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4 DICIEMBRE 2016
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La tercera persona, de Álvaro de la Rica

Guadalupe Arbona

La novela, corta e intensa,  se divide en tres partes todas ellas reflejos de la escritura. La primera (Todesbanden. Una noche del otoño de 2008) comienza siendo una reflexión sobre la muerte para terminar con la relación apasionada vivida con una mujer de nombre Moira, de la que Jacob da cuenta. La segunda es la carta que Claire escribe a Jacob declarándole su amor en el pasado y la decisión de iniciar una nueva vida tras su agónica visita a Auschwitz (Desde un tren Brest-Lyon. Final de la primavera de 2008) La tercera  es la respuesta de Jacob a la carta de su amada y compañera de Universidad (La respuesta de Jacob, o el comentario. Comienzo del verano de 2008).

El sentido del título de la novela, La tercera persona, se explica al final: en cada relación amorosa es necesaria, dice el protagonista, una tercera que "orienta las relaciones en la buena dirección". Podría parecer, entonces, que el tema de la novela es el adulterio, y en parte lo es, pero en la historia hay un tema que interesa más y es el valor de una relación amorosa. ¿Es presencia, es decir, es tercera persona, como reclama el título? ¿O es sombra de una ausencia como parece decirse al final?

‘¿Eres tan solo la sombra?', se pregunta Jacob en las páginas finales de la novela. Y extraña, como sorprende la frase en la  que se reconocen los dos amantes: "Hemos caminado juntos un trecho del camino. Y ya está. Nos hemos conocido a fondo, pero lo nuestro no ha sido ni la sombra de un amor". La extrañeza y sorpresa se apoyan en que en las páginas centrales de la novela, hemos podido entrar, a través de la carta de Claire, al relato de una historia amorosa: y en la respuesta de Jacob la confirmación de esa historia.  Cosa que parecen negar los mismos personajes. Los vínculos que los han unido, de amistad y  de atracción, quedan reducidos en la conciencia de Jacob a sombra o a ausencia: "La sombra de un amor es algo que se parece a un amor pero no lo es. Solo es su sombra. Puede ser algo muy fuerte, algo que puede llenar una vida, hacerla más llevadera tal vez, pero que en sí mismo no es nada. Una ausencia".

La reducción del amor por Claire hace a Jacob vulnerable. Un amor no está al servicio de nada, no sirve para nada, es. Jacob intuye que la ‘tercera persona'  puede reconciliarlo con la realidad. Tiene que hacer cuentas con el advenimiento de esta, imprevisto e irreductible.  Ahora bien,  cuando esta tercera persona es vista en función de su utilidad para otra cosa, es entonces cuando se reduce a sombra. Y así lo que le ocurre a Jacob es que,  incluso un amor imprevisto, deja de ser claramente signo, es decir se le niega en parte el carácter de misterio y de desafío real para la vida del personaje que se plantea con el título. O al menos es lo que se adivina de esa parte de la vida de Jacob que permanece a oscuras: su matrimonio. Por eso, la ordenación temporal de la historia es importante: Jacob renuncia a Claire en el verano de 2008: no tiene el coraje de reconocer que la suya es una historia de amor,   prefiere considerarla sombra. Y sucumbe a Moira meses más tarde. La peripecia de Jacob termina a merced de ese destino que le arrastra: Moira.  O por ese fatum ciego de los clásicos que poco espacio dejaba para la libertad.

Tras esta primera novela,  los lectores podemos esperar una segunda y ‘tercera' novelas de Álvaro de la Rica. 

 

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