Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
22 MARZO 2019
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En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Javier Prades, rector de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso

No hay duda de que las condiciones económicas en las que se encuentra nuestro país son objetivamente muy difíciles. La reciente decisión de una intervención extraordinaria de la Unión Europea para sanear los bancos españoles no resuelve un panorama que sigue siendo incierto. A las dificultades ya conocidas del mercado laboral, que ha elevado el número de desempleados a cifras récord, se añade la inseguridad en el sector financiero. La percepción del riesgo económico y social es un tópico en cualquier conversación. Aunque la gente común no esté en condiciones de conocer realmente hasta qué punto los datos difundidos por la prensa se corresponden con la realidad, emerge ya una pregunta tan sencilla como dramática: ¿cuáles serán las consecuencias de la crisis para nosotros y para nuestras familias? Varias generaciones de españoles se plantean esta pregunta por primera vez.

En este contexto social se enmarcan una serie de polémicas frente a la religión católica, que es algo recurrente en España. Nuestra historia favorece que las críticas asuman las connotaciones de un anticlericalismo agresivo y poco dispuesto al diálogo. La prensa laicista ha intensificado en los últimos meses sus ataques contra las actividades y las enseñanzas católicas, que van desde el debate sobre la educación a la doctrina sobre la homosexualidad, desde la discusión sobre la blasfemia a la denuncia de los presuntos beneficios fiscales de la Iglesia[1]. Varios partidos de izquierda han acusado a la Iglesia de aprovecharse de tales beneficios (el caso de la exención del IBI) y han lanzado una campaña política para modificar la situación legal. En esa discusión era inevitable que apareciese la pregunta sobre el papel social de los católicos en una sociedad plural como la española. Precisamente de este último aspecto del problema se ocupa nuestra reflexión[2].

Lo interesante desde el punto de vista cultural es que varios columnistas, de matriz ideológica distinta, han querido intervenir en defensa del valor social de la acción de la Iglesia y de otras entidades sin ánimo de lucro.

En el periódico La Vanguardia (Barcelona) Antoni Puigverd reivindica la dimensión comunitaria de la vida humana como necesaria para superar el individualismo que nos ha hecho tan frágiles y nos ha dejado a merced de falsos ideales. Señala, además, cómo la crisis ha acabado con la confianza que todos habíamos puesto en el dinero como ideal de la vida. No basta el dinero, dice, hace falta algo más profundo para sostener la existencia. Y Puigverd revindica la dimensión social de esta búsqueda de esa otra cosa, insistiendo en el hecho de que "el sentido social básico es la pertenencia a una comunidad"[3]. A pesar de que, a su juicio, este sentido comunitario ha resultado profundamenta dañado tanto por la izquierda como por la derecha, el autor capta un signo de esperanza en la presencia de iniciativas sociales a favor de los más necesitados, y cita como ejemplo la experiencia del Banco de alimentos de Barcelona. Las personas que colaboran son felices por dar tiempo y energía a esta obra. "Ahora -escribe el autor- descubrimos que lo que puede salvar la economía es dar" gratuitamente, y no comprar o vender, como normalmente se cree. El artículo se cierra con una alusión al hecho de que "la verdadera fuerza procede de la ternura", entendida aquí también como recurso para la recuperación económica. Meses después, Puigverd, frente a la desconfianza de los mercados y de las instituciones económicas internacionales, exhorta al gobierno de la nación a "buscar la unidad de todos", que no es un discurso retórico, sino la única posibilidad de no acabar en un conflicto muy peligroso. Ante la incapacidad de los políticos para asegurar este unidad, "las familias, las organizaciones caritativas y solidarias, los vínculos locales y las iniciativas mutuales son el único sostén tradicional. Que renovará su fuerza. El espíritu de concordia y el sentido comunitario que anidan en el corazón de nuestras gentes fructificarán en los espacios que la política abandona"[4].

