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6 DICIEMBRE 2016
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Ahora, un cambio de la Constitución

Muchos no le han perdonado que, ante la incapacidad de gobernar en una situación de durísima crisis, optara por lanzarse tras la independencia. Los votantes del nacionalismo moderado le han castigado por haber abandonado lo que hasta ahora era una tradición en amplios sectores de la burguesía catalana: reivindicaciones hacia Madrid todas, pero ningún experimento. Ha sido decisiva sin duda la postura de la Comisión Europea que ha repetido hasta la saciedad que una Cataluña fuera de España era una Cataluña fuera de Europa. Pero el nacionalismo moderado también se ha desangrado por los que han preferido el original a la copia. ERC, la formación que representa la posición más radical, ha mejorado hasta los 21 diputados. Primera conclusión: Artur Mas si fuera coherente debería dimitir. Pero CiU puede intentar gobernar con el apoyo de ERC, suman mayoría absoluta. Puede seguir adelante con su locura independentista. Eso sería un suicidio para Cataluña y para la propia CiU.

En los comicios de ayer era importante saber cómo acababa CiU pero también era decisivo conocer cuál era la segunda fuerza. Por desgracia ha sido Esquerra y no los socialistas. El PSC sufre un importante castigo, aunque no se desploma como pronosticaban las encuestas. Una parte de sus votantes, que se sienten calanes españoles, seguramente han apoyado a Ciudadanos, el pequeño partido laicista que reivindica una Cataluña española. También en este caso los electores habrían preferido el original a la copia. Mejor votar a Ciudadanos que al PSC que ha coqueteado con el nacionalismo. El PP mejora pero sin sorpresas.

Estas elecciones muestran una Cataluña políticamente muy atomizada y socialmente dividida casi por mitad entre los que son partidarios de seguir en España y los que quieren alguna forma de descuelgue, con tendencia a que estos últimos sean la mayoría. Una situación de este tipo requiere propuestas políticas y fiscales imaginativas. Está claro que el marco de la Constitución está superado y que si se quiere resolver de algún modo la situación es necesario proponer marcos institucionales nuevos. Es una tarea que tiene por delante el Gobierno del PP. ¿Por qué no aceptar el federalismo? ¿Por qué no proporcionar "rasgos diferenciales"?

Precisamente por el mosaico social y político que es Cataluña en este momento todos tienen la obligación de "narrarse", de explicar cuál es su posición, buscando el diálogo. Los católicos, por otra parte, tendrán que tomar muy buena nota de los resultados. Porque las opciones políticas más cercanas al cristianismo, tanto entre independentistas, como entre las no independentistas, son las que están en franco retroceso. Cataluña es una de las regiones de Europa más secularizadas y eso se nota cuando se vota. Hay que abandonar cualquier sueño de hegemonía y reconocer, con realismo, que la tarea de la evangelización, por más que la historia sea gloriosa, es necesaria empezarla desde cero. Y para eso sería muy necesario alejarse del poder. 

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