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9 DICIEMBRE 2016
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Fin

Juan Orellana

El principal problema de Fin está en su guión, en el que demasiadas cosas quedan sin resolver, o no tienen justificación argumental. Además, en una cinta apocalíptica la hondura antropológica de los conflictos es especialmente importante, una hondura que aquí se echa claramente de menos. Por otra parte se trata de un apocalipsis que nada tiene que ver con el que el evangelista describió en la isla de Patmos: Torregrossa, aunque no nos describe un cataclismo natural, sino algo claramente sobrenatural, no hay en él asomo de verdadera trascendencia. Las cosas suceden "porque sí". En ese sentido es coherente la declaración de Eva: "Todo es muy sencillo, naces, vives, te mueres, y de ti no queda ni rastro". Por eso, aunque el personaje de Maribel se arrodilla en una Iglesia para rezar por sus hijas, el conjunto es bastante nihilista, y desesperanzado a pesar de su tramposo final abierto.

Pero hay más que decir. Cuando se afronta una cinta de ciencia ficción, el guión debe cuidar mínimamente aquellos aspectos relativos a la física o a la ciencia que van a dotar al argumento de cierta verosimilitud. En ese sentido, esta cinta está plagada de errores de bulto que le perjudican. Por ejemplo, el primer síntoma apocalíptico que descubre Félix en una noche estrellada es que ha desaparecido Sirio del firmamento. Pero el 10 de agosto, a las 12 de la noche, en España no se puede ver Sirio. ¿No podían haber elegido cualquier otra estrella de verano? Además, si desapareciera de golpe una estrella de ese calibre, la reacción de Félix debería ser de absoluta alteración o pánico, y no de hilaridad como vemos en el film. Otro detalle, si ya no funciona nada eléctrico, ¿cómo es posible que Félix y Eva naveguen procelosamente en un barco sin motor que lleva todas las velas plegadas? Por otra parte es imposible ver la lluvia de estrellas en una noche de luna llena, y el director nos muestra claramente esa luna que justificaría el truco de la noche americana con la que está rodada la escena.

A estas torpezas de guión se añaden otras como la presencia de un extraño personaje en lo alto de un monte sobre el que nunca se nos da una explicación. Pero los defectos se extienden a la realización técnica del film. Por ejemplo, ¿cómo es posible que en una noche despejada y calurosa de agosto en España, pase de estar estrellada a nublada en un cambio de plano? Por otra parte, la realización digital de los cielos nocturnos es muy deficiente, impropia de los tiempos tecnológicos que corren.

Todo esto no quiere decir que la película no tenga momentos brillantes, y hallazgos visuales; o que actores como Maribel Verdú, Clara Lago o Daniel Grao no hagan un gran trabajo. Pero precisamente por eso, es una pena que el descuido de elementos muy fáciles de mejorar, lastren una película hacia un puesto muy inferior del que merecería.

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