En el periódico El Mundo (Madrid) el polémico Salvador Sostres rechaza más en concreto las acusaciones contra la Iglesia católica en materia fiscal. Revindica la acción social de la Iglesia, incluso en los términos de su rendimiento económico, en comparación con las acciones de otros sujetos públicos o privados: "Si la Iglesia cobrara por sus servicios, o bien dejara de prestarlos, y tuvieran que asumirlos el Estado o los ayuntamientos, España se colapsaría y el futuro sería una ilusión irrealizable". En otro párrafo destaca que el servicio eclesial ayuda a la insustituible dimensión espiritual de la vida: "La Iglesia presta un servicio a la sociedad que ningún Estado podría pagar con dinero: nos dota de sentido, calma nuestra angustia y nos consuela; y nos da esperanza y confianza en nuestras posibilidades. Es en la comunión con Cristo cuando descubrimos que nuestras fuerzas podrían ser ilimitadas"[5].

Otro periódico madrileño, La Razón, recoge la voz de José María Marco, que relaciona la defensa de la acción social de la Iglesia -a través de Cáritas- con la crisis de Occidente. Ante las críticas de la izquierda, "importa poco que la Iglesia ayude a 2.764.719 personas al año (...). Tampoco parece importar que la religión ayude a aliviar los sufrimientos de la gente y que fomente una actitud más solidaria. Es evidente que la salida de la crisis requerirá una nueva actitud ante la vida y ante los demás. El Gobierno no podrá ayudarnos como hasta ahora, y tendremos que colaborar más con los demás, proceder a una nueva consideración de lo público que nos comprometa con más intensidad. Vamos a depender más unos de otros, y menos del Estado. Una de las formas de comprender la crisis en Occidente consiste en comprobar el grado de resistencia que ofrecen a este cambio sociedades tan estatalizadas como las nuestras. La española se está mostrando más abierta y dispuesta al cambio de lo que generalmente se esperaba. El ejemplo que da la Iglesia católica resulta crucial"[6].

Los gravísimos datos de la crisis económica y social, por una parte, y la dureza de las acusaciones ideológicas, por otra, convierten nuestra situación -si podemos hablar así- en un laboratorio privilegiado donde poner a prueba lo que el cardenal Scola ha llamado "el inicio de la tercera fase de Oasis". Es decir, ¿Cómo podemos interrogar a Occidente a partir del trabajo desarrollado en el diálogo con los cristianos de Oriente y con los musulmanes? ¿Qué reflejo puede tener este diálogo sobre una concepción de vida buena y de buen gobierno en las sociedades occidentales?

Nos limitamos a enumerar algunos puntos para enriquecer la reflexión común.

Ante todo, hay que tomar nota de que, de un contexto particularmente ideologizado por lo que respecta a la percepción de Dios y la religión -como es el español- emerge un juicio a primera vista paradójico. La concepción cristiana de Dios como amor (Deus caritas est) sigue siendo rechazada por muchos desde el punto de vista teórico. Prueba de ello es el hecho de que la afirmación doctrinal correcta no consigue cambiar, ni siquiera disminuir, la opinión hostil a la fe cristiana. Sin embargo, estas mismas posiciones que critican la doctrina cristiana, en cuanto que son adversarias de las instituciones eclesiales, no consiguen negar el valor social y civil de Cáritas y de las diversas entidades de voluntariado y asistencia a los necesitados que nacen de la fe vivida. Ni siquiera las opiniones más directamente contrarias a la realidad católica han expresado estos días una crítica a la acción caritativa de los cristianos. Puede parecer obvio, pero no lo es en absoluto. Recordemos que no han faltado en la historia del ateísmo occidental duras acusaciones contra la caridad cristiana. Pensemos, por citar los ejemplos más conocidos, en el sarcasmo de Nietzsche respecto del amor cristiano, o en la crítica marxista, donde la "caridad" se convirtió en la caricatura de una actitud completamente ineficaz -y por tanto objetivamente inaceptable- para cambiar el mundo. Nunca sería la caridad la que conseguiría la igualdad entre los hombres, sino la justicia obtenida mediante el análisis económico y el poder político.

