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2 DICIEMBRE 2016
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La voluntad soberana en las últimas elecciones

José Andrés Gallego

No es fácil añadir cosa alguna que valga la pena sobre los resultados de las últimas elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca. Todo lo que uno puede decir (porque le parece importante) se ha dicho ya y, sin embargo, es inútil. Uno es historiador y ejerce, por lo tanto, la profesión de recordar lo que es histórico. Y el apoyo histórico del nacionalismo vasco y del catalanismo es -en gran parte- una gigantesca tergiversación de lo que ocurrió realmente. Con decirles que la reforma fiscal impuesta a los catalanes en 1714 por Felipe V es la que hizo posible la formación de Cataluña como emporio industrial y motor económico de España durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, es más que suficiente. Y, si añadimos que los guipuzcoanos hablaban de sí mismos como de "la Provincia" de Castilla por antonomasia en la misma época, pueden comenzar a desenredar lo que, en realidad, es un sainete. Sólo que dramático.

Es inútil intentarlo. Además, tendría uno que decir que el concepto maligno -a mi entender- en los dos casos es el mismo que se emplea en el resto de España: el de "nación soberana"; un invento del absolutismo francés del siglo XVII que hicieron suyo los revolucionarios franceses de 1789 -guste o no descubrir ese origen absolutista (y reconocerlo)- y, en consecuencia, se confundió con la "libertad" del "pueblo" y se apresuraron a apropiárselo los reunidos en Cádiz entre 1810 y 1813. Un disparate que ignoró que lo que planteaban como revolución política saludable metía, de matute, una revolución léxica de enormes consecuencias. Hasta el siglo XVIII, en España, nadie tenía problema para reconocer y afirmar que, de la "nación española", formaban parte la "nación vascongada", la "nación catalana", la "nación andaluza", la mallorquina, la Navarra, la castellana, la aragonesa etcétera etcétera. Por "nación" se entendía la comunidad formada por parentesco (paternofilial, físico incluso) y el parentesco admite grados. La monarquía española no equivalía a la "nación española" tampoco. La "nación indiana del Perú" (como ellos se decían, los indígenas) nunca se consideró ni fue considerada "nación española" hasta el disparate de Cádiz. Y los "reinos de Indias" estaban llenos de "naciones" indígenas, que se reconocían como tales y no eran soberanas.

Pero es inútil demostrar que fue así. Lo de ahora consiste en negar que la historia sea ésa, y no porque comprueben que no ocurría de ese modo, sino por la voluntad de que no sea esa la historia. ¿Asombroso? No: es la "voluntad del poderío" que definió Nietzsche, o sea puro nihilismo (en su origen). Digo en su origen porque no tengo duda de que muchos nacionalistas (incluidos los españoles) no son nihilistas. Pero han hecho lo mismo que sus ancestros: se han comido un caramelo envenenado. En este caso, el concepto de "identidad" basado en Nietzsche (que repudiaba la mera idea de "identidad"). Se trata de un fenómeno asombroso realmente: la socialización del nihilismo. Reducido Nietzsche a exposición telegráfica: (i) todo nace de la pura subjetividad, (ii) hasta el propio sujeto; (iii) la primera creación de la pura subjetividad es el "yo"; (iv) no hay identidad que valga; no hay "otro"; (v) el "otro" lo crea mi "yo", que ha sido creado por la pura subjetividad; (vi) pero hete aquí que, como eso no tiene ni pies ni cabeza, hay "otros" que me entienden y (vii) me uno a ellos; (viii) son los que comparten mi modo de ser y de pensar, o sea mi "identidad": por ejemplo, Ultrasur.

Gustará o no, pero la etiología del fenómeno es exactamente la misma que la de los "Ultrasur" del Real Madrid. Y no es broma ni insulto. Es dramáticamente igual. Haría falta que los hombres de buena voluntad (españoles, catalanes y quienes quieren llamarse con el galicismo "vascos"...) reflexionaran y se dijeran si esto de hoy tiene que ver con la dinámica que debe regir prioritariamente todas las relaciones humanas (las de la "familia humana", o "la nación humana", si prefieren): la dinámica entre solidaridad y subsidiariedad. En momentos críticos como los de hoy, cuando urge resolver las necesidades perentorias de millones de familias sin ingresos -conjugando solidaridad y subsidiariedad-, aprovechamos para defender nuestra "identidad"... y a lo "Ultrasur" si hace falta.

No digo que uno no sea de este mundo. Pero les aseguro que no querría serlo.

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