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2 DICIEMBRE 2016
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>Desde el escaño

Los Girondinos y la secesión de Cataluña

Eugenio Nasarre

En los sucesivos debates en aquellos frenéticos meses de la Convención su táctica era intentar ganar tiempo y frenar las propuestas más estridentes de los exaltados de La Montaña. Pero iban siempre a remolque de los jacobinos. Pronunciaron brillantes discursos contra los excesos y la radicalización de la Revolución, pero fueron incapaces de formular una alternativa al camino que conducía a Francia a la dictadura del Terror y al desastre. Hasta que empezaron a ser acusados del pecado peor en esos procesos históricos: de traición a la revolución misma, a lo que ellos siempre protestaron. La revolución exige fidelidad plena a quienes son sus intérpretes genuinos: los que la lideran. El tibio siempre acaba bajo sospecha. El trágico final de los girondinos ya lo sabemos y no es necesario recordarlo.

¿Hay "girondinos" en el proceso de secesión de Cataluña? ¿Quiénes son? ¿Cuál puede ser su suerte? El fracaso electoral de Mas el 15 de noviembre ha provocado un panorama político en Cataluña sobre el que podemos extraer las lecciones de la historia.

En el debate de investidura de Mas ya ha emergido con claridad quién es el intérprete genuino del proceso secesionista: el líder de Esquerra, Junqueras. El es quien va a marcar la ruta, quien va a fijar los objetivos temporales, quien va a poder acusar quiénes son leales o no a la "construcción nacional". No es necesario para ello gozar de una mayoría parlamentaria. Basta ser una minoría con los objetivos claros, mientras dure el proceso que se ha iniciado. Los bolcheviques fueron una minoría y los jacobinos también lo fueron. Mas, al embarcarse con Esquerra, se ha convertido en un mero administrador del proceso de secesión, no en su líder. No tiene la legitimidad para ello.

El liderazgo de Esquerra será inevitable a medida que el camino de la secesión vaya avanzando con la creación de "estructuras de estado", como ha proclamado Mas en su investidura. Y exigirá crecientes y cada vez más exigentes adhesiones, que se alimentarán en un clima de exaltación nacionalista. Las dificultades y los sacrificios con los que vivirá la sociedad catalana serán explicados en clave nacionalista: el enemigo exterior (Madrid) será siempre el culpable. La disyuntiva para la sociedad catalana será o el seguimiento activo, cada vez más exaltado, de la "construcción nacional" o el retraimiento. En este tipo de procesos las posiciones moderadas quedan por definición barridas y marginadas.

Duran Lleida y Unió se enfrentan a una opción decisiva para su propia existencia: o convertirse en los girondinos del proceso de secesión o apartarse claramente de ella. Los resultados electorales del 15 de noviembre deberían hacer reflexionar a la cúpula de Unio. Podemos estimar que quienes han abrazado una posición independentista no supera el tercio del conjunto del censo electoral de Cataluña. Y más de la mitad de los catalanes se siguen sintiendo a la vez "españoles y catalanes". Hay mucha perplejidad e incertidumbre en buena parte de la sociedad catalana. Todavía se está a tiempo para no dejarse arrastrar por el proceso de secesión en marcha. Creer que la única estrategia posible es "moderar" el camino de la independencia constituye un mayúsculo error. Duran Lleida y el partido que lidera serían, en tal caso, unos nuevos girondinos. No les quedaría otro papel.

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