A partir de la crónica periodística vemos cómo la conveniencia de enfatizar la naturaleza de "universal concreto", típica del acontecimiento cristiano, resulta pertinente en el debate público. La dureza de la crisis, y por tanto la innegable realidad de la necesidad de muchos hombres y mujeres, hace que tampoco los columnistas de la prensa laicista piensen en criticar el servicio material de asistencia a los más pobres. No se oye hablar del vituperado "asistencialismo" como en tiempos no lejanos, cuando se proclamaba que debía ser la administración estatal la única que garantizara todos los servicios sociales.

En su realización histórica, como de hecho está sucediendo, no se contesta hoy la "ciudadanía social" de la acción de Cáritas. Parece legítimo deducir que esto implica un reconocimiento implícito de la conveniencia humana de la visión cristiana del amor. Y aquí se puede abrir también, quizá indirectamente, una vía de acceso al Dios que es amor. Ante la gratuidad del amor que se expresa en la atención a las familias más expuestas a la crisis, se despierta una -casi- inevitable consonancia con las exigencias más profundas del corazón humano. Hasta tal punto que los periodistas presentan estas experiencias en su valor antropológico, civil y social. Nadie hasta ahora se ha escandalizado por el hecho de que los hombres necesitados sean ayudados por sus conciudadanos mediante una libre iniciativa social. No resuena el eco del rechazo decimonónico contra los ideales de la humanidad, como el sucedáneo aún "religioso" del viejo ideal de un cristianismo en declive (véase el ejemplo de Stirner[7]).

Esta estima por la gratuidad y la solidaridad concreta se ha "delineado" partiendo del apoyo real a las personas necesitadas. Ahora, nos toca a los creyentes españoles leerla en toda su profundidad teologal y cultural. Unas recientes palabras de Benedicto XVI nos pueden introducir en esta tarea: "Nosotros buscamos un Dios que no truena a lo lejos, sino que entra en nuestra vida y en nuestro sufrimiento. (...) No necesitamos un discurso irreal de un Dios lejano y de una fraternidad que no compromete. Estamos en busca del Dios cercano. Buscamos una fraternidad que, en medio de los sufrimientos, sostiene al otro y así ayuda a seguir adelante. Después de este concierto [en el Teatro de la Scala de Milán] muchos irán a la adoración eucarística - al Dios que se ha metido en nuestros sufrimientos y sigue haciéndolo. Al Dios que sufre con nosotros y por nosotros, y así ha capacitado a los hombres y las mujeres para compartir el sufrimiento de los demás y para transformarlo en amor"[8]. El Papa revindica con fuerza una comprensión no puramente discursiva de Dios así como una fraternidad comprometida. Son dos caras de la misma moneda, que o están unidas o desaparecen ambas. Cuando los hombres y las mujeres comparten los sufrimientos del otro y los transforman en amor, Dios deja de ser un discurso irreal y se convierte en un Dios cercano, que sufre con nosotros y por nosotros. Este es el Dios que "nosotros" -dice el Papa hablando quizás no sólo en nombre de los cristianos- estamos buscando, tal vez incluso sin saberlo. El apóstol Juan lo expresó con gran claridad: "Si uno dice: yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Este es el mandamiento que él nos da: que el que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Jn 4, 20-21). El cuarto capítulo de la primera Carta de Juan nos ofrece la clave para entrar en nuestro argumento desde el punto de vista teologal, pues enuncia la verdad más universal de la fe cristiana: Dios es amor, mediante su actuación concreta: el amor que comparte la necesidad del otro.

