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3 DICIEMBRE 2016
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El ánimo de construir, en tierra de nadie

A. Sánchez-Antimasberes

Un viernes cualquiera, a las ocho de la tarde, en la terraza de un bar junto al Parque del Oeste en Madrid. Genaro, amigo mío desde hace mucho tiempo, y compañero de profesión (aunque él es funcionario del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado), se ha citado conmigo para hablar de las cosas más interesantes de nuestras vidas: inquietudes culturales comunes y nuestra vida profesional, que acaba absorbiendo nuestro interés, a raíz de lo que le está sucediendo en su trabajo.

Y es que un episodio reciente ocurrido en su trabajo ha sido la excusa para adentrarnos: tras varias discrepancias con el Jefe de Unidad, Genaro ha sido relegado de varios proyectos en los que la Subdirección del Ministerio se había embarcado, eligiéndose, en su lugar, a varios subordinados "menos conflictivos" que él. "Es una cosa habitual en la Subdirección", me explica: "el problema no es que yo me enfrente al jefe, porque siempre he sido muy respetuoso y hasta leal con él: sino que, cada vez más, veo que Juan María no quiere que se le ponga pegas. Realmente, y llevo ya muchos años en la Administración, existen las preferencias políticas por quienes, de una forma inconsciente, se alinean con las decisiones y los objetivos del jefe, sin pensar que las cosas requieren tiempo y hay que hacerlas bien. Sé que algunos amigos de la empresa privada han tenido otra experiencia en relación a sus jefes, pero, en el trabajo en un Ministerio, la cosa es completamente diferente".

Conociéndole, Genaro siempre ha sido un hombre con un deseo de construir y de encontrar lo bueno de las personas y cosas que nos rodean. "Siempre he querido dar lo mejor de mí mismo en el trabajo y hasta, en varias ocasiones, me he ofrecido a asumir más para ayudar a que los distintos cometidos y procedimientos se perfeccionaran y funcionaran bien. Cuando hablé con Juan María, por si había algún problema (porque ya me había desautorizado varias veces sin saberlo yo) en relación a mi trabajo, me contestó: ‘en absoluto; yo estoy contento contigo. Es que quiero impulsar, con varios técnicos, el proyecto que llevabas tú, pero a un nivel más de solución de incidencias'. Eso me jodió bastante, la verdad. Y le dije que no hubiese estado de más habérmelo dicho antes. Su única respuesta fue encogerse de hombros".

El problema es cuando se repite una y otra vez: en estas situaciones, cualquiera que no lo mire hasta el fondo acaba cansándose. Además, el excesivo individualismo -y en esto, Genaro coincide conmigo- desgasta enormemente. "La realidad, por mucho que te hayan dicho en los cursos selectivos, después de haber aprobado la oposición, es que, aunque te digan que somos todos compañeros, el ambiente, sobre todo en ciertos organismos pequeños, es de una continua pelea en la que cada uno defiende lo suyo; ya sea entre grupos o entre personas". No es difícil experimentarlo en la Función Pública, "sobre todo cuando te encargan una tarea en la que no tienes experiencia y tienes que preguntar: cada persona a la que preguntas te dice una cosa. Eso me parece menor comparado con el hecho de que el jefe me encargue un documento de criterios sobre tramitación y, después de pensarlo, hablarlo con tus compañeros, redactarlo y entregarlo a Juan María, pasan los meses sin que sepas nada y, al cabo de un año, te enteras, por un tercero, de que están haciendo un grupo de trabajo sobre el tema que habías preparado sin haber contado contigo".

Cuando le pregunto acerca de si es verdad que la gente de la calle odia a los funcionarios, su respuesta me parece provocativa: "Eso es una patraña: lo que detesta la gente es que se le trate mal en ventanilla y se le complique la vida con el laberinto de trámites que hay que hacer. Es verdad que hay que huir de muchas etiquetas y modelos-tipo, porque el tema es complejo: yo creo que hay mucha gente válida en la Función Pública, aunque la Administración la tiene muy desaprovechada".

