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4 DICIEMBRE 2016
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Juan Orellana

Thomas Kub cumple 17 años. Es viernes. Coincide con el aniversario de boda de sus padres. Estos se van de viaje a celebrarlo todo el fin de semana. Thomas, inducido por su amigo Costa, monta una fiesta de cumpleaños en su casa. Aunque a sus padres les dice que van a ir tres o cuatro amigos, su objetivo es hacer una fiesta sonada, que les haga ganar puntos en el instituto y les permita llevarse a la cama a alguna chica mona del curso. Costa se sirve de las nuevas tecnologías para convocar a la fiesta, a la que finalmente acuden más de mil personas. Como es de esperar, en cuanto el alcohol y las drogas empiezan a hacer sus efectos, la fiesta se descontrola, y acaba siendo una anarquía violenta que obliga a intervenir a la policía antidisturbios. Cuando regresan los padres de Thomas, se encuentran con que no les queda nada: ni la casa.

La película, que impacta por la inmediatez brutal de sus imágenes, recurre al manido plano subjetivo de una cámara de video de Dax, un amigo de Thomas. No deja nada fuera: violencia, sexo, vomitonas, drogas, diálogos subidos de tono... un caleidoscopio de 24 horas del que se pueden sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, el espantoso modelo de paternidad que encarna el Sr. Kub. Le abandonan el día de su cumpleaños, y sólo le dejan un acopio de normas estrictas. Ante la preocupación de la madre por dejarle sólo, su padre le dice: "No te preocupes, es un perdedor". En definitiva, no hay vínculo nutricio entre padre e hijos: dos extraños cuya relación se rige por normas formales.

En segundo lugar, la baja autoestima de Thomas, en parte por sus padres, en parte por su poca sociabilidad en el instituto, es carne de cañón para una fácil influenciabilidad. De hecho es Costa quien le empuja a hacer y consentir todos los desmanes de la fiesta. Su necesidad de pertenencia grupal, anula la fuerza de sus convicciones y los reclamos de su conciencia y se abandona a una pérdida absoluta de control, aunque nunca pierde la noción de que todo lo que está ocurriendo es malo y tendrá consecuencias.

Un tercer aspecto es el planteamiento que se hace de la droga. Cuando Thomas está profundamente angustiado por el cariz de las cosas y las consecuencias que van a tener para él, su compañero Costa le induce a consumir éxtasis, argumentando cómo esa droga le va a quitar la preocupación y le va a permitir seguir disfrutando. Es decir, la droga como anulación del corazón y la conciencia, de lo humano en definitiva.

El sexo es otro tema muy importante en el film. El objetivo profundo de la fiesta es que Thomas y sus amigos puedan acostarse con alguna chica. Todo es un envoltorio para conseguir eso. Pero Thomas tiene una amiga de toda la vida, Kirby, que le quiere, y que busca una relación exclusiva, de noviazgo, con él. Sin embargo, ante la seducción inmediata y periférica de tantas chicas que, hasta arriba de drogas y alcohol, buscan sexo rápido, Thomas sucumbe y traiciona a Kirby. Las relaciones líquidas se imponen como una forma indolora de relación destinada a ser olvidada en el mismo instante que físicamente acaba y empieza otra.

Pero lo más terrible es el epílogo de tanto desmadre. Thomas no recupera a un padre. El Sr. Kub sólo dice "No me esperaba esto de ti", y le hace un balance de lo que va a costar arreglar los destrozos, y lo que le va a suponer al chaval pagar esa deuda. Ni el más mínimo esfuerzo educativo con él. Thomas triunfa en el Instituto, ahora es el héroe, nadie ve más allá del subidón del viernes. Al menos Thomas ha aprendido una lección: ha estado a punto de perder a Kirby, y ahora se arrepiente y le pide perdón. Pero... él sabe que está siendo grabado en vídeo, y su sincera declaración puede no pasar de ser una "performance" para reconquistar a una chica segura.

Por tanto, el diagnóstico global del film es dolorosamente certero. Pone el dedo en las llagas de nuestra sociedad, especialmente referidas a los jóvenes: unos padres que han dimitido de su paternidad, una vida de ocio concebida como anestesia, dentro de la cual se concibe el sexo de usar y tirar, una conciencia cortoplacista que no quiere saber nada de "consecuencias", una disolución de la individualidad en una abstracta colectividad zombie... un retrato impactante de la posmodernidad.

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