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4 DICIEMBRE 2016
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Durán, como el novio que tuve

Carmen Mira

Pues que digo yo que a Durán le pasa como al novio aquel que tuve. Que yo no digo nada de su virilidad, que aquí todo se entiende enseguida muy mal. Que aquel era muy hombre y este también. Durán no es guapo pero sí es elegante. Y confieso que en las últimas semanas pues que me ha tenido encendida, de ilusión se entiende. Porque yo creía que lo tenía todo preparado. Que los primeros días después de las elecciones salía con Artur Mas en las ruedas de prensa sin decir una palabra más alta que otra. Y pensaba yo, pero mira qué listo, que no se precipita. Que va a dejarle al president cocerse un poco más en la derrota y luego le va a pegar el empujón. Que la gente de Uniò, los 13 diputados no van a aceptar que pacte con Esquerra porque ellos no están por la independencia. Y que luego, cuando a los pocos días le oí decir aquello de que no estaba por el referéndum y la secesión, me dije, míralo, ya está arrancándose. Luego fue y dijo que había interpretado mal la manifestación del 11 de septiembre y que no todos los que estaban allí querían un país propio. Y la cosa siguió cuando reconoció que habían dejado huérfanos a muchos catalanes que no son independentistas. A punto de caramelo. Y para dejarlo más claro añadió que lo importante era gobernar día a día y no el referéndum, que aquello fue como darle una patada a ERC.

Pero como a mi novio, cuando la cosa estaba más dulce, la madre, que en esta caso es la Cataluña nacionalista e independentista, le ha llamado al orden y todo se ha acabado. Ni Duran va a empujar a Artur Mas a la dimisión ni va a llevarse sus 13 diputados. Va a quedarse callado viendo como ERC acaba con lo que quedaba de sentido común en el nacionalismo catalán. Lo de Wert le ha servido como buena excusa para volver a los brazos de su madre celosa. Es como cuando estuvo a punto de ser ministro de Exteriores con Aznar. Si será verdad que la cosa no tiene arreglo. No hay mayor despecho que el que te dejan los hombres zalameros, los que juegan con una. De todo se aprende aunque sea de mala manera, dejándote los jirones del gusto por las trochas de la vida. 

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