¿Cómo se realiza este universal concreto en el tiempo y el espacio de la historia? La comunicación de la verdad sobre el Dios que es amor no puede más que testimoniarse. De hecho, esta es la gran categoría que mantiene unidos el aspecto de verdad y el de caridad en la propuesta cristiana. Lo recuerda de nuevo san Juan: "Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y Su amor se hace perfecto en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y Él en nosotros: en que Él nos ha dado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha mandado al Hijo para ser el Salvador del mundo" (1 Jn 4, 12-14). Para poder "ver" al Dios invisible no hay otro camino que el testimonio de aquellos que, habiéndolo encontrado, lo hacen cercano medianto el amor mutuo. ¿No es acaso esta la pista que nos indican, si bien de modos muy distintos, los artículos reseñados? Y, por otra parte, ¿no es éste, con toda claridad, el camino que nos propone con autoridad Benedicto XVI? San Agustín, gran conocedor de san Juan, lo expresó de un modo particularmente afortunado con su famosa fórmula: "non vincit nisi veritas, victoria veritatis est caritas". Es decir, sólo puede vencer la verdad -y no cualquier solución de compromiso fundada en el consenso- y no hay ninguna otra victoria de la verdad que no sea el amor por los demás[9]. El gran obispo africano hablaba en el año 411 a los católicos de Cartago (¡no muy lejos del lugar donde nos encontramos ahora!), en tiempos de gran turbación eclesial por el conflicto donatista. Su sermón se refería a la actitud que había que tener frente a los adversarios. Nos puede servir de guía también en el debate en que nos encontramos. El testimonio, como vínculo intrínseco entre verdad y caridad, confirma ser adecuado al objetivo de transmitir el cristianismo en cuanto universal concreto.

Para terminar, a modo de conclusión, nos limitaremos a sugerir algunas implicaciones metodológicas de cuanto hemos expuesto para fomentar una vida buena en nuestra sociedad en crisis[10].

De la reseña de artículos de prensa emerge tanto el valor de la gratuidad para la economía como el sentido comunitario arraigado en el corazón del hombre (Puigverd); el servicio integral al hombre que incluye su dimensión espiritual (Sostres) y la disponibilidad al cambio de los estilos de vida frente al estatalismo (Marco). Son todas expresiones que se corresponden fácilmente con los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia. La circunstancia de los ataques a la Iglesia en el contexto de una profunda crisis social nos ha permitido reconocer el valor universal del compartir y de la gratuidad, y la necesidad de una concepción del hombre que nos permita cambiar nuestros estilos de vida. Partiendo de la acción concreta, leída y juzgada por la razón, se ensancha el horizonte para comprender la verdadera condición humana y la contribución propia de los cristianos en las sociedades plurales. Además, se abre el camino para una purificación de la comprensión del Dios cristiano, que es caridad.

Este tipo de relación entre el amor cristiano y la vida social se puede referir también a otros "lugares" de la experiencia humana como lo son muchas situaciones de sufrimiento causado por la enfermedad física o psíquica, o por otras circunstancias en las que los hombres sufren el dolor y la incapacidad para comprender, y que son reflejo del mal sobre la vida humana. Desde dentro de estas condiciones se podría trazar un camino de testimonio análogo al que hemos querido documentar en el frente de la crisis económica: partiendo de la respuesta a las necesidades concretas, se puede llegar a interactuar con "la" necesidad propia de todo hombre, esto es, la de no perderse a sí mismo, la de salvar la propia vida en todas sus dimensiones individuales y comunitarias, temporales y eternas.

De este modo se verificará que la respuesta cristiana, el anuncio de que Dios es amor, sabe interpretar la pregunta humana y puede así irradiar toda su luz y su calor en la vida de los hombres y mujeres que buscan a ese "Dios cercano" del que nos ha hablado Benedicto XVI.

Este texto pertenece a la intervención en el Comité Científico Internacional Revista Oasis que tuvo lugar en Túnez, entre el 18 y el 21 junio de 2012

 

[1] A modo de ejemplo, en orden cronológico: El País 17/03/12: "Plan Eternidad", de Manuel Rivas. La Vanguardia 18/03/12: "Trabajo fijo celestial", de Pilar Rahola. Público 04/04/12: "11.000 millones para la Iglesia", de Shangay Lily. Público 09/04/12: "El infierno sois vosotros, cristofascistas", de Shangay Lily. El País 04/05/12: "Nuestra Iglesia se está desmoronando", de Juan G. Bedoya. Público 23/05/12: "Congreso Mundial de Familias: el negocio del odio", de Shangay Lily. El País 29/05/12: "Prohibido escupir al cielo", de Juan G. Bedoya. El Mundo 29/05/12: "Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", de Darío Prieto. El País 02/06/12. "Rezando contra el IBI", de Gabriela Cañas. El País 03/06/12: "La blasfemia ya no es lo que era", de Juan Cruz.

