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11 DICIEMBRE 2016
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>Subsidiariedad en la iniciativa de la Iglesia frente al problema de los desechos en Mérida, Venezuela

Limpien, limpien mi ciudad

Bernardo Moncada Cárdenas

Citando al Padre Zambrano, "hemos querido ser parte de la solución de un grave problema. ...La iniciativa nace de ver una verdad que afecta a Mérida. Producto de un encuentro con Dios. En un sueño después de la Asamblea de Sanación [el Padre es conocido por su carisma de curación y los populosos encuentros de oración que dirige], escuché claramente la voz que me ordenaba ‘Limpien, limpien mi ciudad, limpien ese basurero'...". Este año además Zambrano es el responsable diocesano de Cáritas; este gesto, al que se han unido tantos, fue apoyado por el Arzobispo y es cónsono con la tarea que la Iglesia le ha encomendado.

El padre Reinaldo no vaciló en unirse al conocer la iniciativa. Automóviles particulares, camiones, gandolas, se han movilizado voluntariamente conformando una fuerza que realizó lo aparentemente imposible. "Agradecidos por el bien que el Señor realiza a través de nosotros" -explica el Padre Reinaldo- "servimos en función de hacer el bien. Es el bien común y no el reconocimiento lo que nos mueve. No es la única iniciativa que hacemos obedeciendo al principio del Bien Común de la Doctrina Social de la Iglesia".

Más de siete camiones de basura fueron retirados en un día del importante Hospital Universitario de Los Andes, y otro tanto del Hospital Seguro Social. Ello da idea de la magnitud del problema de salud pública existente. Aún se sigue trabajando. Aunque algunas entidades y funcionarios has salido a ayudar, se ha intentado deformar el interés del gesto acusándolos de politizadores y ansiosos de poder. Ha habido sabotaje impidiendo a los camioneros salir de Mucuchíes a Mérida, se ha amenazado a los sacerdotes, les lanzaron las conocidas bandas de motorizados pro-gobierno - dice Carlos: "Era de esperarse. El mal ataca, pero el bien vence al mal. No tuvimos el apoyo que pedimos a las Fuerzas Policiales pero Dios, a través de la gente, nos defendió".

Los eclesiásticos emitieron juicios serios y certeros sobre la actitud de los políticos que, habiendo sido elegidos para responsabilidades públicas, olvidan el pueblo al que se deben. "¡Enfóquense en el bien común! Actúan como indiferentes, simples asalariados, porque no son trabajadores, eso no se llama trabajar, ocupar una silla y devengar un sueldo sin resolver problemas... Es Triste el mal uso de las responsabilidades de gobierno en vana lucha por el poder. Los políticos deberían ganar votos con su trabajo, con sus resultados. Invitamos a todos a sumarse a este gesto, funcionarios y candidatos. Los votos se recogen trabajando, no manipulando la voluntad de la gente. Demostramos que se puede actuar, en nombre del Dueño de Todas las Cosas". El bien que pide Cristo -recalcan- no es sólo bien espiritual: "Así como ayudamos a limpiar el alma, el espíritu, como hormiguitas vamos a seguir esta limpieza de la ciudad mientras la emergencia dure. La basura es como el hambre... siempre vuelve a aparecer después de calmada". Destaco la respuesta a la adhesión de algunos pastores protestantes. "Queridos hermanos, no hay alma pura en el cuerpo enfermo... Súmense todos. Ésta es también una manera de alabar a Dios".

Y como Dios nunca permite un aprieto que no nos interpele, haciéndonos cuestionar nuestro modo de vida, tengo la certeza de que en toda esta situación y su inédita respuesta hay un llamado. No está de más recordar que nuestra crisis local se encuentra, por razones muy diferentes, en otras partes del mundo. Cito el artículo de Giorgio Vittadini en la revista Huellas ("Si las ciudades no se salvan desde abajo..." N.4, 2012): "Ya no hay más dinero. Los progresivos recortes del gasto público y las transferencias de competencias que antes asumía el Estado, hacen que los ayuntamientos ya no puedan responder como antes a las necesidades de la gente. Por otra parte, las empresas privadas no intervienen, ni quieren hacerlo, en la gestión de servicios que no aseguran dividendos para sus accionistas. La consecuencia inevitable es la que revelan los ciudadanos entrevistados para el Sexto Informe sobre la Subsidiariedad en Italia, titulado ‘Subsidiariedad y ciudad habitable".

En doce ciudades con más de 250.000 habitantes entrevistados, se registra una insatisfacción sustancial respecto a los servicios erogados por las administraciones de los ayuntamientos. Se vive cada vez peor y se corre el riesgo del deterioro de la calidad de vida cotidiana en una Italia que, a pesar de tanta retórica negativa, es de hecho envidiada por el resto del mundo. ¿No hay remedio pues a esta decadencia progresiva? El Informe muestra una posible vía de salida que, de ser seguida, supondría una verdadera revolución cultural.

¿A qué se refiere? El principio de Subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia, tan poco conocido en una modernidad que reivindica hipócritamente la autonomía de individuo mientras impone un Estado cada vez más hipertrófico e invasivo, defiende la competencia de la persona y los colectivos en la solución de los propios problemas, salvo en asuntos que requieren claramente organismos de grandes recursos y extraordinaria capacidad técnica. Lo que los sacerdotes han mostrado en estas semanas es precisamente eso. El llamado resultante, sin embargo, no es solamente el que hacen a una mayor eficiencia de los funcionarios, a un mayor compromiso de ellos con el bien del pueblo, sino a un nuevo enfoque del servicio público que estimule mayor conciencia del ciudadano respecto a los problemas que esta beneficiosa convivencia, la ciudad, implica.

Proyectando un desarrollo en zona suburbana que -en las mejores circunstancias- no ha disfrutado del servicio de Aseo Urbano, entusiasmamos al Consejo Vecinal con la posibilidad de organizar un sistema de recolección, con apoyo de la Universidad y otras entidades como Unidades Educativas y autoridades locales. Habría que adquirir unidades medianas con tracción en cuatro ruedas que transportaran desechos clasificados a centros de acopio, construyendo localmente "composteras" que permitan cierto aprovechamiento del desecho orgánico. Un sistema que eduque al ciudadano y descargue la opresiva carga que municipalidad y comunidad se imponen mutuamente.

Termino con otra cita de Vittadini en el artículo mencionado: "es necesario que estas iniciativas se difundan como una mancha de aceite. Para que esto suceda es preciso recobrar el deseo de bien que las origina y educarse en ello. Al mismo tiempo, hace falta corregir la tendencia actual, tanto de derechas como de izquierdas, a un nuevo estatalismo de las entidades locales, para que entiendan que un euro gastado para sostener estas realidades sociales se multiplica al igual que el talento de evangélica memoria en manos del siervo industrioso. ¿Hay esperanzas de que los políticos, ciertos periodistas y ciertos estudiosos descubran que de lo contrario el rey (y el pueblo) queda desnudo?". Un desafío más educacional y comunicacional que funcional o financiero, y que renovaría radicalmente las políticas prometidas por nuestros candidatos de todas las parcialidades políticas.

Bernardo Moncada Cárdenas es arquitecto y presidente de la Fundación Civil Universitrama

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