Su crítica al corporativismo funcionarial es muy aguda: "Empiezo a cansarme de tanto funcionario quejándose porque la gente le trata mal, porque tenga un sueldo malo (que sería verdad sólo hasta cierto punto) o porque siempre son el objetivo de las críticas sociales. La verdad es que hemos dado muchos motivos para ello: para empezar, la endogamia en los cuerpos y escalas de organismos específicos, que es de campeonato; el consiguiente enchufismo en muchísimas oposiciones -aunque, en relación a los Administradores Civiles del Estado, sin tener familia, reconozco que esto se da mucho menos-, la polarización entre "los que se alinean con el jefe" y los "que critican al jefe"; las posiciones ideológicas de los sindicatos (salvando quizá a algunos como USO) y de las asociaciones de técnicos, cada uno luchando por sus intereses...y no pararía de contar". Para él, "mi único motor, a nivel de trabajo, ha llegado a ser el servicio al ciudadano, por encima de decisiones políticas. Porque creo que, en este país, hay mucha burocracia y poca sociedad; y, cada vez más, empiezo a trasladarme, a la hora de prestar un servicio, de la categoría de ciudadano a la categoría de persona".

El principal problema que subyace en todo el sistema administrativo -como sostiene Genaro- son las personas."En mi trabajo no es usual encontrar a gente que sea vaga por naturaleza. El problema de fondo es por qué personas que empiezan su carrera administrativa con una capacidad de trabajo, de resolver expedientes y ejecutar proyectos de gestión, acaban absolutamente desmotivadas y sin ganas de aportar". Para él, es un tema complejo, en el que hay muchos factores, pero, en todo caso, siempre pasa por una decisión personal: "consciente o inconscientemente, el hecho de que te encuentres desarrollando un trabajo y te topes con las resistencias del jefe o de tus propios compañeros, si no haces un trabajo personal sobre ti mismo, hace que te dejes llevar. Es verdad que la organización, en gran parte lo favorece. Cuando tu trabajo afecta a los servicios periféricos, y éstos no están de acuerdo con las decisiones que tomas, consultas a tu Jefe y ves que éste no respalda tus decisiones, sin este trabajo personal, empiezas una dinámica que es muy difícil parar. La cosa se complica cuando ves que el escaso trabajo que te encomiendan: para mí, la única tabla a la que me he podido agarrar es la carrera de Administración y Dirección de Empresas". Licenciado en Derecho, con un dominio del inglés y del francés, casado y con dos hijos, ha tenido el valor de embarcarse en un Grado por la Universidad a Distancia.

Para mí, también es claro que todo el proceso de desmotivación pasa por una decisión personal. En mi experiencia en la Función Pública, esto lo veo muy a flor de piel: ¡es tan fácil huir de esta realidad desesperante que, si no tengo cuidado, peligra el valor y la calidad del trabajo! Por eso, coincido con él en este trabajo personal. Pero ¿en qué consiste? "Para mí, entender por qué estoy aquí, y porque se me ha dado vivir esta situación. Porque yo tengo claro que esto no lo he elegido: esto es un dato. Tener este jefe, estos compañeros, el hecho de que, a pesar de que se reconoce que trabajo bien, la única recompensa es dejarme en paz. En este sentido, veo que he de hacer un trabajo dentro del trabajo: entender qué camino me pide Otro que haga, porque no me parece nada inmediato".

Genaro se descubre, y cualquiera puede verse identificado en esto, que "uno no está hecho para estar todo el día sin hacer nada, sino para aportar lo mejor de mí mismo en el trabajo: esto es, para mí, el valor añadido: mi libertad creativa". En esto sí veo un cierto pesimismo en él: "es tan profunda la mentalidad mecanicista y hobbesiana del Estado en los funcionarios, que cualquier apertura a la subsidiariedad es siempre una amenaza al statu quo, que parece haberse aceptado como un destino al que no se puede escapar". Esto ha minado, sin duda, la capacidad y el ánimo de contribuir al bien común dentro de la Función Pública, que parece haber situado este deseo en una tierra de nadie.

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