[2] En passant, las acusaciones carecen de fundamento, tanto en lo que se refiere a la cuestión fiscal en un sentido técnico, como respecto a la efectiva capacidad de las asociaciones católicas para sostener a una gran parte de la población en esta coyuntura de emergencia social. No podemos entrar en este debate específico, que excede el objetivo que nos hemos propuesto. Sobre los datos precisos de la exención, véanse los artículos bien documentados de Isidro Catela Marcos: El Mundo 25/05/12: "Deus ibi est" y Alfa y Omega 31/05/12: "Para solidaridad: la Iglesia". También los comentarios favorables a Cáritas publicados en prensa: La Vanguardia 15/12/11: "Cáritas denuncia el retroceso del Estado del Bienestar tras atender a un 5% más de pobres que en 2010". La Vanguardia 15/12/11: "La alarma de Cáritas". La Razón 16/02/12: "Cáritas atendió a 1,1 millones de personas gracias a los fondos del IRPF". ABC 27/04/12: "Cáritas contra la crisis". ABC 24/05/12: "El 'secreto' de Cáritas para conseguir empleos", de M. Arriazabalaga. El País 26/05/12: "Ceremonias de confusión por el fisco episcopal", de Juan G. Bedoya. La Razón 04/06/12: "Las ONG de la Iglesia reciben tres veces menos en ayudas que las del PSOE", de E. Montalbán. Incluso un insidioso editorial de El País, que pone en el punto de mira a la jerarquía de la Iglesia católica, no puede dejar de reconocer "la tarea asistencial" de Cáritas actualmente "sometida a dura prueba" en las gravísimas condiciones de esta crisis. El País 23/05/12: "Cáritas merece mejor trato".

[3] Antoni Puigverd, "La fuerza de la ternura": La Vanguardia 05/12/11.

[4] Antoni Puigverd, "Solos, bajo la lluvia ácida": La Vanguardia 21/05/12.

[5] Salvador Sostres, "Los panes y los peces": El Mundo 22/05/12. También en El Mundo un destacado columnista, David Gistau, ironiza sobre la incapacidad de la izquierda española para medirse con la cuestión religiosa, como se demuestra una vez más en la campaña orquestada sobre la exención del IBI: "El Cerro": El Mundo 29/05/12.

[6] José María Marco, "El ejemplo de la Iglesia": La Razón 31/05/12.

[7] "Para el cristiano, la historia universal es algo más elvado, en cuanto historia de Cristo o ‘del hombre'; para el egoísta sólo la propia historia tiene valor, porque él quiere desarrollarse sólo a sí mismo, no la idea de la humanidad, no el plan de Dios, no las intenciones de la providencia, no la libertad o similar. Él no se considera un instrumento de la idea o un receptáculo de Dios, no reconoce misión alguna, no se imagina su existencia en el mundo para contribuir, con su óbolo obligado, al progreso de la humanidad, sino que vive su vida hasta el fondo, sin preocuparse de si en su comportamiento la humanidad encontrará o no beneficio": M. Stirner, L'Unico e la sua proprietà, Adelphi, Milán 1979, p. 380.

[8] Discurso del Santo Padre Benedicto XVI. Teatro de la Scala de Milán, 01/06/12.

[9] Aurelius Augustinus, Sermo de Pace et Caritate 358, 1.

[10] Para una presentación más articulada de la relación entre fe cristiana y moralidad compartida por todos, véase A. Scola, Buone ragioni per la vita in comune, Mondadori, Milán 2010. 18-34.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  5 votos
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En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

En una situación de crisis se ve concretamente el amor de Dios

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

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