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11 DICIEMBRE 2016
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España no es un país (especialmente) corrupto

Fernando de Haro

No lo es que el tesorero de un partido de Gobierno gane millonadas y se las lleve del país. Fue un error mantenerlo en el cargo y fue otra equivocación no haber detectado antes el tipo de vida que llevaba. Seguramente cuando todo acabe no se certificará un caso de financiación ilegal sino la torpeza de un partido que no se entera de que unos cuantos chorizos, que están muy arriba, se lo llevan crudo. O no, ya veremos. En cualquier caso ahora el PP no puede salir diciendo que este señor ya no es militante suyo. Tiene graves responsabilidades.

Tampoco es de recibo que Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, diga ahora que el apartamento de lujo que tenía alquilado en la Costa del Sol a una sociedad con sede en un paraíso fiscal es ahora suyo porque se lo ha comprado con 700.000 euros que su mujer recibió de un despido. En el mejor de los casos, el presidente de la Comunidad de Madrid ha conseguido un precio muy barato primero para alquilar y luego para comprar, a través de sociedades fiscalmente muy poco ejemplares, un ático para ricos. No es lo mismo que tener 22 millones en Suiza. Pero no es una conducta ejemplar. No se entiende por tanto que Esperanza Aguirre, tan fina para estas cosas, haya defendido a González.

Lo de CiU tampoco es admisible. En el caso Pallerols, Uniò ha admitido directamente la financiación ilegal. Y ya veremos cómo acaba la investigación que también se sigue en la Audiencia Nacional contra la trama de las ITV y los posibles tráficos de influencias que protagonizaron los Pujol. Lo de Cataluña es un capítulo aparte.

Pero dicho todo eso, y muchos otros casos que se podrían añadir, no se puede concluir que España sea un país especialmente corrupto. En términos generales, en España no hay una clase política irreversible y monstruosamente salpicada por las malas prácticas. El Barómetro del CIS y otras encuestas reflejan que los españoles estamos muy preocupados por la corrupción. Es lógico que cuando hacemos grandes sacrificios cada euro no ganado honradamente nos duela. Pero es desproporcionado pensar que existe un "riesgo sistémico" en nuestras instituciones. Esta percepción quizá tenga mucho que ver con el papel que juegan determinados medios de comunicación.

Tomemos el Índice Percepción de la Corrupción 2012 de Transparency International, que se ha convertido en la gran referencia para estas cosas. Habría mucho que hablar sobre cómo se elabora este índice. Se ordenan 157 países según tengan más o menos corrupción. El resultado es que España ocupa el puesto 30, hay 29 países menos corruptos que el nuestro. No es un buen dato para un país de la Unión Europea que tiene la novena economía del mundo. Pero en el G-20 y en el Viejo Continente hay países más corruptos si damos por bueno este índice.

Sin duda es necesaria la regeneración. Y luchar contra la corrupción. Pero la regeneración o la moralidad, en política, fundamentalmente se consigue vinculando a los partidos con la vida social, con la vida de la gente. Y hay un modo de hablar y de criticar la corrupción que, irresponsablemente, separa a la gente de los partidos y de la vida democrática. Parece que algunos están interesados en que este foso se agrande. Utilizan el descontento.

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