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11 DICIEMBRE 2016
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El tiempo de lo imprevisible

Pero toda esa negativa espiral no permite silenciar los errores que está cometiendo el Gobierno de Mariano Rajoy en uno de los momentos más delicados de la reciente historia. El Ejecutivo del centro-derecha está conformado por un equipo sólido, con ministros solventes, que ha realizado cambios decisivos como el de la reforma del mercado de trabajo. Sus intentos de hacer frente al gran agujero inmobiliario del sector financiero y de reducir el déficit de las Comunidades Autónomas son notables. Es un Gobierno que semana tras semana toma iniciativas y, que en circunstancias normales, hubiera destacado por su buena gestión. Pero las circunstancias no son normales y a menudo Rajoy y sus hombres se ven desbordados. El presupuesto llegó tarde y eso ha generado una desconfianza perniciosa. El ajuste inicial de 27.300 millones de euros poco después de haberse presentado ya era insuficiente. Hubo que añadirle 10.000 millones más de recorte en Educación y en Sanidad. Días después ha habido que hacer un nuevo anuncio: la subida del IVA para 2013. Todo el mundo sabía que sin subida del IVA las cuentas no se podían cuadrar. Sólo cuando se ha exigido por el FMI y por Bruselas se ha dado a conocer. La agenda de los ajustes está mal organizada. Muchos tienen la sensación de que el copago farmacéutico, la subida de las tasas universitarias, el aumento del IRPF y el conjunto de nuevas medidas han supuesto ya un gran sacrificio. Y en realidad sólo se está al comienzo. La dosificación que se está haciendo no es buena. Y luego está la comunicación. La política gana altura cuando está al servicio de la conciencia del pueblo, cuando sabe sacar a la luz la energía social que requiere un cambio como el que necesita España. Y la pierde cuando es solo gestión y no marca una dirección clara, comprensible. Rajoy no comparece, no explica, no responde. Rajoy llegó al poder diciendo que su mejor virtud era la de ser "un hombre previsible". Se entiende lo que quería decir después de los experimentos de Zapatero. Pero no es el tiempo de lo previsible. Ni en política ni en lo social. En un país que está permanentemente amenazado por una intervención y que se va a mantener con una tasa de paro por encima del 22 por ciento hasta 2015 lo previsible, la ordinaria administración es insuficiente.

Lo imprevisible tarea no solo de los políticos; también, y sobre todo, de la sociedad. Al concluir su Asamblea Plenaria los obispos españoles han subrayo que el tiempo de la crisis es un tiempo para la caridad. Una de las dimensiones esenciales de la caridad es la ayuda al otro. Pero la caridad, antes que una expresión de solidaridad, coincide con la estima por el valor de lo que cada persona es, empezando por uno mismo. Las respuestas imprevisibles que necesita esta crisis, en innovación, en aprovechamiento de nuevas oportunidades y en muchos otros campos son posibles si cada uno es consciente del valor de su persona. Si la conciencia del valor del yo está clara ni el poder ni las circunstancias adversas pueden frenar su capacidad de construcción. Es el tiempo de la persona, por eso es el tiempo de lo imprevisible.

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