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3 DICIEMBRE 2016
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'El Papa con su renuncia ha querido mostrar que Dios está presente en la historia'

Fernando de Haro

Entrevista a Javier Prades, rector de la Universidad de San Dámaso.

¿Qué significa la renuncia de Benedicto XVI  para la vida de la Iglesia?

Todos lo hemos percibido como algo excepcional, como un hecho que tendremos que comprender en el tiempo, que va a mostrarnos muchas implicaciones, pero que debemos comenzar a valorar precisamente a partir del momento justo en que hemos recibido esta noticia. Ahí es donde se puede reconocer más fácilmente el valor inicial del gesto que ha hecho el Papa. Todos, cuando hemos oído esta noticia, podríamos decir dónde estábamos, con quién estábamos y cómo nos hemos quedado: inevitablemente parados, llenos de una pregunta y llenos de un cierto silencio. Nos hemos preguntado: ¿pero cómo es este hombre, de qué vive este hombre para poder hacer un gesto que ninguno hubiera esperado? Lo primero es respetar esa primera experiencia que todos hemos tenido de sorpresa, de admiración, de pregunta, porque aquí se encierra, creo yo, una de las claves de la figura y del pontificado de Benedicto XVI.

¿Qué tipo de personalidad es la de Benedicto XVI, qué le lleva a tomar una decisión de este tipo?

El tópico es que es un intelectual, un profesor, como se ha repetido hasta la saciedad en los periódicos estos días. Y no es que sea falso. Yo subrayo otra cosa que me impresiona desde hace años en la figura de Ratzinger/Benedicto XVI y que creo que este acto de renuncia confirma. Y es que Benedicto XVI es un testigo, un testigo de Otro. Lo que el Papa hizo el lunes nos ha abierto a todos la pregunta sobre Dios, sobre su relación con Dios. En el gesto que él ha hecho ha conseguido atraer la atención del mundo entero. Más que si  hubiese organizado una campaña de comunicación. El puro hecho de decir la verdad de que él está en relación libre con Dios, de que delante de Dios y por la gracia de Dios hace este gesto, ha dado la vuelta al mundo. Ha conseguido el respeto, como mínimo el respeto y el reconocimiento, de hombres de todas las religiones y de todas las culturas y nos ha puesto a todos, a cada uno de nosotros, delante de nuestra propia relación con Dios. A esto lo llamo ser testigo. Pues bien, Benedicto XVI ha sido durante toda su vida, como teólogo, como cardenal, como Prefecto de la Congregación de la Fe y ciertamente como Papa, un testigo de la realidad de Dios en el mundo.

Todo su  pontificado tendremos que comprenderlo con este último gesto, ¿qué nos dice esta renuncia de todo el pontificado?  

La renuncia, efectivamente, nos da una clave, aunque no sea la única. Pero creo que este acto da testimonio de fe en Jesucristo. Esta fe testimoniada, viva y presente nos ayuda a comprender el modo no político, no calculador, con el cual Benedicto XVI, desde el primer momento hasta el último, ha ejercido el ministerio de Pedro. Podemos custodiar esta clave: el Papa, exponiéndose en primera persona, arriesgando en primera persona, nos ha hecho reconocer la verdad del Evangelio, nos ha hecho contemporáneos al Evangelio. El otro día nos quedamos perplejos, sorprendidos, admirados. Creo que no exagero si digo que nos ha sucedido, con las debidas distinciones, lo que a muchos de los contemporáneos cuando veían a Jesús obrar, que se preguntaban: ¿pero quién es este hombre?, ¿por qué hace esto?, ¿de dónde le viene esta palabra y este gesto?

El Papa ha prestado el mayor servicio que se puede prestar a la fe, a mi modo de ver, cuando nos ha ayudado a reconocer que Cristo sigue siendo contemporáneo, que está en el hoy de la historia y no en libros cubiertos del polvo del recuerdo de hace más de dos mil años.  Nos hemos quedado sin palabras, y en seguida hemos tenido que corregir nuestros esquemas mentales, y hemos tenido que poner en marcha nuestra respuesta personal al hecho. Es lo que les pasaba a los que habían visto a Jesús, o los que habían visto después a los apóstoles, los que se encontraron  ante la predicación de san Pablo o de san Pedro, o de los grandes testigos de la tradición cristiana, que te rompen tu esquema mundano y te obligan a preguntarte: ¿pero entonces quién es Dios que es tan real, tan poderoso?

Pues bien, yo creo que esta clave nos permite comprender sus grandes gestos de diálogo con la humanidad, la serie de sus discursos con los que  ha buscado exponer la fe cristiana sin reducirla un centímetro, testimoniándola ante todos, como factor de diálogo con el mundo de la política -con el mundo específicamente parlamentario en distintos lugares- con el mundo académico, con el gran mundo de la cultura y del pensamiento en la Europa secularizada. Lo mismo podríamos decir de sus encuentros con el judaísmo y con el islam, sus diálogos personales, que no ha interrumpido siendo Papa. Ha tenido una libertad admirable que nace de aquí.

Usted dice que afirmar que Cristo es contemporáneo explica esta renuncia, ¿por qué? ¿Qué relación hay entre una cosa y otra?

No olvidemos que estamos en el Año de la fe, que ha propuesto Benedicto XVI  ¿Y qué es la fe? El reconocimiento, por gracia, de la presencia excepcional de Dios en la historia. Esto es lo típicamente cristiano. Nosotros no profesamos la fe simplemente en el sentido de que hay un Dios trascendente, por supuesto, sino que ese Dios trascendente ha entrado en la historia. Este es el escándalo cristiano: los misterios de la Trinidad y de la Encarnación. Este es el corazón del cristianismo. Por lo tanto, si Dios ha entrado en la historia, tiene que poderse reconocer en el presente, hoy. Esta es la fe. Que Cristo está presente en la historia hoy. Que Dios, en Jesucristo y por el Espíritu Santo, está presente en la historia hoy, a través de su cuerpo, que es la Iglesia como sacramento. Luego el camino que ha hecho el Papa, aun antes que explicarlo, o a la vez que lo explicaba, es mostrarnos cómo Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo está en la historia. Creo que este es el servicio de fortalecimiento en la fe y de apoyo a la fe de los hermanos que es una de las características del ministerio de Pedro.

Esta renuncia quiere subrayar es que Dios está presente en la historia.

Desde luego, el Papa así lo ha explicado. Por lo tanto, es parte del gesto esa invitación a  que nosotros lo interpretemos o como lo ha interpretado él o buscando otras interpretaciones. En la prensa de estos días circulan por el mundo entero cientos de interpretaciones, algunas absolutamente peregrinas y carentes de cualquier vínculo con la realidad -pero bueno, cada uno se hace responsable de lo que dice-, y otras simplemente penúltimas, que detectan muchos factores pero que se pierden este factor: nada menos que la interpretación que el propio Papa ha dado del gesto que él ha realizado. Y él nos dice: yo he cumplido este gesto como expresión de mi personalísima y profundísima relación con Dios en el presente. Luego Dios es tan real que permite hacer algo que ha dejado boquiabierto al mundo entero.

*Este texto es un extracto de una entrevista que se emitirá completa el próximo domingo en 13 TV.

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