare, Greene, Dostoievski, Tolstoi y O´Brien, entre muchos más, como ahora entre las imágenes de la película Cristiada.

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