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22 MARZO 2019
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Caso YPF: claves para entender y juzgar

Horacio Morel (Buenos Aires)

1) Situación energética argentina

La Argentina tardó 81 años en alcanzar su autoabastecimiento energético en 1988, luego de haber descubierto el primer yacimiento de petróleo en 1907. Ese logro se debió principalmente a la acción de la estatal YPF, creada en 1922. Cuando el país logró autoabastecerse de petróleo, su producción llegó a 26 millones de metros cúbicos, y no se detuvo hasta tocar el pico máximo de 49 millones m3 en 1992, el año de su privatización a causa de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de Menem, quien decidió vender YPF pese a ser una empresa estratégica y rentable. A partir de allí, tiene comienzo una política energética signada por la desidia y negligencia en los necesarios controles del Estado, hasta que en 2007 la Argentina dio el gran salto atrás que significa pasar a depender del exterior en materia de combustibles. Desde entonces, sufrimos restricciones energéticas que afectan la producción industrial y que colocan en serio riesgo el servicio domiciliario en determinadas épocas del año; para cubrir el déficit importamos gasoil y fueloil de Venezuela, gas natural de Bolivia y gas de Trinidad y Tobago. Como dato extravagante, por compromisos políticos asumidos con países vecinos hemos importado parte del gas boliviano para a su vez exportárselo a Chile, a menor precio.

A fin de ilustrar la situación de la última década, según los confiables números y estadísticas del prestigioso Instituto Argentino del Gas y del Petróleo, las reservas de petróleo cayeron de 473 millones de m3 a 401 millones, y las de gas de 777.610 millones de m3 a 358.733 millones.

La producción de petróleo disminuyó de 44.938.867 m3 a 33.231.358 m3, pese a que la cantidad de pozos de extracción efectiva creció de 14.436 a los 22.860 actuales, lo que implica una caída de la productividad, puesto que con un 55% más de pozos se produce un 51% menos, aunque ello se explica no sólo en la disminución de actividad empresaria (en junio de 2007 había 86 equipos de perforación operando y en diciembre de 2010 eran sólo 61), sino también a razones geológicas puesto que los yacimientos que están siendo extraídos son ya en su mayoría muy maduros. Razón esta última que hace entender lo importante del nivel de la actividad de exploración, ítem en el que se verifica una caída de 50 pozos en el año 2000 a 35, una década después.

La disminución de las reservas de gas y petróleo, la menor producción petrolera (en el caso del gas es algo diferente puesto que la producción total continúa en el mismo nivel desde el 2000, pero con más del doble de pozos de extracción efectiva lo que habla también de déficit de productividad) y la falta de adecuadas inversiones en materia de exploración, coincidiendo todo ello con un período de mayor actividad industrial por la recuperación que siguió a la recesión de 1998/2002, han puesto al país en una situación desfavorable que, según los entendidos, llevará más de diez años revertir, y muchos miles de millones de dólares de inversión.

2) La actuación de Repsol

Luego de participar minoritariamente de la privatización de YPF del año ‘92, en 1999 Repsol compró el 82,47% de las acciones por un poco más de 13.000 millones de dólares, operación por la que quedó como casi única accionista con más del 95% del capital de la empresa. La venta de las acciones de YPF no incluyó la transferencia de dominio de los yacimientos, porque los mismos siempre continuaron siendo del Estado argentino, sino que se trata de una concesión del derecho exclusivo de explotación de los pozos y de exploración de áreas petroleras. El diseño societario de YPF prevé en el estatuto la participación del Estado Nacional, de las provincias, del operador privado y de los trabajadores. El Estado conservaba la llamada "acción de oro", por la que era necesario su consentimiento para decidir la fusión de la empresa, la venta de acciones a otros grupos, la aceptación de una oferta hostil que implicara el cambio de control accionario, la transferencia a terceros de los derechos de explotación y exploración y/o el cese de las actividades de la compañía.

