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17 DICIEMBRE 2014
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¿Por qué no cede la prima?

Fernando de Haro

¿Es el incremento del déficit lo que castigan los mercados? ¿Es la falta de noticias sobre las condiciones precisas del préstamo? ¿Es el temor a una salida de Grecia del euro tras las elecciones de este domingo? En The Economist no las tienen todas consigo. En uno de sus blogs (www.economist.com/blogs/freeexchange/2012/06/euro-crisis-2) se asegura que puede ser el temor al corralito en Grecia, que puede ser el temor a que los bancos italianos están hechos unos zorros... "Hay un montón de cosas por las que preocuparse", concluye. Pero de entre todas ellas la que más resalta es la preocupación porque nuestro país incremente su déficit y su deuda.

Al otro lado del Atlántico se ven las cosas de otro modo. Y no hay que olvidar que los fondos estadounidenses son los que mueven buena parte del mercado. Bloomberg, la agencia de noticias financiera de referencia, ha titulado una de sus entradas de las últimas horas: "El rescate español pone de manifiesto que Europa todavía no lo pilla" (www.bloomberg.com/news/2012-06-11/spanish-bailout-shows-europe-s-leaders-still-don-t-get-it.html). No pilla, se entiende, el origen del problema. Y añaden los analistas de Bloomberg que "la situación de España es especialmente irritante porque el país es solvente y capaz de resolver sus problemas. El Gobierno, por su cuenta, está realizando reformas estructurales que a largo plazo pueden desarrollar su capacidad de crecimiento. La recuperación es posible y el control de la deuda también".

¿Cuál es entonces el problema? "Que Europa debe romper, en estas circunstancias, la línea que separa a sus gobiernos de los bancos". O sea, más intervención, más apoyo. Bloomberg receta además más compromiso de Alemania, Unión Bancaría y programas de estímulo. Es la misma tesis, en lo esencial, que la que sostiene David Wessel en el Wall Street Jornal. Este analista asegura que "la gran amenaza para el euro no es la salida de Grecia sino la balcanización del sistema financiero europeo". Demasiada separación entre los países de la zona euro y poco proyecto común (online.wsj.com/article/SB10001424052702303444204577462162917208578.html?mod=WSJEurope_hpp_LEFTTopStories).

Tano Santos, que con independencia de sus últimas posturas políticas es un economista riguroso, coincide en el diagnóstico. Santos es profesor en la Columbia Business School, o sea que ve las cosas también desde el otro lado del charco. En Nada es Gratis (www.fedeablogs.net/economia/?p=22660) señalaba hace unas horas que "lo que le preocupa a observadores e inversores extranjeros es precisamente la madeja entre los balances bancarios y el estado y este plan, sin más detalles que me hagan pensar de forma distinta, no parece que resuelva este bucle diabólico en el que estamos metidos".

Parece que los inversores, al menos los estadounidenses, no comprenden por qué el rescate no ha sido más contundente. Por qué Europa y sus bancos no están unidos. Por qué no hay más Europa.

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¿Por qué no cede la prima?

Pablo Berenguer

Querido Director:

Me refiero al artículo de M. Borghesi "La Iglesia no necesita un partido de zelotes", título bajo el cual se califica y critica la opción de quienes no estamos de acuerdo con que los católicos españoles deban identificar su presencia en política con el Partido Popular.

Es un hecho que he observado a menudo el que coincidan (en el caso de M. Borghesi –por lo que he podido seguir en este periódico- de manera particularmente explícita) dos posturas que, sin embargo, me parecen contradictorias:

(1) En el plano formal, una defensa a ultranza de la libertad religiosa y la laicidad, en su interpretación más moderna, subrayando con carácter universal la conveniencia y autenticidad de un estado de cosas en que la propuesta cristiana no pueda identificarse nunca, en ningún lugar y de ningún modo con el poder político, ofreciéndose esa propuesta a todos desde la más estricta igualdad con las demás. Desde este planteamiento se juzgan severamente diversas opciones y situaciones de la Iglesia en su historia.

(2) En el plano de la realidad política presente, una correlación entre el bien de la Iglesia y de su misión con el apoyo (no público, no jurídico, no formal, sino en el plano de los hechos "reales", la trastienda donde se jugaría la partida) de un partido político poderoso, con capacidad de otorgar y retirar beneficios, favores y castigos y defenderla de sus enemigos.

El modo en que, quizá, esta contradicción se trataría de resolver consistiría en desplazar el foco de los valores al sujeto. Para la Iglesia no sería importante que el poder político al que se apoya y del que se recibe apoyo defienda o no (o incluso ataque frontalmente) los valores que la Iglesia más aprecia (particularmente los "principios innegociables" enunciados por Benedicto XVI, considerados superados por algunos). Lo decisivo en política sería que el sujeto Iglesia sea protegida por al menos una facción del poder para poder así realizar su misión en la sociedad con las mayores ayudas y menores trabas posibles. Ese amparo o apoyo, naturalmente, sólo puede ser recíproco (y así se observa en ciertas opciones editoriales partidistas de medios de comunicación católicos o en los pronunciamientos y manifestaciones de católicos frente a los gobiernos en función de qué partido gobierne).

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