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5 DICIEMBRE 2016
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¿Una filosofía peronista?

Luis Antonio Ferrero

Mirando su historia, los seguidores de esta fuerza política -autoproclamada como el pensamiento nacional- habitualmente estuvieron más de acuerdo con una auto-glorificación de su movimiento, que con "la actitud básicamente contemplativa del historiador o de la conciencia histórica en general" (ídem).

Abordando su trabajo desde una perspectiva transpolítica (un análisis desde la filosofía, a fin de aprehender el significado más profundo de este pensamiento político) Carlos Lasa, al inicio del libro, anuncia su tesis: el peronismo es la traducción del fascismo en Argentina. Pero -añade- de aquel fascismo cuya esencia filosófica está configurada a partir de la filosofía actualista de Gentile.

Siguiendo a Augusto del Noce, quien caracteriza a la historia contemporánea como marcada por dos categorías esenciales: revolución y nihilismo, Lasa lee magistralmente el peronismo desde sus orígenes, (a casi setenta años) con su creador Juan Domingo Perón, enhebrándolo a sus epígonos postreros (Menem, Duhalde, Firmenich o Kirchner), a fin de captar la línea inteligible que reúne las diversas manifestaciones que portan dicha denominación.

La filosofía de Perón, es analizada por Lasa a partir del discurso del Líder al Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza de 1949, que se conoció luego con el nombre de La Comunidad Organizada. De tal modo describe la categoría de evolución necesaria sostenida por su fundador, el sujeto y el fin de dicha evolución, la propuesta de Perón referida a la relación del yo y el nosotros, el Estado ético y la definición de movimiento de esta fuerza política. En dicho análisis el autor afirma que el fondo filosófico del peronismo no es sino la filosofía del devenir o de la praxis. También denominada por Gentile, actualismo. ¿Qué se entiende por tal? Para Lasa el actualismo es una filosofía absolutamente inmanentista que sostiene la imposibilidad de la existencia de una realidad que se encuentre más allá de este mundo. Tal pensamiento que se traduce en el praxismo referido, que carece de toda verdad para guiar la acción humana individual y política, ha sido asumido por el fascismo. El peronismo en esencia también ha abrevado en este pensamiento. Si bien no sobre la teoría, que abandonó rápidamente, sí lo ha hecho sobre la acción. "Esta concepción de lo real se traduce en una praxis ética dominada por la categoría acción. Todo es acción porque todo está dominado por una realidad que es el eterno farsi [hacerse]. Y si todo es acción, entonces nada hay fuera de la acción y por eso mismo, el activismo puro es la praxis ética del hombre peronista" (p. 28). Concluye: "La teoría... debe ser abandonada en favor de la acción" (ídem). En otros términos: el dirigente peronista debe actuar dentro de aquella evolución, obra de la naturaleza y del fatalismo histórico -tal como lo sostiene su fundador-, y seguir y hacer suya la orientación que toman los hechos en su presente. De allí las múltiples y variopintas declinaciones de esta fuerza a lo largo de los años.

Un aspecto final que señalamos, en esta necesaria breve reseña.

El peronismo siempre se presentó como adscripto a la tradición hispano-católica, sobre todo a los valores espirituales que nos vienen de la tradición hispánica, según las propias palabras del fundador. Ahora bien -dice Lasa-, Perón adhiere a dicha tradición no para sostener sus valores perennes. A juicio del líder era necesario aggiornar al cristianismo para ponerlo en consonancia con los nuevos tiempos. Así, desde su adhesión al concepto de evolución (al cual adscribe), la tradición hispánico-católica debía ser incluída dentro del Estado y ponerse a su entero servicio. Prosigue Lasa: la evolución consistía en inmanentizar la religión católica para que fuera absorbida por un Estado que le permitiría alcanzar al hombre sus fines más sustantivos. ("Todo dentro del Estado y nada fuera del Estado", decían los fascistas). Perón no diseña su política a partir de los principios de la Iglesia Católica, interpretados éstos desde una filosofía del ser, sino desde la filosofía de la praxis, que estableciendo el primado de la acción, considera a la vida espiritual como superación de todo lo dado, de toda forma de inmutabilidad. Esta lógica de la pura práctica es lo que iba a permitir acomodarnos a las demandas de cada momento histórico.

Este pensamiento -creado por aquel demiurgo del siglo XX- sustentado en la pura praxis y en el puro poder, en la idea de que la política y el Estado pueden dar el sentido a la vida, entraña del ya longevo peronismo cuya sangre vital está agotada, ha atravesado todo el cuerpo social argentino: se ha convertido hoy en el clima cultural imperante en nuestra patria. En este sentido tenía razón Perón al decir que en Argentina todos somos peronistas. La desaparición de la política entre los argentinos, de ese espacio que nos reúne y a la vez nos separa (H. Arendt), es muy evidente. Y es también muy notorio que -como dice Lasa- nuestro problema no es de naturaleza política ni económica, sino cultural.

"Para que hubiera un inicio fue creado el hombre, antes del cual nadie existía", dice un gran maestro de nuestra común cultura occidental. Desde el corazón de ese hombre es posible un nuevo inicio. Entonces la comprensión debe ser la otra cara de la acción (H. Arendt). Junto a aquel corazón dócil que pedía el rey Salomón, este pequeño gran libro que presentamos puede ser de gran ayuda.

 

LASA, Carlos Daniel

Juan Domingo Perón, el demiurgo del praxismo en Argentina

Dunken, 2012.

 

"La tarde se había ahondado en ayeres,

los hombres compartieron un pasado ilusorio.

Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

 A mí se me hace cuento que empezó [Argentina]:

La juzgo tan eterna como el agua y el aire".

J. L. Borges

 

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