Desde la privatización en 1992 y hasta la toma de control por parte de Repsol en 1999, el reparto de utilidades a los accionistas promedió el 44% de las ganancias obtenidas por la empresa, destinándose el restante 56% a reinversión. Desde 1999 hasta 2011, la distribución promedio fue del 90% de las utilidades, situación que se agravó los últimos tres ejercicios aprobados (2008, 2009 y 2010), en los que distribuyendo resultados acumulados no reinvertidos, la empresa repartió entre sus accionistas el 115% de sus ganancias, puesto que en ese período ganó 12.916 millones de pesos y asignó dividendos por 14.908 millones moneda nacional. Este incremento de reparto de utilidades (con picos del 135% en 2008 y 2010) se explican por la aparición en escena de la familia Eskenazi, a la que ya nos referiremos. A modo de balance, entre 2001 y 2011 YPF distribuyó 12.146 millones de dólares, los que sumados a los 1.660 millones de pesos/dólares convertibles repartidos entre 1999 y 2000, arrojan un total de 13.806 millones de dólares.

Tal política de reparto de utilidades con casi nula reinversión explica no sólo el magro resultado en materia de explotación y exploración descripto en el primer punto, sino además el fulminante atractivo del "dividend yield" (coeficiente de rendimiento en dividendos) de la compañía, que es igual al cociente del dividendo sobre el valor bursátil de la acción, que llegó al 15,30%, muy superior al de otra compañías petroleras de primer nivel (Shell tiene un dividend yield del 4,9%, Chevron del 3,2%, Exxon también 3,2% y Apache 0,7%). Esto convirtió a la acción de YPF en una inversión apetecible para los especuladores de Wall Street, pero los valores bursátiles pueden resultar un espejismo, especialmente en el caso de YPF cuyo balance del 2011 demuestra que su pasivo pasó de 12.042 millones de pesos a 36.664 millones en sólo cuatro años, o sea que debe un poco más de 8.000 millones de dólares, al tiempo que su patrimonio neto en igual período descendió de 26.060 millones de pesos a 19.545 millones, unos 4.343 millones de dólares. Es decir, si se toma el valor de balance, la empresa vale la mitad de lo que debe, y si atendemos al precio bursátil de la acción (u$s 21 por acción) vale 8.260 millones de dólares, o sea, la misma cantidad que debe.

3) YPF bajo la dinastía de los Kirchner

El Estado siempre prestó su anuencia a la política empresaria de Repsol, demostrado ello por la nula oposición en el seno de su Directorio del representante estatal. Néstor Kirchner no podía ser ajeno a ello, y con la excusa de "argentinizar" la empresa, forzó el ingreso del grupo Petersen (familia Eskenazi) en 2007 para adquirir el 25,46% de YPF sin poner un centavo, ya la compra de las acciones se realizó financiada 100% por Repsol a pagarse con los dividendos a percibir por los nuevos accionistas (¿socios? ¿testaferros? ¿ambas cosas?). El vínculo de Kirchner con los Eskenazi es de vieja data, ya que se trata de una familia que en la década del '80 tomó el control de Petersen, Thiele & Cruz, una importantísima empresa constructora vinculada a la obra pública y privada, y que en los 90' desembarcó en el negocio financiero, alzándose con las privatizaciones de los Bancos de San Juan, Santa Fe, Entre Ríos y... Santa Cruz (provincia de la que Kirchner era gobernador). Hoy es un grupo aún más diversificado, con actividades agrícoloexportadoras también. La sola modalidad del ingreso de los Eskenazi a YPF levanta todas las suspicacias del observador, y con razón.

La prodigalidad con la que Repsol procedió en la distribución de dividendos, acentuada desde el ingreso de los Eskenazi a la sociedad, fue avalada desde el poder político, e interpretar ello como una simple negligencia es un acto de inocencia absoluta.

4) Los intereses detrás de la ideología

No puede cuestionarse que la política energética de un país es materia soberana. El derecho de Argentina de recuperar la explotación de sus propios recursos ante el escenario descripto en el primer punto está fuera de toda discusión. Pero ello no significa sin más que la expropiación, tal como ha sido decidida por Cristina Kirchner, sea un acto enteramente legítimo.

