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20 SEPTIEMBRE 2017
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>Corrupción

"Es peligroso un estado de opinión contra la política"

Cristian Serrano

¿Cree que está justificada la preocupación de los españoles por la corrupción o hay una "exageración mediática" del fenómeno?

La preocupación de la opinión pública por la corrupción está muy justificada por varios motivos. El primero es que España es un país en el que los niveles de corrupción son destacables, no tan elevados como en otros países europeos (por ejemplo, Grecia o Italia), pero en ningún caso bajos. Además, la corrupción se ha extendido sobre todo tipo de formaciones políticas, en especial en el ámbito de las Administraciones Locales y Autonómicas, aunque recientemente ha llegado también al nivel gubernamental del Estado (como en el caso del ex ministro Blanco).

Por otra parte, la corrupción afecta negativamente a la economía. Distorsiona la asignación de recursos, crea buscadores de rentas que acaban despilfarrando el capital y genera una economía ineficiente. Esto, en la actual situación de crisis es especialmente negativo para todos los españoles.

Y, finalmente, aunque no menos importante, hay un aspecto moral que debe destacarse. La corrupción destruye los fundamentos de la ciudadanía y de la solidaridad entre las personas, crea privilegios inmerecidos e incentiva las conductas delictivas y lesivas para el conjunto de la sociedad.

Las noticias de corrupción generan descalificaciones genéricas sobre la política, los partidos y las instituciones. ¿Es peligroso un estado de opinión "antipolítico"?

Es comprensible que la corrupción en el ámbito político conduzca a muchas personas a descalificar, de una manera global, a los políticos y a sus actividades. La mayoría de la gente busca en lo políticos un referente confiable para aceptar situaciones (políticas) que no logra entender muy bien. Cuando ese referente se destruye por la corrupción, entonces, esas personas se quedan sin el apoyo que necesitaban para identificarse con el país o la sociedad en la que viven. Es normal que, entonces, se extienda un estado de opinión muy negativo con la política. Y ello es efectivamente peligroso, pues este tipo de estados de opinión constituyen un caldo de cultivo para que emerjan los caudillismos oportunistas que son la antesala del totalitarismo. Este es un riesgo real cuya probabilidad de materializarse es mucho mayor de lo que los gobernantes creen.

Se habla mucho de regeneración moral pero poco de regeneración democrática. ¿Qué puede hacer los partidos a la vida de la gente?

La regeneración democrática exige actitudes y códigos de conducta moral en los que la honradez sea un valor esencial. Pero va más allá de eso. Tiene también un contenido institucional orientado a desincentivar las conductas desviadas y corruptas. Por eso es tan importante, por ejemplo, un sistema electoral en el que sea posible la sanción de los políticos por los ciudadanos (cosa que, en España, solo es posible de una manera muy limitada); o un sistema de incompatibilidades entre el ejercicio de la función pública y el de la política (cosa que, salvo para los jueces, no existe en España); o también unas reglas muy rígidas y unos controles estrictos sobre las decisiones de las Administraciones Públicas.

¿Cuál cree que son los criterios de moralidad para la política?

Los políticos no tienen por qué ser bellísimas personas, filántropos o benefactores de la humanidad. Pero ello no quita para que sean exigibles en ellos dos reglas de conducta esenciales: una es la honradez, de manera que rehúsen cualquier posibilidad de saltarse las normas de actuación establecidas y, por supuesto, de lucrarse con el ejercicio de sus cargos públicos; y la otra es la veracidad, de manera que su palabra sea confiable para todos. Lamentablemente, en España la veracidad brilla por su ausencia en un porcentaje muy amplio de políticos; y parece que los ciudadanos aceptan que se mienta en la política. En cambio, hay mucha más honradez de lo que parece a la vista de los casos de corrupción; pero, en este caso, en los partidos políticos existe demasiada permisividad. Todo esto hay que corregirlo.

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