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11 DICIEMBRE 2016
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Convención demócrata: Can We?

Clara de Haro, Washington

Charlotte 2012. Cuatro años más tarde. Obama pide de nuevo el voto en la Convención celebrada esta semana, a dos meses de las elecciones presidenciales. El escenario que se presenta no puede estar más lejos del prometedor "Yes, we can" del 2008. Los datos reflejan que la gran potencia económica todavía no ha salido de la crisis. Desde el comienzo de la recesión la tasa de crecimiento no ha superado el dos por ciento y la tasa de desempleo no disminuye. El último dato de julio refleja que de hecho ha aumentado, se sitúa en un 8,3 por ciento. Quedan dos meses para las elecciones y la diferencia entre los candidatos se ha reducido considerablemente. Ha sido la elección de Ryan como segundo de Romney y la preocupación de los estadounidenses por la situación económica las que han acortado las distancias. Charlotte esta semana se ha convertido en el punto de mira. Los demócratas buscaban el éxito del 2008 y la opinión pública comparaba lo sucedido con lo ocurrido hace ocho años. ¿Cuál ha sido el resultado?

Dada la pequeña diferencia entre los candidatos, la convención se ha centrado en atraer los votos de las minorías que en 2008 procuraron a Obama su presidencia: jóvenes, independientes e hispanos. El voto hispano resultó decisivo en 2008 y volverá a serlo en 2012. Los demócratas lo saben, pero también son conscientes de que el cambio en la política migratoria tan prometido por Obama no se ha producido. Necesitan reconquistar el voto hispano y por eso uno de los discursos estrella de la convención ha sido el del senador de origen mexicano Julián Castro. Los jóvenes en 2008 fueron otro elemento clave. Pero en este sector también existe cierto descontento. La razón vuelve a ser económica. Según una encuesta realizada por Generation Opportunit, la tasa de paro entre los que tienen entre 18 y 29 años es del 12,7 por ciento.

Otro momento estrella de la semana, el miércoles por la noche, fue el discurso de Clinton. Fue uno de los momentos más esperados y más vistos de la convención, dada la alta estima con la que cuenta el presidente tanto entre los votantes demócratas como republicanos. Esta estrategia buscaba presentar una cara más centrista del partido que pueda atraer al voto independiente o indeciso. Con una locuacidad envidiada por muchos políticos, Clinton defendió la candidatura de Obama diciendo que cuatro años no son suficientes para cumplir todo lo prometido en 2008.

Finalmente, en la esperada noche del jueves, Obama se dirige de nuevo a los norteamericanos. Discurso lleno de grandes promesas y palabras que ponen la esperanza en la elección de noviembre. Pero ya no estamos en 2008, han pasado cuatro años. Obama nos lo recuerda: "los tiempos han cambiado - y yo también. Ya no soy un candidato, soy el presidente". Efectivamente, tras cuatro años de gobierno los norteamericanos tienen hechos concretos a los que mirar para poder elegir en noviembre, más allá de las pías palabras pronunciadas en grandes discursos. Y el enérgico "yes, we can" se convierte en pregunta. ¿Es acaso la gran promesa de un presidente suficiente para afrontar con esperanza la crisis? Los norteamericanos han experimentado que no. La elección que hagan en noviembre es importante. Pero todavía más el entender que la situación actual exige de la sociedad -"we, the people"- un protagonismo mayor que la elección de un líder político. 

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