En primer lugar, cabe preguntarse por qué se expropió en vez de negociar la recompra de YPF. El propio estatuto de la sociedad establece los mecanismos al efecto, y la conducta asumida por el Gobierno argentino es violatoria de los artículos 7 y 28 del estatuto de YPF.

En segundo término, también cabe preguntar por qué sólo se expropiaron las acciones en manos de Repsol, sin tocar las de ¿Eskenazi?, siendo que desde su incorporación a la sociedad, tomando puestos en el Directorio y diversas gerencias, el managment de la empresa respondía al socio local. Curiosa forma de premiar tan pobres resultados, que pusieron al país al borde del colapso energético.

La supuesta inminente compra de las acciones en poder de Repsol por parte de una compañía china, rumor que circula en estos días, no es excusa válida para actuar como se hizo: es que teniendo en su poder la "acción de oro", el Estado argentino era y es el árbitro de toda transferencia accionaria que comprometa el control de la compañía, sin dejar de mencionar que habiendo ya intereses chinos asociados a capitales nacionales en otras petroleras presentes en el país, cualquier operación como la que se dice se estaba gestando hubiera requerido la aprobación estatal a través de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Resta sólo la duda de qué grado de libertad le queda al gobierno argentino para decir "no" a quien nos compra toda la soja, aún disponiendo de todos los mecanismos legales a favor.

El creciente déficit del Estado mueve a pensar que la decisión del gobierno carece del patriotismo con el que pretende embanderar la expropiación. Las ganancias de YPF son una enorme tentación para quien viene perdiendo exorbitantes sumas en Aerolíneas Argentinas, por ejemplo, habiendo echado mano ya a las administradoras de fondos de pensión, a los fondos de los jubilados y a las reservas monetarias reformando la Carta Orgánica del Banco Central.

"Vamos por todo" suelen festejar los de La Cámpora cada ocurrente manotazo de Cristina, y lejos de toda metáfora, es una expresión literal.

La intervención de la empresa quedó a cargo del ascendente Kiciloff, quien antes pasó por Aerolíneas Argentinas. 

5) Las consecuencias de la expropiación

España se apuró a tomar represalias ante la expropiación, qué otra cosa podía hacer. La primer a de ellas fue suspender la compra de biodiesel a la Argentina.

Si bien ha habido expresiones de solidaridad con Repsol de parte de los EEUU y la Unión Europea, parece ser que todo quedará a nivel discursivo y la cuestión se reducirá a la bilateralidad.

Es cierto que la decisión del gobierno podría complicar el acceso a créditos de organismos internacionales, pero esa alternativa aún le está vedada a la Argentina desde el default del 2001 mientras aún le debe dinero a bonistas y al Club de París. La expropiación de YPF significa un paso atrás en este sentido, y nos condena a -eventualmente- volver a recurrir a Venezuela como prestamista de última instancia al 15% anual, cuando nuestros vecinos uruguayos, por ejemplo, consiguen créditos al 2% anual para infraestructura.

La mundialización de la economía es un proceso irreversible, la globalización su deformación patológica. En este contexto, como dice Jorge Castro, la gobernabilidad del sistema global es uno de los principales desafíos de nuestra civilización actual, y el gobierno mundial no se basa sino en la confianza, el contrato y la política. Esto es lo que no quiere entender el gobierno de Cristina.

Lo más lamentable es el encono en clave argentofóbica que ha estallado en algunos sectores hispánicos, que de todos modos no tiene el peso ni la relevancia para alterar el vínculo de fraternidad que siempre caracterizó a argentinos y españoles.

Repsol no es España, así como Kirchner no expresa todo lo que la Argentina es. Ojalá no lo olvidemos. 

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Caso YPF: claves para entender y juzgar

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  5 votos
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Caso YPF: claves para entender y juzgar

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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Caso YPF: claves para entender y juzgar

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Caso YPF: claves para entender y juzgar

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

Caso YPF: claves para entender y juzgar

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Caso YPF: claves para entender y juzgar

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Caso YPF: claves para entender y juzgar

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Caso YPF: claves para entender y juzgar

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

Caso YPF: claves para entender y juzgar

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

Caso YPF: claves para entender y juzgar

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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